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Es injusto que una madre esté en la cárcel

Eva pasó de la tortura de su arresto a la aparente resignación dentro del penal de Aguaruto, aunque los lazos entre presas son el pilar que la mantiene de pie desde el confinamiento

Por  Lorena Caro

Eva ha pasado sus últimos años vendiendo productos básicos en un local dentro del penal.(Foto: El Debate)

Eva ha pasado sus últimos años vendiendo productos básicos en un local dentro del penal. | Foto: El Debate

Si Eva tuviera un poder, no lo usaría para salir de prisión ni para abrazar a sus hijos, que tanto extraña; tampoco para borrar su pasado y crear un futuro prometedor; si Eva tuviera un poder, lo usaría para sacar a todas las mujeres que son madres de la cárcel, no por las mujeres, sino por los hijos, que quedan a la deriva. 

Eva no quiere revelar su identidad, pero sí contar su historia. Desde lejos nos observa llegar y nos habla con la mirada. En sus ojos apenas contiene las lágrimas. Es como un imán que ha perdido su fuerza en medio de más de treinta reclusas que se aglomeran a la expectativa en el penal de Aguaruto.

Diez años tras las rejas la reflejan cansada, ojerosa y en quebranto. La angustia está siempre con ella porque aún no sabe cuándo saldrá libre. 

Camina lento. Trabaja en la tienda principal del módulo uno en el área de reclusas mujeres, donde vende productos básicos de alimentación y limpieza, porque desde el primer día que pisó la cárcel se prometió no dejarse caer. Fue recluida por cargos de encubrimiento de secuestro. 

—¿Qué pasó? —es cuestionada. 

—Pues no sé. Tal vez no soy culpable, pero aquí estoy. Es muy difícil demostrar la inocencia estando uno ya acá. Es una injusticia traer a la mamá a encerrarla, porque los hijos quedan en la calle —dice en medio del llanto y el desaliento. 

El pasillo rumbo al área de reclusas mujeres y el segundo comedor en el primer módulo de presas. Foto: El Debate

La vida de Eva —cuyo nombre es un seudónimo— la compartía con sus siete hijos. Era vendedora de productos por catálogo de belleza, hogar y moda. Vendía también casas y obtenía una remuneración significativa, sin caer en lo ostentoso. Al termina un día cualquiera, salió de su casa, y al regresar la Policía la estaba esperando: nunca más volvió. 

«Cuando yo vine aquí, no puede hacer ni una llamada por teléfono, ni desde el momento en el que me detuvieron. Me quitaron los teléfonos, me golpearon; no hice ninguna llamada. Todo ese tiempo que me tuvieron detenida en una casa, no sé en qué, pero dicen que fue ahí, ahí me tuvieron torturándome», aseguró. 

Dice que no solo ella fue torturada, sino que uno de sus hijos también fue detenido mientras su proceso de encarcelamiento seguía.

Eso motivó a que ella firmara documentos, como condición para que su hijo quedara en libertad. Y así fue, desde entonces, acabó con lo que parecía el peor de los tormentos, pero inició su calvario tras las rejas sin sus hijos, que son lo que más ama: «Ya tenía a mis hijos, los que batallando mucho salieron adelante, cayeron en depresión estando yo aquí, aun así siguieron estudiando. Una de las niñas todavía no está bien, trae su depresión. El otro día vino a verme, y traía muy poquito pelo en su cabeza, se le había caído, muy flaquita, y uno de los muchachos también, así trabaja y todo, pero en la depresión». 

Aspectos del comedor. Foto: El Debate

Eva prefiere que no la visiten tan seguido, aunque con ello se le parte el alma. Le sobran calificativos para describirlos, y, como luces en medio del desierto, se iluminan sus ojos para decir lo trabajadores, lo educados y lo guapos que son sus siete hijos. 

No se cree culpable y está arrepentida de lo que pasó. Para ella, su vida estaba en orden, y de pronto lo perdió todo. 

Eva ha creado lazos de acompañamiento con sus compañeras, quienes son el pilar unas de otras para sobrevivir al encierro; de otra forma, está segura de que no podrían soportarlo. Sobre todo, ella confía en Dios, y todas las mañanas, después de que las autoridades del penal pasan lista, Eva reza junto a aquellas compañeras que quieran unirse.

En su tienda y en su cuarto las imágenes de Cristo brillan con veladoras eléctricas. Son como la luz que la sigue motivando para salir libre un día, puesto que eso todavía es un incógnita. «Cuando salga, quiero verlos a todos, reunirlos todos, ayudarles a los que pueda». 

