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"Datos cliché se usan para minimizar y estigmatizar": Estudio elimina mitos sobre las desapariciones en México

Los niños y niñas son más vulnerables a ser víctimas de desaparición forzada, por lo que investigar las circunstancias del crimen permite aclarar por qué ocurre, señalan expertas

Por María Sánchez

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En México hay una grave crisis de desaparición de niñas, niños y adolescentes (NNA). Cada día hay alrededor de 13 registros de desapariciones, aunque, afortunadamente, la mayoría de las personas son encontradas con vida; lamentablemente, uno de cada 100 NNA son localizados muertos. El 20 por ciento del total de los casos suelen continuar en estatus de desaparecidos. Además, se conoce que hasta 2021, el 55 por ciento de los NNA desaparecidos eran de sexo femenino, dando un total de 8 mil 704 niñas desaparecidas.

El resto de casos, 7 mil 082, corresponden a niños. Estos datos fueron compartidos por Tania Ramírez, directora ejecutiva de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), quien presentó durante una charla en redes sociales la investigación titulada Personas, Circunstancias y Otros Datos Relevantes para Entender la Desaparición en el Estado de México, un estudio que se llevó a cabo en dicha localidad, del 2015 al 2021, para dilucidar las circunstancias en que NNA desaparecen, haciendo énfasis en por qué las niñas desaparecen más, debido a su situación de mayor vulnerabilidad.

Al respecto habló Adriana González Veloz, directora de Análisis de Contexto en la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), y la investigadora y consultora especialista en género y grupos vulnerables Javiera Donoso Jiménez, quienes señalaron que encontrar patrones alrededor de las desapariciones ayuda a tener indicadores con los que se puedan elaborar políticas públicas para combatir la desaparición de NNA, a la vez que elimina muchos de los mitos y estigmas que se tienen alrededor de las desapariciones. En Sinaloa no hay investigaciones similares, pero esperan generarse, dijo a EL DEBATE Prisila Salas, de la colectiva No se Metan con Nuestras Hijas.

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Durante su charla, Adriana González explicó que el procesamiento de los datos de las desapariciones en el Estado de México permite ver en términos reales la situación en dicha localidad, ya que la información señala las circunstancias importantes en las desapariciones.

En el caso del Estado de México, se conoce que hay reportes de más de 36 mil personas desaparecidas de enero del 2015 a septiembre del 2021, de las cuales, han sido localizadas 28 mil 174; de estas, un total de 26 mil 798 se localizó con vida y un total de 1376 han sido, lamentablemente, halladas sin vida.

El perfil de la persona preponderantemente reportada como desaparecida en el Estado de México, es decir, el perfil de la niñas mujeres y adolescentes que desaparecen es el siguiente: está configurado como una persona de sexo femenino, de entre 12 y 17 años de edad; de complexión delgada, soltera, estudiante de escolaridad secundaria, que ha nacido en el Estado de México, es decir, que es mexicana y no posee antecedentes penales.

“Vemos una tendencia a que estos datos (de antecedentes) se utilicen para estigmatizar a las personas”, que en este caso han sufrido una desaparición forzada, dijo González Veloz, aunque no necesariamente es así. 

Sinaloa y sus desaparecidos

De acuerdo con la activista Prisila Salas, se tiene conocimiento de que en Sinaloa, durante 2021, los varones mayores de edad fueron las víctimas más frecuentes de desaparición forzada o no localización, con un total de 599 reportes, contra 78 casos de mujeres durante ese año. Aunque las desapariciones son mucho menos para el caso de los menores desaparecidos, se llegó a una cifra mayor de niñas en búsqueda, con un total de 49 niñas y adolescentes desaparecidas, contra 38 varones niños y adolescentes.

Prisila destaca que, si bien muchas personas logran ser localizadas con vida, “alarmantemente cuando se trata de niñas en el rango de edad de 2 a 14 años, estas desaparecen o no son localizadas con mucha más frecuencia que los varones, tanto en el municipio de Culiacán (donde desaparecieron 6 niños y 17 niñas) como en el de Mazatlán (ningún niño, 4 niñas)” en los datos de este 2021.

