//
Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

Corrupción acompañó al Tricolor

MUNDIAL

Rio de Janeiro, Brasil.- (El Universal) Si usted fue uno de los muchos desafortunados que no consiguió una entrada para la Copa del Mundo pese a que se inscribió a tiempo, siguió todos los procedimientos y cuando hubo venta directa en el sitio de la FIFA estuvo pegado a su computadora y no lo logró, no se angustie. Como usted hubo miles. Pero muchos de ellos ahora están aquí disfrutando de la fiesta del Mundial y tienen entradas para los partidos que buscaban. ¿Cómo lo lograron?

No hay duda. Se paga un precio caro. Sólo hay tres alternativas una vez agotadas las instancias de FIFA: puede pagar cifras millonarias por un paquete mundialista que le garantiza todas las entradas a los partidos que busca, además le proporciona hospedaje y transportación que siempre es escasa en estos torneos; o bien, puede aventurarse por su cuenta, y comprar los boletos por Internet a precios irrisorios en subastas y con el riesgo de que nunca le lleguen.

O puede acudir al país sede de la Copa y buscar sus entradas en las calles, en hoteles, restaurantes o con integrantes de las federaciones de futbol de su país. Eso sí, ninguna opción será barata ni mucho menos segura.

Faltaban dos horas para que el decisivo partido de México contra Holanda en Fortaleza iniciara. Eran octavos de final y la mayoría de miles de mexicanos que habían acudido a la justa habían retornado. La demanda de boletos para los juegos de México era escasa, entonces un letrero fue colocado en el Hotel Luzeiros, donde se hospedaba la Selección Nacional: "Se venden boletos a precio FIFA".

Sólo que ante el complicado panorama que tenía enfrente el Tri, estos boletos ya no se podían pagar en reales (la moneda en Brasil), sólo en dólares. La Federación Mexicana de Futbol tenía ya las maletas hechas y no se llevarían monedas brasileñas en sus bolsillos.

El hotel del Tri fue el mayor punto de reventa. Eran boletos entregados a la FMF, asignados a familiares e integrantes del cuerpo técnico y que eran revendidos por cientos por jóvenes que establecieron su centro de operaciones en restaurantes contiguos, donde contaban los billetes sobre las mesas, reales y dólares, y subastaban las entradas mientras tomaban cocteles y comían mariscos.

El caso mexicano no es el único, pues esto ocurrió también con Brasil y Argentina.