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Cultura

Moreno de Alba, quien apreció tanto el léxico 'culichi'

CULIACÁN
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Por: Rocío Reynaga

El doctor en lingüística, José G. Moreno de Alba, el máximo estudioso del español en México y quizá en el mundo, que falleció el 2 de agosto del año pasado, vino por última vez a Culiacán en 2010 a una ceremonia especial en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAS. En su visita a la ciudad no desaprovechó para encontrarse con los amigos y colegas, ni dejó a un lado la posibilidad de deleitarse con los manjares que sólo en esta región encuentra; tampoco dejó de escuchar con atención el léxico y el acento culichi, a los cuales tanto aprecio les tenía.

Moreno de Alba, de "sangre liviana". Quien fuera un experto en el idioma español, considerado como uno de los lingüistas que más contribuyó al estudio de dicha lengua, murió el año pasado a los 72 años, víctima de cáncer. Quienes desde un inicio se enteraron que padecía este mal, lamentaron la noticia; cómo alguien tan bondadoso con cáncer; alguien siempre de tan buen humor, siempre tan atento y amable con sus alumnos, incluso con sus exalumnos; todo el tiempo con una sonrisa saludaba a quienes se le acercaban. Una culta y finísima persona que nunca perdió el piso, pues la modestia era una de las cualidades que lo caracterizaban, a diferencia de muchos otros intelectuales que se distinguen por la arrogancia, él no, él era como dicen aquí "de sangre liviana".

Su relación con Sinaloa. Moreno de Alba fue director de la Academia Mexicana de la Lengua entre los años 2003 y 2011, y al concluir la dirección, el poeta sinaloense, Jaime Labastida ocuparía su cargo. Este acontecimiento era uno de los tantos que lo mantenían vinculado con el estado, así como su gran interés y estudio por el léxico de la región. Sin dejar a un lado su relación, más que académica, de amistad, con el también doctor en lingüística, Everardo Mendoza Guerrero, quien junto con un par de estudiantes, invitaron a Moreno de Alba a desayunar a un restaurante en Bacurimí durante su visita en 2010.

Una cerveza Corona para el desayuno. "Un cerveza Corona para acompañara la machaca con verdura, por favor", le pidió al mesero en aquel restaurante al aire libre, a un lado de un canal con patos blancos que embellecían el panorama. "¿A quién se le ocurrió escoger este maravilloso lugar para venir a desayunar?", preguntó Moreno de Alba, y una de las jóvenes estudiantes de letras paró el cuello y dijo que a ella, que también lo quiso acompañar con una Corona.

El inculto presidente de México. Durante el desayuno, nunca se portó pretencioso. Compartió que no comía lácteos, pues le hacían daño, por lo que le pesó mucho no poder comer tortillas recién hechas con queso fresco. Habló también de su vida de estudiante, de los años en los que pasaba horas en las aulas de la UNAM; también relató sobre un encuentro que acababa de tener con estudiosos, y estaba el presidente de México, en aquel entonces, Felipe Calderón, con el que sostuvo pláticas y pudo comprobar que distaba mucho de ser una persona culta, según comentó el lingüista.

Viste de amarillo. Esa mañana de enero, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura 2008, no lucía como siempre viene ilustrado en sus libros, ni como acostumbraba vestirse para impartir sus cátedras, o como aparecía en televisión o en internet: a saco y corbata, no, esa ocasión vistió informal, con un sencillo suéter amarillo, que mucho le chuleó una de sus invitadas, y él agradeció, y a la vez bromeando le dijo, "el que se viste de amarillo, en su belleza confía".

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