Respecto a la estigmatización de los casos, Salas comenta que en Sinaloa las personas, e incluso las autoridades, hacen mucha referencia a que quienes desaparecen es porque están vinculados con la delincuencia o el narcotráfico, en el caso de los varones, y se piensa que se fueron con el novio, en el caso de las jovencitas.

Sin embargo, para Salas esto dista de la realidad y le preocupa que se normalicen las desapariciones, como si irse con el novio implicara que las niñas y adolescentes estuvieran bien, “siempre hay que buscarlas, porque no sabemos cuáles son las circunstancias que están alrededor de esta situación. Sabemos que hay muchos delitos que están involucrados, y que tenemos que tener cuidado para evitar que aumente la cifra de niñas, niños y adolescentes desaparecidos en Sinaloa”, comentó.

En cuanto a las circunstancias en las que se suele presentar una desaparición, la investigación en el Estado de México arrojó ciertas luces al respecto, por ejemplo, el mes de mayo concentró siempre la mayor cantidad de desapariciones, aunque no hay evidencias estadísticamente significativas entre los otros meses; de igual forma, los lunes se identifican como el día cuando más niñas desaparecen, aunque tampoco son datos significativos; en cambio, el dato de la hora de desaparición sí es significativo y se da entre la seis de la mañana y las seis de la tarde, “se rompe el mito de que las personas desaparecen porque se arriesgan, porque salen de noche o porque están en lugares donde no deberían estar”, mitos que, desde la perspectiva de género, se ubican como algunos de los cliché para minimizar o estigmatizar más los casos de desapariciones, señaló González.

En el caso del Estado de México, la localidad que más desapariciones presentó fue Toluca. La investigación arrojó que no se recibieron llamadas sospechosas, solo ocurrieron en el 0.3 por ciento de los casos; no existe una recurrencia en torno a las desapariciones, ya que solo dos de cada 10 habían desaparecido con regularidad, y son los casos donde las posibles causas eran problemas familiares.

Este dato indica que no todas las desapariciones están ligadas a delitos en contra de la persona desparecida, como puede ser un secuestro o sustracción, y hay que indagar cuáles son las dinámicas familiares que influyen en que se dé una desaparición. Empero, el otro 80 por ciento de desapariciones sí suelen estar ligadas a delitos como la trata de personas y, lamentablemente, al feminicidio, sin ser excluyentes una de otras.

En el caso de la trata de personas, los niños y niñas captados por bandas criminales son utilizados para cometer delitos, con fines de explotación o violencia sexual, e incluso para ofrecerlos en adopciones ilegales, expuso en la conferencia, vía Facebook, la investigadora y consultora Javiera Donoso Jiménez. Estos datos instan a las autoridades a tomar cartas en el asunto y rastrear a quien delinque contra niñas y quedan impunes, señaló Donoso.

Herramienta primordial

Otros estados que usan la minería de datos para la investigación y búsqueda de desaparecidos son Coahuila y Chihuahua, dijo Salas. En el caso de Sinaloa, este tipo de investigaciones en torno a las desapariciones que dé claridad sobre las circunstancias en que ocurren estas, no se ha realizado, pero sería posible lograrlo ya que se tienen bases de datos suficientes, comentó a EL DEBATE Prisila Salas, de la colectiva No se Metan con Nuestras Hijas.

La activista explicó que la base de datos a la que se tiene acceso es la del Registro Nacional de Personas Desparecidas, “tú ahí le puedes poner filtros y puedes hacer varias cosas, pero la Fiscalía no tiene líneas de investigación”. Ella destacó que sí se ha llevado a la Fiscalía el problema de la falta de investigaciones al respecto, pero no se les ha dado solución, y aún tienen pendiente una reunión con la fiscal Sara Bruna Quiñónez para hablar de ello.

La circunstancia típica de localización de las niñas es la siguiente: son las mamás las que suelen reportar que han encontrado a su hija o hijo, ocurriendo esto en los primeros 90 días luego de haber reportado la desaparición, y puede ocurrir en un espacio relacionado con la víctima, como puede ser un domicilio alterno o de un familiar; los NNA suelen aparecer con vida y dentro del estado donde desapareció; en el caso de la investigación, aparecían en el Estado de México. 

