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'El adultocentrismo impide el desarrollo de la sociedad'

Persiste una dinámica de desigualdad y asimetría hacia los niños, las niñas y los adolescentes, restándoles relevancia y plenitud, circunstancia que daña el avance social, según Berenice Pacheco-Salazar

Por  Fabiola Cerros

Berenice Pacheco-Salazar, Doctora en Educación.(Cortesía)

Berenice Pacheco-Salazar, Doctora en Educación. | Cortesía

Sinaloa, México.- Los niños, las niñas y los adolescentes suelen ser relegados a una posición de inferioridad y sumisión por los modelos de desarrollo y las relaciones, indicó vía telefónica Berenice Pacheco-Salazar, doctora en Educación.

Dicha circunstancia ha sido denominada como «adultocentrismo», donde las políticas públicas operan sin prever ni contemplar la participación juvenil, más allá de un sujeto pasivo o minoritario.

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Solo en México residen 39.2 millones de niñas, niños y adolescentes de 0 a 17 años, lo que representa un 32.8 por ciento de la población total en el país, de acuerdo con cifras obtenidas en la Encuesta Intercensal 2015 realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

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Según el informe «Superando el adultocentrismo», publicado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), «los derechos de los niños, niñas y adolescentes llegaron para quedarse. Los adultos necesitan aprender a funcionar en este nuevo escenario, sin por ello renunciar a la responsabilidad de cuidar, guiar y orientar, pero sin anular la personalidad y protagonismo de los más jóvenes». 

Berenice Pacheco Salazar señaló la importancia de conceptualizar y conocer este problema para no caer en estas prácticas. 

¿En qué consiste el adultocentrismo?

«El adultocentrismo es un modelo de relacionamiento [sic] desigual basado en las diferencias generacionales. En el adultocentrismo se asume la edad como un factor natural de superioridad y autoridad, y la adultez como la etapa “óptima” del desarrollo humano. Esto genera una asimetría de poder, una desigualdad, entre lo adulto y lo no adulto, donde se asume falsamente que, a mayor edad, se cuentan con mayores derechos y privilegios, y que, por tanto, la persona adulta tiene la potestad de moldear y controlar a su antojo a niños, niñas y jóvenes. Se produce así una relación de subordinación, y no de cuidado desde el mutuo crecimiento y autonomía.

»El adultocentrismo está muy justificado en teorías biologicistas y psicológicas esencialistas que plantean erróneamente que solo existe una única forma de ser niña/o y joven, atribuyéndoles que son, por ejemplo, inmaduros, rebeldes, irresponsables, agresivos, seres incompletos. Sin embargo, esto no es así. No existe una «juventud», existen juventudes, pues las identidades son siempre contextuales y dinámicas, según factores sociales, económicos, políticos, culturales, familiares y personales».

¿Qué origina este fenómeno y dónde se hace presente? 

«Se ha establecido que la desigualdad basada en la edad (adultocentrismo) se fue construyendo de manera simultánea a la desigualdad basada en género, junto al origen de la propiedad privada, el sedentarismo y las guerras. El educador e investigador Claudio Duarte incluso ha señalado que el adultocentrismo es una extensión del dominio patriarcal. El adultocentrismo está tan naturalizado, que muchas veces sus expresiones nos pasan desapercibidas. El adultocentrismo se expresa en las políticas públicas, en las aulas, en los medios de comunicación, en las formas de crianza que muchas veces utilizan la violencia como mecanismo disciplinario, incluso en frases como “cuando seas grande, puedes dar tu opinión” y “los niños y la infancia son el futuro de la patria”, como si no fuesen ciudadanas y ciudadanos en el presente». 

¿Qué consecuencias tiene el adultocentrismo?

«El adultocentrismo se traduce en el no reconocimiento de niñas, niños, adolescentes y jóvenes como sujetos de pleno derecho, y, por tanto, genera diversas formas de discriminación y violencia hacia ellos y ellas. Desde la lógica adultocéntrica es imposible construir relaciones intergeneracionales basadas en la horizontalidad, es imposible generar reales espacios de participación, y todo esto impide el desarrollo de nuestras sociedades en base a la igualdad y la garantía de los derechos humanos. 

»En los sistemas educativos, por ejemplo, el adultocentrismo continúa lamentablemente muy presente. Las escuelas continúan organizándose en base a la idea de que la infancia, la adolescencia y la juventud son etapas de transición hacia la adultez, justificándose así que sean las personas adultas las únicas responsables de definir los mecanismos de gestión escolar y las normas de convivencia desde las expectativas adultas y desde una visión homogeneizante del resto.

»También está muy presente el adultocentrismo en investigaciones educativas, sociológicas e incluso psicológicas. Por ejemplo, estudios que pretenden derivar en recomendaciones de mejora para políticas educativas de atención a la diversidad o la garantía de la alfabetización en la etapa oportuna se hacen sin considerar a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, o se les considera desde una metodología y unas preguntas definidas por las personas adultas». 

¿Cómo se puede combatir de manera efectiva esa situación?

«Es fundamental abrir a un debate amplio y profundo sobre las expresiones del adultocentrismo en nuestros países. Sin lugar a dudas, es necesario fortalecer el rol del Estado como garante del interés superior de la infancia y asegurar que el enfoque género-generacional sea un eje central de toda política pública. Pero esto no solo en el papel ni los discursos, sino también en las prioridades asumidas, en los presupuestos asignados, en los mecanismos de ejecución y en las capacidades y compromisos de los equipos técnicos responsables. »También es importante conocer y aprender de las propuestas de Francesco Tonucci sobre ciudades amigas de la infancia, quien plantea la necesidad de que los espacios urbanos sean configurados escuchando las necesidades e intereses de las niñas y niños a fin de que, desde la garantía de la seguridad y lo lúdico, tengan autonomía para habitar plenamente su ciudad. 

»Si queremos sociedades más democráticas, igualitarias y dignas para todas y todos, esto requiere que todas y todos sean escuchados y sean considerados».

EL PERFIL
Nombre: Berenice Pacheco-Salazar.
Profesión: doctora en educación por la Universidad de Sevilla; maestra en género, investigación y desarrollo; y licenciada en psicología por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo.
Trayectoria: especialista de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura y coordinadora de la Unidad de Generación de Conocimiento, Innovación y Derechos Humanos en República Dominicana.

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