Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

No inspirarse, metáfora de la incapacidad para vivir

LITERATURA

Culiacán, Sinaloa. Este mes es especial para desempolvar los libros de poesía, para reeler a los poetas favoritos e iniciar con los nuevos, pues se conmemoran 100 años del nacimiento del poeta más grande que México le ha dado al mundo: Octavio Paz.

Así que con Trevas. Canción del navegante de sí mismo, poemario de Mijail Lamas, uno puede intensificar sus lazos con la lírica y aspirar a leer a otro poetas. Del contenido de su más reciente obra, Mijail hace algunos comentarios para incitar a su lectura, a encontrar un aliento y perderse en el juego poético que crea.

Con el poemario obtuviste en 2012 el premio Clemencia Isaura de Mazatlán, ¿cuál es el mérito del poemario para obtener dicha distinción?

Creo que tiene dos méritos que le pudieron hacer merecedor del premio. Por una parte su unidad temática que permite realizar una biografía en verso de Cesário Verde, poeta al que admiro y al que otros poetas importantes para el siglo XX van a tributar también algunos versos. Hablo de poetas de la tradición lusitana como Mario de Sá Carneiro y esencialmente Fernando Pessoa, que mediante sus heterónimos, hará continuas menciones y homenajes a este poeta.

En segundo lugar hay en este libro una puesta al día de diferentes formas tradicionales de verso de acentuación prosódica, además de un diálogo que estas me permitieron hacer con diferentes poetas de muy variadas tradiciones, como por ejemplo con Jonh Keats o Francisco Cervantes.

La crisis respiratoria, ¿metáfora de la vida misma?

Respirar es una necesidad vital. En especial para el poeta la respiración es un tema que tiene que ver con la inspiración. También tiene que ver con la emisión de la voz, el aliento de los versos. Inspirarse es literalmente agarrar aire. En el libro la dificultad de respirar es un elemento de tensión y lucha, como en la vida, luchamos constantemente para subir a flote. No respirar, no inspirarse es pues una metáfora de la incapacidad para vivir, sobre todo en el caso específico del poeta.

¿Por qué el interés de resaltar en tu texto al poeta Cesário Verde? ¿Qué vínculos creas con él?

Hace algunos años, de manera simultánea al estudio de las diversas formas de versificación castellana, me encontraba traduciendo a algunos poetas portugueses, entre ellos a Cesário Verde. El reto era traducir no sólo sus palabras sino vaciar al castellano los poemas en la métrica que el poeta utiliza en sus poemas. Por ejemplo, los poemas que más me interesan de él están escritos en verso alejandrino, así que de alguna manera mientras lo traducía reforzaban mi práctica en este verso. Además me atrajo la vida de quien descubre un mundo cada vez más vertiginoso, de quien vive la modernidad en carne viva, pero que además se enfrenta a la derrota y a la muerte mediante la poesía.

¿Qué lecturas sugieres para acercarse a la literatura portuguesa?

Yo recomendaría empezar por los poemas castellanos del gran poeta portugués Luís Vaz de Camões, quien fuera modelo de poetas españoles como Miguel Ángel de Quevedo, y que a pesar de ser el poeta portugués que da identidad a su nación y a su lengua nacional, se tomó el tiempo de escribir en castellano, lo que le ha valido a su obra la inclusión en las antologías clásicas de poesía castellana. También les recomiendo leer sus sonetos, que son de una claridad tal, que no es necesario saber portugués para entenderles. Finalmente, y para no extenderme demasiado, recomendaría a la poeta gallega Rosalía de Castro, a los portugueses Camilo Pessanha, Mario de Sá Carneiro y por supuesto a Fernando Pessoa.

¿Y a las tuyas?

Creo que después de esta entrevista los lectores no tendrán ninguna dificultad en acercarse a Trevas. Canción del navegante de sí mismo, extraordinariamente editado por Andraval Ediciones, así que les hago una invitación a adquirirlo.

Versos del poemario

Adivinaba el mundo detrás del mostrador

de una ferretería.

Bosquejaba poemas en las notas de encargo,

en diminutos papeles o en el menú de algún café del rumbo.

Por la rua dos Fanqueiros pasaban las mujeres

y él, muy atento a su paso,

saldría de su escritura para verlas.

Alguna voltearía de reojo y su corazón

que pugna desde adentro,

arremete con fuerza y al final cae rendido.