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'Volví a ser el de antes'

BOX

Julio César Chávez González se acerca a la esquina de su primogénito para darle algunos consejos.

Omar Chávez no podía permanecer sentado, a un costado del ring, al ver a su hermano en plena batalla.

Julio se funde en un abrazo con su hija Julia y su mamá, Amalia Carrasco.

Después de la pelea, aquí el cinturón conseguido.

Frida Muñoz, pareja de Chávez Carrasco, y Julio César Chávez, papá, atentos a la pelea.

San Antonio, Texas, Marzo 02. Su rostro acusaba los efectos de una fragorosa batalla. El ojo izquierdo bastante hinchado, producto de los 82 jabs (de 434 disparados) conectados por Brian Vera.

La mano derecha de Julio César Chávez Jr. nuevamente no terminó bien. Es un problema que viene arrastrando desde hace algunos años, y que ha decidido atenderse de inmediato.

Fue ese puño el que más utilizó para castigar la cabeza del adversario, quien soportó sus mejores y más poderosos golpes.

Vera fue, además de valiente, un boxeador totalmente diferente a aquella primera batalla de septiembre pasado. Sus marrullerías no surtieron efecto para detener las embestidas, claras y contundentes, que el hijo de la leyenda le aplicó en esta pelea de revancha, donde han quedado despejadas todas las dudas que dejó la anterior entrevista; pero sobre todo, que se reivindicó consigo mismo y con la afición.

"Creo que volví a ser el Julio César de antes. El hambre de ganar, de boxear bien y de convencer, han regresado a mi otra vez".

Chávez reconoce que esa era la pelea que estaba obligado a realizar. La primera contienda le había dejado esas enseñanzas y no quería cometer el mismo error de caer en su pelea.

"Vera es un boxeador que va hacia adelante, pero no sabe caminar hacia atrás. Por eso busqué siempre estar encima de él; sabía que llevándolo a las cuerdas era muy difícil que saliera por los costados. Fue allí donde le conecté los golpes más sólidos".

Sin quitarle méritos al texano, Chávez reconoció la valentía de Vera, pero también que peleó muy sucio.

"Intentó hacerme daño con la cabeza y después con golpes bajos. Pero eso me encendió más, y me empujó a castigarlo con más fuerza. Reconozco también que di un 60 o 70 por ciento de mi capacidad, pero hay que entender que estoy peleando muy a lo largo. Desde ahora no quiero tener tanta inactividad, deseo pelear cada tres meses. Por eso he decidido descansar sólo unos cuantos días y luego meterme al gimnasio".

Por otra parte, bajar a las 160 libras y enfrentar de nuevo a Sergio Martínez ha dejado de ser una obsesión, pero tampoco descarta la posibilidad de saldar esa cuenta.

"Si (Miguel) Cotto vence a Martínez, podría sacrificarme un poco y bajar al menos a 164 para enfrentarme al puertorriqueño. Pero debo ser sincero conmigo mismo, y con la gente; está complicado llegar a ese peso. Prefiero trabajar fuerte, y tratar de hacer historia como el primer mexicano en coronarse en los súper medios".

En sus planes está también agregar a un entrenador con experiencia. No descarta volver con Freddie Roach, a quien reconoce como el mejor del mundo, como tampoco darles la oportunidad a Nacho Beristáin y a Robert García.

"Robert es mi amigo, pero tampoco me gustaría crear un conflicto. Ustedes saben lo que pasó entre (Álex) Ariza y Roach. No me conviene estar en medio de ese asunto".

Chávez dijo haberle dedicado a dos personas su pelea; a don José Sulaimán, recientemente fallecido, y a su hija Julia, que la misma noche del combate cumplía 3 meses de edad.