Criminalidad femenina en México

María de Luz Lima Malvido, licenciada en derecho, especialista en ciencias penales, autora del libro Criminalidad femenina, teorías y reacción social, el primero en su tipo en Latinoamérica, que abrió un espectro importante en descubrir las teorías tanto cuantitativas, como cualitativas, de por qué la mujer comete delitos, señaló en entrevista para EL DEBATE que el porcentaje de mujeres infractoras tanto en México, como en diversas partes del mundo, es muy pequeño, en comparación con los hombres. 

Ilustración El Debate

Detalló vía telefónica que muchas mujeres en México delinquen porque son enviadas por el crimen organizado, y estas se ven vinculadas, pasando de ser víctimas, a victimarias. 

En ese sentido, puntualizó que es importante analizar las causas estructurales de la violencia generalizada contra la mujer y la discriminación frente a la falta de prevención y de políticas públicas de gran alcance, mismas que —aseguró— generan victimización y criminalidad: «Las mujeres vinculadas al crimen organizado en secuestro, vigías, mujeres líderes de bandas, mujeres sicarias, frente a todas estas tipologías tendría el sistema penitenciario que saber cómo va a actuar y cómo las prepara».

La doctora en derecho con el grado magna cum laude de la UNAM añadió que también existe un porcentaje sumamente importante de mujeres delincuentes que fueron víctimas al ser maltratadas o golpeadas por muchos años hasta que deciden asesinar al culpable, que suele ser su pareja.

Otras más —dijo— deciden asesinar en legítima defensa para convertirse en sobrevivientes, aunque dicho estatus puede recluirlas muchos años en la cárcel. Comentó que las políticas públicas deberían considerar, en el caso de las mujeres, tipologías de delitos para su sistema penal, con hechos recientes, tales como el tráfico de migrantes, de los cuales no hay información de cómo se van a llevar adelante los protocolos y el procedimiento. 

Reglas de supervivencia

Respecto al funcionamiento de los penales, la también especialista en estudios de terrorismo por la Universidad de Saint Andrews Escocia y en investigación criminal y negociación de rehenes por el FBI subrayó que las mujeres en prisión sufren malos tratos, vejaciones sexuales, tortura, el abandono de la familia, el choque cultural y espiritual, sobre todo aquellas de zonas indígenas y de preferencias religiosas, que son sometidas a reglas que no conocen: «Tienen necesidades las mujeres en las prisiones, de manera específica las necesidades espirituales, las necesidades de acuerdo al contexto del que vienen, sus historias de vida; si fueron víctimas, en qué contexto vinieron; si vienen embarazadas, si traen hijos; problemas mentales, prevención en caso de adicciones; y también el acercamiento a la familia, que son otras de sus necesidades importantes», explicó. 

Ilustración El Debate

Por ello, vio necesario que existan cárceles con características especiales para que las mujeres sean recluidas. Pero, contrariamente, enfatizó que las mujeres están en penales con estándares internacionales de las reglas Mandela, que son las reglas mínimas de readaptación social de sentenciados hombres. «Deben ser manejadas con los estándares de las reglas Bangkok, que refiere a las reglas mínimas de readaptación social de sentenciadas mujeres», expuso [ver gráfico].

La experta manifestó que dichas reglas son importantes porque las mujeres necesitan seguridad específica, algunas —comentó— son buscadas por los líderes de grupos organizados o sus esposos: «Tenemos que esas instalaciones deben tener su seguridad y las condiciones específicas de género. Si la mujer está en su periodo menstrual, si la mujer está embarazada, entonces todas sus necesidades tanto de salud física, de alimentación y clasificación de acuerdo a las características y cómo evitar el aislamiento, las sanciones están prohibidas y cómo prepararlas para cuando salgan», sostuvo. 

Por ahora, María de la Luz vio como uno de los problemas más delicados en el caso femenil el que no haya suficientes lugares de guarderías en las cárceles mexicanas para que estas puedan tener, en un momento dado, a sus hijos hasta la edad que marca la ley, que son 3 años. 

Según expuso, no es conveniente que se le quite a la mujer su bebé cuando nace, pero tampoco que esté recluido más de tres años. En ese panorama, destacó las políticas actuales en el país, que por mandato del Gobierno federal se cerraron las guarderías gratuitas. «Ahora, si el Gobierno federal cerró las guarderías de afuera, imagínate si alguien va a tener lugar para meter a los hijos de las mujeres delincuentes, esto agrava muchísimo la situación», concluyó.