Cultura

Narran un confrontamiento madre e hijo en 'La culpa'

El dramaturgo Omar Ávila y la directora María T. Garagarza hablan sobre esta obra teatral que aborda el tema de la homosexualidad y que llega a todos los rincones de la República Mexicana, ahora en formato digital

Por  Richard Osuna

Obra de teatro La Culpa. Foto: Cortesía

Obra de teatro La Culpa. Foto: Cortesía

Culiacán, Sinaloa. Una mujer marcada por las convenciones sociales y capaz de rechazar a su hijo por ser homosexual, es el argumento de partida de La culpa, obra de teatro que ha parado sus funciones en la Ciudad de México por la pandemia del COVID-19, pero que ahora llega en formato digital para todo el público alrededor de la República Mexicana.

Fuerte relato

 

En entrevista para el periódico EL DEBATE, Omar Ávila, dramaturgo y productor de la obra, señala que la historia retrata esas tristes situaciones que aún se viven en México, sobre discriminación y rechazo a las llamadas minorías. “La historia está basada en una historia real como existen muchas todavía en México, de una madre que rechaza a su hijo cuando sabe que es homosexual. El proceso fue conocer esta historia de primera mano y hacer lo posible para contar esta historia de una manera que llegara al público y que sobre todo les mandara un mensaje de inclusión, un mensaje de amor”, explica.

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Por su parte, la directora María G. Garagarza detalla que esta historia, que lleva cuatro exitosas temporadas en cartelera, cuenta con un trabajo muy grande y fuerte alrededor de ella. Inicialmente de formato corto pasó a un formato largo, también bajo la pluma de Ávila.

Trabajamos ya sobre algo muy sólido, que seguimos profundizando y seguimos llevando a los actores a descubrimientos incluso nuevos para ellos.

 
 

Asimismo, Garagarza aplaude el trabajo escénico de los actores, Déborah Ríos como la mamá Helena, y Jatzke Fainsod y Baruch Valdés alternando el papel del hijo Martín. “Para mí, trabajar con Déborah es un placer porque es mi hermana de vida, son muchos los años en que nos hemos formado en esta carrera juntas. Y además del cariño y el amor que le tengo como ser humano, como mujer, la admiración que le tengo como actriz es inmensa.

 Es una mujer con unas características actorales, histriónicas enormes. Y aprovechamos todo ese talento para ponerlo en la mesa, y también para jugar con dos actores que alternan, que son tremendamente jóvenes y tienen una calidad actoral enorme, tienen una disciplina inmensa y una disposición a trabajar. Cuando el talento viene solo, no sirve de nada, se agota fácilmente y no pasa a más. Pero cuando el talento viene con hambre de aprender, con disciplina, con compromiso y con un compromiso además por el texto mismo, pues se vuelve un gozo para mí también como directora”, señala.

En poco más de una hora, la obra nos lleva en un viaje entre el pasado y el presente, “un pasado idealizado, un pasado lleno de traumas, de culpas, de dolores”, según lo describe su propia directora, y un confrontamiento en el presente que mantiene a los espectadores al filo de la butaca. “La historia es muy fuerte, la historia confronta, la historia nos lleva como humanos, como artistas, como público, a enfrentar nuestras propias limitaciones sociales, humanas, amorosas, y sobre todo a enfrentarnos con que el otro, aún cuando es tan amado por nosotros, puede ser rechazado por no comprenderlo, por no entenderlo, por no apoyarlo”.

Añade la directora que la personalidad materna de Déborah, así como lo receptivos que son Jatzke y Baruch, ayudaron mucho a que “los enfrentamientos que tienen los dos personajes en escena fueran entendidos desde la entraña y muy procesadas desde la cabeza”. “Esa combinación permitió que los actores fluyeran rápidamente y lograran conexiones muy bonitas, donde el trabajo de cada actor, ya sea Jatzke o Baruch, pudieran absorber muchos estímulos que Debi les estaba mandando constantemente en los ensayos. Se ve muy claramente en función una compenetración enorme de una mamá y un hijo, un trabajo muy profundo”.

Realidad propia

 

En el marco del Mes del Orgullo LGBT+, Omar Ávila destaca la importancia de seguir contando historias de inclusión y aceptación en las artes. “Es importante seguir llevando este mensaje de amor y de inclusión, y no únicamente para la sociedad LGBT, sino de inclusión en cualquiera de nuestros ámbitos. Desgraciadamente como sociedad siempre tenemos esa espinita de rechazar aquello que es diferente a nosotros, aquello que no es igual a nosotros por la razón que sea. Este tipo de obras son importantes para darnos cuenta de que la persona es un ser humano independientemente de su orientación sexual o independientemente de si sus capacidades son diferentes a las de nosotros. El teatro es la máxima expresión, nuestras trinchera de guerra para hacer llegar estos mensajes”, comparte sobre La culpa, historia con la que cree muchos jóvenes se pueden identificar y llevar al público a una reflexión sobre su propia realidad.

Finalmente, María T. Garagarza añade que la llegada de la obra ahora en formato digital no intenta sustituir las funciones de teatro presenciales, pero es una adaptación por los tiempos que vivimos. “El teatro siempre será teatro. El teatro siempre necesitará que los actores y el público respiren juntos, y no estamos tratando de sustituir, de engañarnos, pensando que esto lo mismo, pero hay un necesidad de no perder contacto con el público e intentar estas nuevas plataformas, y más con una obra que tiene un mensaje tan fuerte en un contexto tan empático por la fechas (Mes del Orgullo) que estamos viviendo”.

Puntualiza Garagarza que estos tiempos de cuarentena sin música, libros y artes no hubieran sido igual, y tanto ella como Ávila concuerdan que presentar la obra por internet es como hacer una gira digital y llegar a ciudades a donde habían pedido la historia como Sinaloa, Monterrey o Torreón. La venta de boletos está disponible en el sistema Boletópolis (boletopolis.com), la cual tiene un precio de 199 pesos. Una vez registrado te enviarán un link a tu correo, donde podrás ver la obra en las siguientes 72 horas.
 

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