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Inmigrantes de Michoacán enfrentan el Covid-19 en Centros de Reclusión

Algunos migrantes mexicanos y latinoamericanos que han enfrentado la pandemia en situación deplorables, desde las cárceles para inmigrantes en los Estados Unidos

Por  EFE y Mariana Orozco

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Se reportan contagios de latinoamericanos dentro de las cárceles para inmigrantes en EE.UU.(@ICEespanol)

Se reportan contagios de latinoamericanos dentro de las cárceles para inmigrantes en EE.UU. | @ICEespanol

Las personas dentro de la prisión están expuestas al contagio por las condiciones en las que viven(Reforma)

Las personas dentro de la prisión están expuestas al contagio por las condiciones en las que viven | Reforma

Michoacán. – Las historias de migrantes mexicanos y sudamericanos que se enfrentan a vivir la pandemia desde Centros de Reclusión Social para inmigrantes, desde los Estados Unidos de América, sin saber si serán el próximo o poder recibir atención médica en caso de contagiarse.

 "Nos decían que tomáramos mucha agua y que hiciéramos gárgaras con sal". Sin medicamentos para aliviar el dolor, este fue el único tratamiento que recibió José Juan Prieto al contraer el coronavirus en un centro de detención de migrantes en EE.UU., antes de que fuera deportado a México tras recuperarse.

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Su caso es uno de los más extremos sobre cómo ha transcurrido la pandemia en numerosas cárceles de este tipo en EE.UU., donde miles de inmigrantes se hacinan y el distanciamiento social es casi imposible.

Prieto se encontraba recluido en el Centro de Detención de Otay Mesa, en el estado de California, una de sus más grandes preocupaciones era la falta de insumos como tapabocas y guantes. Y este miedo se comprobó, luego de que se confirmara que esta es una de las prisiones para migrantes más afectadas por la pandemia.

Según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés), el Centro de Detención reporta tener 155 de los 1,201 casos confirmados por la misma institución, entre todos los que se encuentran bajo su custodia.

OCHO ENFERMOS POR HABITACIÓN

Cuando uno se aproxima a los exteriores de esa instalación, rodeada de montañas en una zona donde predomina el clima árido y seco, siente de entrada una sensación de asfixia, debido a las estrictas medidas de seguridad.

El vecindario tampoco es amigable: cuatro cárceles estatales y un centro de detención de menores completan una especie de complejo de máxima seguridad, al que Prieto llegó para ingresar en el centro de inmigrantes en enero, cuando la pandemia parecía todavía una posibilidad lejana.

El Covid-19 ingresó al Centro de Detención Otay Mesa en el mes de marzo del año en curso, luego de que un guardia de seguridad diera positivo a la prueba, esto hizo que rápidamente el contagio se replicara en los prisioneros y el personal.

Sin saber exactamente cómo, Prieto contrajo un mes después la enfermedad y estuvo convaleciente durante dos semanas, antes de recuperarse y ser inmediatamente deportado a México.

La distancia social es imposible en un sitio como Otay Mesa, en donde la celda en donde duermes es compartida, aun en la enfermedad, y en la cual los únicos remedios a los que tienes acceso son hacer gárgaras con agua y sal, además de lavarse las manos.

"Había ocho camas; todas ocupadas", recuerda sobre su convalencia Prieto, originario de Zamora (Michoacán, México), en una conversación telefónica con Efe desde la localidad fronteriza mexicana de Tijuana, donde se encuentra después de haber sido deportado.

Los momentos de mayor miedo los vivió cuando le tocó ver cómo se llevaban en camilla a algún compañero, que "ya estaba bien malo", lo que le hizo temer por su propia salud.

Uno de ellos fue probablemente Carlos Escobedo, que el pasado 6 de mayo se convirtió en el primer inmigrante fallecido en cautiverio después de haberse contagiado de la enfermedad en ese centro.

UN RUMOR CUANDO SE AISLA A UN PRESO

La situación en Otay Mesa no es exclusiva de este sitio, pues en diferentes cárceles de inmigrantes en todo el territorio de EE.UU., tal como Catahoula Correctional Center, ubicada en Luisiana.

Baldomero, un hombre guatemalteco tiene cerca de nueve meses recluido en esta cárcel, y con la incertidumbre de si el se ha podido infectar, pues los contagios por Covid-19 siguen reportándose todos los días entre sus compañeros.

Catahoula alberga actualmente entre 600 y 700 inmigrantes, de los que sesenta han contraído el virus, pero allí nunca hay anuncios cuando alguien da positivo en el test; simplemente la enfermedad es un rumor que crece cuando un recluso es separado y aislado.

Baldomero ha visto ya cómo varios de sus ochenta compañeros de módulo eran alejados y apartados del resto, sin que nadie les diera explicaciones. "Estaban aquí con nosotros, platicábamos con ellos e incluso les dimos un abrazo cuando se fueron, le saludamos y todo; les dimos la mano". Y ahora ni siquiera él mismo sabe si tiene la enfermedad, frente a la que sus únicos escudos son un tapabocas y jabón.

Aun así, el jabón es un bien escaso porque los internos solo disponen de una única pastilla para lavarse el cuerpo, a menos que tengan la capacidad económica de comprar más por su cuenta en la tienda del centro, pero en el caso de Baldomero, aquejado de una dolencia de los riñones, que trata con acetaminofén, es imposible.

Baldomero, quien habla con Efe desde el interior de la cárcel de Catahoula, fue detenido en una redada contra inmigrantes en agosto del año pasado, él es la principal fuente de ingresos para su familia, sus dos hijos uno de 7 y otro de 2 años, y su esposa la cual no puede trabajar por manifestar problemas con la vista.

NI MÁSCARAS NI ATENCIÓN MÉDICA

Las condiciones en los centros de detención han hecho sonar las alarmas de varios países latinoamericanos, como México, cuya estrategia se basa en exigir respeto a EE.UU.

El teléfono del cónsul de México en San Diego (California), Carlos González, no ha parado de sonar ante el centenar de llamadas de familiares y detenidos en Otay Mesa.

González quien es uno de los diplomáticos mexicanos más implicados en la defensa y protección de los inmigrantes y quien es conocedor del panorama que se vive dentro de estos centros, señala que la situación es angustiante. Una de sus principales preocupaciones es la falta de respeto a los derechos humanos de los presos, a causa del proceso, enumerando las condiciones de alto riesgo a las que están expuestos:

  • Falta de acceso a máscaras faciales
  • Compartir celda con otros detenidos infectados
  • No recibir atención médica cuando presentan otros síntomas que no son fiebre

Estos factores facilitan la propagación del COVID-19 en los centros, según el estudio "Impacto significativo en los inmigrantes y la atención médica local si las poblaciones de detenidos de ICE no disminuyen".

También puedes leer:

Una de las autoras del análisis, Traci Green, epidemióloga de la Escuela Heller de Política y Gestión Social de la Universidad de Brandeis en Massachusetts, concluye en declaraciones a Efe que las instalaciones cerradas que mantienen a las personas muy cerca "son posibles puntos calientes de COVID-19 ahora y en el futuro cercano".

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