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Los 35 grados que devastaron al triatleta

MAZATLÁN

Los 35 grados que devastaron al triatleta

Los 35 grados que devastaron al triatleta

Mazatlán. Sinaloa.- Fue un crimen, literalmente. La canícula -el efecto más ardiente en el verano- resultó implacable para los titanes del asfalto que, sin inmutarse, se inscribieron en racimos al Gran Triatlón Pacífico.

"¡Cuidado, cuidado... agarrénlo...!", gritaba a pulmón abierto Juan Lauro Martínez, el jefe de los servicios médicos, otro de los "padres" del triatlón y, sin dudarlo, del maratón Pacífico. Su orden cambió a un rictus de preocupación. Se refería a la atención que, con toda celeridad, debía darse a un triatleta que, con la pupila dilatada y el cuerpo (casi) fundido en sudor y a punto del colapso, llegó a la meta, se hincó, extendió los brazos y soltó con toda estamina y con el sentimiento por delante: "¡Sí...se hizo, gracias Dios!". Era Manuel Tobías, un zacatecano de 49 años, uno de los exponentes valerosos que, dentro de la categoría Sprint, quisieron vencer los 35 grados centígrados de la mañana... y sí pudo. Harto gratificante y mayor su recompensa a ojos de todos que le aplaudieron.

Aun así, dos chavos enfundados en un uniforme blanco -distintivo de la enfermería- se acercaron a él, le obsequiaron un "Gatorade" que discurría líquido de lo que había sido hielo y lo cargaron en vilo. Directo a la zona médica. No pudo ir al área de recuperación.

El servicio encargado de suministrar sueros, checar la presión arterial y otorgar con toda presteza técnicas de hidrotería, quiromasaje y quiropraxia no se dio abasto. Ellos tuvieron su "otro" triatlón al correr de un lado a otro y atender a varios, a muchos, a casi todos, que terminaron desvanecidos.

"Está criminal..." Era Vanesa de la Torre, la coequipera de Andrea Gutiérrez, la reina absoluta, y Claudia Rivas, la chica que quiso volver a ganar y que, a no ser por el termómetro que marcó los "infernales" 35 grados centígrados y aumentó su sensación térmica en plena competición, habría conquistado la gloria del Pacífico.

Rivas, que lideraba hasta una gran parte de la prueba atlética, acabó por ser presa de las altas temperaturas. Cuando De la Torre pisó la línea final -ya dueña del segundo lugar-, su reacción fue perturbadora, aniquilante: "¡Está (el calor) cri-mi-nal!", balbuceó. Varias decenas de triatletas sufrieron inevitablemente el vértigo, abatidos no solo por el fragor propio de la batalla deportiva, sino por el devastador clima, para el que fue necesario llevar miles de bolsitas con agua Ely, tantos y tantos "Gatorade", muchísimas arpillas con naranjas y hasta plátanos verdes que, al no haber más, inyectó a los aguerridos deportistas una importante porción de potasio.

"¡Tú eres un ganador!", vocifebara en una muestra de aliento el disertador oficial. Y sí, todos fueron ganadores. Todos, de alguna u otra forma, cada quien en su nivel, vencieron al enemigo silencioso que se ensañó hasta con los más pequeños un día antes. ¿Cambiará el comité organizador la fecha original (de julio a abril, como antes) en aras de no exponer más a los triatletas?", alguien dijo por ahí. Y nadie contestó.

Una prueba con alta dosis de sudor, esfuerzo sobrehumano y una recompensa que sí llegó. "¡Líquidos, líquidos...!".

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