Deporte

‘Cristo lo marcó en 2010’

Sentida homilía y despedida tiene El Hijo del Perro Aguayo en medio de un coro estruendoso de aplausos que inundó el Parque Funeral Colonias

 

Por  Raúl Brito

Guadalajara. Una valla humana se había dispuesto en la entrada al mausoleo, ya para entonces convertido en un “hervidero” que hacía ebullición, y no precisamente por los 22 grados centígrados que caían sobre la metrópoli.

La multitud apostada desde temprano en el panteón ubicado sobre la avenida Vallarta -uno de los bulevares más transitados aquí- se mezclaba con el río de reporteros y camarógrafos que, entre empellones y gritos esporádicos, buscaban la mejor toma y “peleaban” con los numerosos aficionados, e incluso con los gladiadores, que llegaron a despedir al ídolo de Tala, Jalisco, antes de ser cremado en el Parque Funeral Colonias.

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Konan, Rey Misterio Jr, Latin Lover, América Salvaje y Ángel Blanco Jr, entre los gladiadores que montaron guardia.
 

IDOLATRÍA.

Los padres del finado líder de la jauría, Perro Aguayo y Luz María Ramírez.
 

Nadie quería dejar pasar la ocasión -fatídica, triste, inesperada- que el destino le deparó a ese temible can, el líder de la jauría, El Hijo del Perro Aguayo, quien murió la madrugada del sábado pasado.

“¡Pe-rro, Pe-rro…Pe-rro…!” se coreó apenas bajaron de la impecable carroza de Gayosso el ataúd que llevaba el cuerpo del gladiador investido gracias a su tesón y atributos en el adalid de la poderosa legión Los Perros del Mal. “!Quiero llorar, Perro, quiero llorar…!” suelta una jovencita cuando de la valla humana -conformada por familiares, amigos y “canes” emblemáticos de la lucha libre tapatía- pasa la caja mortuoria y, frente a él, un “remolino” de periodistas que llegaron de varias ciudades del país y seguían en su puja de los empujones.

Con la emotiva interjección, la jovencita expresaba su pesar hasta en el vestuario, un pantalón y una playera de color negro, cuya efigie plasmada en su polyester lo decía todo: “Soy Perro del Mal y no me rindo”.

Aquí, en este camposanto privado y hasta colonial que el 24 de julio de 2006 fue inaugurado y bendecido por el cardenal Juan Salvador Ibáñez, el cachorro de los Aguayo tuvo su misa de cuerpo presente ante la presencia de todos cuantos quisieron entrar -no sin algunos alborotos- y pese a la inicial advertencia de que la homilía sería de carácter íntima y no habría acceso a nadie.

“Cristo marcó en Pedro no solamente su valor, lealtad y honestidad”, rezó en su intervención el presbítero Pablo Federico Álvarez, originario, como El Hijo del Perro, de Tala, y con quien compartía una vieja amistad. “Cristo lo marcó en 2010 cuando, tras luchar encarnizadamente contra un cáncer de estómago que finalmente pudo vencer, le dio la oportunidad de vivir todavía cinco años más y le preparó este destino en lo que más amó él: la lucha libre”.

“¡Ánimo, Rey Misterio, ánimo…!”

Durante la misa de cuerpo presente, dolor y recuerdo se mezclaron.
 

Tres minutos después del comienzo de la misa, un personaje central en este penoso episodio apareció en escena y, luego de sortear la valla humana y la vorágine de público y medios, entró tan rápido como pudo. Era Rey Misterio Jr, vestido de negro, sin máscara y asistido por personal de los Perros del Mal. Sin declaración alguna y siempre con un “bajo perfil”, pero sí un invitado especial. “¡Ánimo, Rey Misterio, ánimo, Rey Misterio, estamos contigo..!” se dejó escuchar entre el tumulto, y su figura desapareció hasta que llegó al frente de donde se encontraba el féretro, saludó al Can de Nochistlán, Perro Aguayo, a la esposa de éste, Luz María Ramírez, y montó guardia.

Rey Misterio, con quien el cachorro Aguayo había sostenido el combate que lo llevó a la muerte, se colocó al extremo izquierdo de la caja. A su lado se encontraba Konan, quien la noche de la tragedia jugó un papel importante y trató de reanimar a El Hijo del Perro, aparentemente sin los cuidados necesarios. Detrás de Misterio se acomodó la estrella de Televisa, Latin Lover, siempre serio, siempre cabizbajo. Del lado de Konan emergía la figura de América Salvaje, símbolo de la vieja guardia, y detrás de él otro mítico gladiador de la arena nacional, Ángel Blanco Jr, quien, como los demás, no quiso decir una sola palabra.

Devastado, meditabundo siempre, con un semblante desdibujado, el can zacatecano, Perro Aguayo, no montó guardia, pero estuvo en primera fila mientras el cura Pablo Federico pedía resignación y revelaba que había un compromiso con la familia Aguayo Ramírez de preparar ya en la cercana Semana Santa una convivencia familiar que no se dio.

“Dios llamó a Pedrito y estará mejor en la arena celestial”.

  
El luchador Rayo de Jalisco. Foto y Video José Jaramillo
Los padres del luchador.
 
El Rayo de Jalisco habla de la atención que se le dio al “Perrito”
 
El Satánico: “En la lucha se arriesga todo.”

Esta nota incluye información de: El Debate

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