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"Nadie va a morir de ortografía"

ESPAÑOL

"Nadie va a morir de ortografía"

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"Nadie va a morir de ortografía, ni de educación, pero la ortografía es un reflejo de la educación y la educación está detrás de todos los problemas", dice Pablo Zulaica, el creador del proyecto Acentos perdidos, que surgió cuando se dio cuenta de que en anuncios de publicidad había errores ortográficos, y él como publicista sabía que esos errores implicaban pérdidas de miles de pesos. "Pero bueno, qué pasa con los anuncios de vialidad, de gobernación? ¿Qué sucede cuando los niños que todo lo ven y lo cuestionan ven ese tipo de cosas?" se preguntaba Zulaica, que inició en 2009, en la ciudad de México, a ponerle tildes a aquellas palabras que se encontraba en su andar y necesitaban ser acentuadas, hasta que uno que otro curioso se fue sumando a la causa, y que llegaron a ser cientos. Así fue como inició la búsqueda de los Acentos perdidos.

Una campaña con propósito. El joven rubio de origen vasco llegó a México ya hace varios años y comenzó a trabajar en diferentes agencias de publicidad, por lo que el diseño y la creatividad fueron en su momento el pan de cada día. Tiempo después, luego de tantas vueltas por la cabeza, un día despertó y fue directo a desempolvar el cuaderno donde tenía anotada su idea, pues de ver tanta palabra mal escrita, le empezó a hacer ruido, y escribió lo que más adelante se volvería la campaña de Acentos perdidos. "Tuve guardada la idea durante un año, lo quise hacer con un fin, no sólo porque sí", aclaró Pablo con su marcado acento.

A poner acentos. Y sobre la marcha, entonces diseñó en papel adhesivo los acentos y los echó en su morral; llevaba siempre un buen bonche por si veía un anuncio con faltas. Entonces, si en la calle veía una vocal que necesitara acento, se arrimaba, se subía a un bote, o a un ladrillo o a lo que fuera si era necesario, y de esa manera pegaba su acento sobre la sílaba tónica, así fueran agudas, graves, esdrújulas y hasta sobresdrújulas que lo requirieran. La calcomanía tenía una característica: traía una pequeña leyenda donde indicaba la regla del porqué la palabra debía acentuarse, de paso, ofrecía sus servicios como corrector.

Obsesión por el español. De sus andanzas tiene pruebas: fotos y más fotos, pruebas de su cualidad de obsesionado con el español;también conserva ciertos momentos en los que muestra su osadía al burlar los anuncios publicitarios de transnacionales, incluso de los señalamientos públicos. Todas las pruebas las compartió a través de su blog, y bueno, le impresionó tanta gente aludida que también quería hacer algo por las barbaridades gramaticales que se muestran con tanta libertad. "Hice un blog en internet y empecé a subir las fotos de las correcciones que estaba haciendo. A los dos días el blog llevaba 2 mil 500 visitas, a las dos semanas tenía como 7 mil", platicó en entrevista.

No tardó mucho para que el publicista se hiciera famoso y su actividad diera de que hablar. Pablo tuvo entrevistas para televisión, apareció en reportajes periodísticos y en revistas; la web contaba con videos de sus actividades, hasta su campaña se adaptó para cuento y obra de teatro. De pronto, el creador de los Acentos perdidos recibió propuestas para dar charlas y conferencias sobre el buen uso del idioma. Sin querer, de publicista pasó a ser un docente lúdico del español, cosa que no tomó en cuenta cuando estaba sentado frente a su computadora armando el diseño de sus tildes. Con todo el boom, en Mazatlán, Sinaloa se enteraron de su audacia y lo mandaron llamar para que en la plazuela Machado diera testimonio no únicamente de su quehacer poniendo tildes, sino de lo necesario que es conocer el español; de lo importante que es escribir bien, pues te describe como persona, te califica y te diferencia de los demás.

Acentos aquí, allá, acullá. Zulaica comenzó pegando acentos en la Cudad de México, pero llegaron sus correcciones también a España, Cuba, Perú y otras ciudades de México.

Los problemas por acentuar en la calle. Pablo Zulaica, en compañía de una maestra y su alumna fueron reprendidos por poner acentos. En la ciudad de México, un letrero en la calle República del Brasil, tenía alguna palabra sin acentuarse por lo que la alumna le puso el adhesivo correspondiente. Enseguida un par de policías los reprendió; se trataba de la recién creada Unidad Grafiti del Distrito Federal quienes les dieron la orden de subirse a la patrulla. Al parar en la delegación hubo curiosos y otros tantos defensores que empezaron a hacer alarde; también llegaron las cámaras de Televisa y anunciaron el hecho. Finalmente, después del disgusto y de tanta algarabía salieron bien librados. <<

Perfil. El creador de Acentos Perdidos, nació en el país Vasco, al norte de España. Estudió publicidad. Llegó a México por invitación de una agencia interesada en contratar extranjeros. Posteriormente consiguió otros trabajos relacionados con su profesión. Actualmente es periodista freelance.

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acentosperdidos.blogspot.mx/