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AMLO elogia belleza de la Sierra Norte de Ixtepec, Puebla

Andrés Manuel López Obrador elogia la belleza de la Sierra Norte de Puebla, durante su gira por el estado

Por  Agencia Reforma

AMLO elogia belleza de la Sierra Norte de Ixtepec, Puebla(Cortesía)

AMLO elogia belleza de la Sierra Norte de Ixtepec, Puebla | Cortesía

Ixtepec, Puebla.-Montañas de lodo y árboles, humedad y zopilotes. Nubes gordas como encañonadas allá abajo entre las barrancas. Las camionetas van dando tumbos entre la escarpada. Cuatro horas de mareos y brincos, de la capital de Puebla hasta el hospital rural de Ixtepec, donde el Presidente Andrés Manuel López Obrador habla ante los pobladores de huaraches y huipiles, y algunos más descalzos.

"Miren esto", les dice, extendiendo el brazo hacia las montañas, paisaje con casuchas de madera y lámina. Ahí donde todos ven incomunicación, amenazas de aguaceros, deslaves, montes ralos, pobreza y atraso, López Obrador mira el futuro.

"Ustedes porque ya están acostumbrados a verlo, pero esto es una belleza y, además, hay fertilidad, hay agua, pero sobre todo la experiencia, el conocimiento, que viene de siglos, de cómo cultivar la tierra, cuándo sembrar", expresa.

Ahí donde se mira la realidad, el Presidente ve una ilusión. Y a su público lo convence. Antonio Anselmo, su texana negra, su guayabera, sus huaraches viejos, su olor a sudor luego de caminar cuatro horas, dice que ya compró una hectárea para entrar al Sembrando Vida, el programa que entrega 5 mil pesos mensuales por cultivar árboles frutales y maderables. El problema, ahora, dice Anselmo, es que le piden las escrituras.

"Hay que escriturar mi hectarita y hay que desmontar el monte para sembrar café", comenta ilusionado.

México está en camino de la autosuficiencia maderera, insiste López Obrador. Anuncia aquí, en la Sierra Norte de Puebla, las buenas nuevas de su gobierno.

"La Cuarta Transformación ya inició", reiteró en su conferencia mañanera en la Escuela Militar de Sargentos. Allá los periodistas acusaban la corrupción hasta en las universidades, el uso de los programas de gobierno para beneficiar a una candidata a la dirigencia de Morena, el crimen organizado y los "huachigaseros" extorsionan hasta a los maestros de primaria. López Obrador se aferraba a la ilusión: que esto ya cambió, que ellos no son iguales a los de antes, que no hay corrupción, que no hay pretextos para delinquir, que ahora hay becas, pensiones, apoyos.

"Ya no hay ninguna excusa para decir: 'Yo me voy a adherir, a sumar, a los delincuentes porque así me van a dar mi despensa'. Ya eso se terminó".

El Presidente conecta con su público, rebosante de alegría al oír que se han ahorrado miles de millones de pesos con la austeridad republicana.

"Yo le pedí una plaza de maestra, porque estudié licenciatura en bioquímica, pero aquí no hay dónde trabajar y me dedico a la venta en tiendas", dice Ana Pérez, 25 años, de su blusa bordada y ojos tristes.

Se dirige luego López Obrador a Zacapoaxtla. Allá también lleva su mensaje repetido 69 veces, el mismo número de hospitales que ha visitado desde julio.

Allá también hay pobladores pidiendo que se acuerde del Centro de Estudiantes con Discapacidad, que desde hace tres meses no le ha pagado a los maestros. Pero nada de eso interfiere en el decreto de que la realidad no es la que se ve, sino a la que se aspira.

"La corrupción está bajo control y no me preocupa", dice en el estado donde Manuel Bartlett, exhibido en su riqueza no reportada, fue gobernador.