En Sinaloa no existe un patrón definido de cómo son encontradas las personas desaparecidas, pero Prisila asegura que la búsqueda temprana y la generación de reportes y fichas de búsqueda empuja a que los captores liberen a las víctimas, quizá, por el temor de ser hallados y castigados. 

Por otro lado, Adriana comentó que la importancia de la realización de reportes de búsqueda ayuda a la generación de este tipo de perfiles, abonando a la vez al conocimiento sobre la población afectada, señalando con ello las vulnerabilidades que atraviesan las personas que han desaparecido; la edad es uno de los factores principales de vulnerabilidad señalados en la investigación.

Esperan incidir y disminuir el crimen

Los datos que también dan a conocer es que se trata, en su mayoría, de niñas que pueden ser criminalizadas cuando se encuentran viviendo otras situaciones sociales de vulnerabilidad, en el ambiente en que se desarrollan en el Estado de México.

De manera que estos datos pueden ser aplicados para conocer qué ocurre, pero también para generar políticas públicas que palien el problema y se apoye a esclarecer las desapariciones. Adriana González explicó que la realización de este tipo de perfiles está lejos de establecerse como una serie de datos que se utilicen para estigmatizar a las personas desaparecidas, y que únicamente pretende abonar en el conocimiento de todo el contexto que integran los casos de desapariciones para combatirlos con mayor certeza. En esto está de acuerdo Prisila Salas, quien considera urgente que este tipo de investigaciones se lleven a cabo en Sinaloa.

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Delito impune

En México, la impunidad es un mal en el sistema de justicia que se manifiesta hacia muchos delitos. En el caso de la desaparición forzada, la falta de investigaciones que lleven a los responsables y la indiferencia hacia las desapariciones existen y persisten desde hace décadas. La desaparición forzada se ha presentado en México al menos en tres periodos: durante la Guerra Sucia, durante el conflicto Zapatista y la guerra contra las drogas. Pero en nuestros días, la mayoría de estos crímenes continúan sin resolverse y permanecen sin castigo, por lo que las víctimas carecen de una reparación integral del daño. 

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María Sánchez

Reportera de Investigación

Ingresé a EL DEBATE en febrero del 2019, trabajo en la redacción de Culiacán. Tengo formación en Fact Checking y periodismo de datos, curso impartido por Knight Center for Journalism en las Américas, así también, otros cursos de formación en el ámbito periodístico como uso de lenguaje inclusivo y de periodismo especializado en derecho electoral. Actualmente escribo sobre una gran diversidad de temas desde las ciencias exactas hasta humanidades, en el departamento de Investigación de DEBATE apoyándome en búsquedas rigurosas en material oficial y científico, bases de datos gubernamentales y no gubernamentales, entrevistas a personalidades públicas, del medio político, académico, expertos en temas, así como a líderes de la sociedad civil, entre otros. Mi misión es dar a los lectores artículos con información veraz, relevante, útil y novedosa de diferentes campos en un lenguaje asequible, además de sensibilizar a la población con temas referentes a lo humano. Mi formación lo respalda. Estudié la licenciatura en química farmacéutica bióloga y una maestría en ciencias con orientación a la biotecnología ambiental en la Universidad Autónoma de Sinaloa. En 2020 recibí dos seminarios en el centro Transpersonal de Buenos Aires, Argentina, uno denominado Vínculos y emociones y otro más sobre Psicología y espiritualidad. Tomé un Diplomado para la Paz Aplicada impartido en Culiacán por la Universidad de San Diego, California, en 2018 y más tarde en 2019 participé como colaboradora en el proyecto de investigación “Todos tenemos una historia”, formando parte de la Comisión Ciudadana de la Memoria en Culiacán, organizada por el Instituto Transfronterizo de dicha universidad y como líder de equipo de investigación. Dediqué más de tres años de labor docente en el Tecnológico de Monterrey Campus Sinaloa, donde me formé en educación y participé en la elaboración de proyectos y documentos académicos. Formé parte de la Red de Educadores Ambientales de Sinaloa (REAS), donde participé en la elaboración del marco conceptual de la organización y su plan de trabajo. Tengo la intención de seguirme preparando y crecer en compañía de mis compañeros en EL DEBATE, y continuar haciendo con ellos las alianzas que nos han integrado como un equipo sólido dentro de la empresa.

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