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Miedo obsesivo al coronavirus trastoca la salud mental: especialista

Cristina Loyzaga, del Instituto Nacional de Psiquiatría, señala que en un periodo de alerta de salud, el comportamiento de algunos ciudadanos se puede ver afectado desde la mente

Por  Lorena Caro

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México.-El miedo y la angustia de contraer COVID-19 es para algunos ciudadanos parte de un periodo normal de estrés ante una situación de pandemia como la que atraviesa el mundo entero, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

Sin embargo, para especialistas, cuando esos sentimientos se vuelven obsesivos en la persona, acompañados de compras de pánico, temor a la muerte, prevención excesiva u omisión de prevención, entre otros, se estaría desarrollando un problema patológico de salud mental.

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La peor parte —según indicaron en entrevista para EL DEBATE— se la llevan quienes ya padecen un trastorno hipocondriaco, que les provoca pensar que tienen la enfermedad, cuando no es así.

Enfrentar el miedo

Cristina Loyzaga, coordinadora del Departamento del Trastorno Obsesivo-Compulsivo del Instituto Nacional de Psiquiatría, mencionó en entrevista para EL DEBATE que la forma en la que los seres humanos responden a los estresores, sobre todo a aquellos que de alguna manera ponen en riesgo la salud, normalmente recae en el cuerpo, que reacciona preparándose de diferentes maneras: el corazón empieza a latir más rápido, se cierran los vasos capilares de la piel para dirigir esa sangre hacia los músculos; es decir, se prepara para huir de un peligro, de un riesgo o para enfrentarlo de alguna manera. 

Lo anterior —dijo— pasa en un estado inicial agudo y ocurre por igual a todas las personas, lo que de alguna manera —agregó— permite estar alerta; sin embargo, dijo que cuando esa preocupación es excesiva y provoca una ansiedad muy elevada, se puede hablar de cuestiones patológicas en afectación a la salud mental: «La preocupación de diferentes síntomas y las enfermedades tiene un amplio rango; es decir, la persona puede preocuparse una forma normal, lo que cualquier persona se preocupa, y de ahí se va moviendo hacia diferentes tipos de problemas, como por ejemplo el trastorno obsesivo-compulsivo. En este, la persona considera que tiene una enfermedad o que puede adquirirla muy fácilmente, son ideas repetitivas», mencionó.

La especialista Cristina Loyzaga, con experiencia clínica de veinte años en pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos del espectro obsesivo, dijo que es una actitud preocupante cuando la idea de protección frente al COVID-19 provoca que la persona no funcione en actividades relacionadas a su trabajo, en su familia, en actividades lúdicas o que incluso afecte su economía con compras extremas. 

Puntualizó que si no pasa el elevado nivel, se puede decir que las respuestas están dentro el estándar, porque, efectivamente, hay un virus que está afectando y se está viendo en todo el mundo con afectaciones en países que por diferentes razones tienen problemas más graves y defunciones. 

Trastornos

Como ejemplo de la diferencia entre una conducta funcional y una que ya no lo es, dijo: «Si tenemos que lavarnos las manos en nuestra casa, más las veces que se requieren todos los días, o a lo mejor le exageramos un poco, nos tardamos dos o tres minutos o nos pasamos una toallita, no habría problema. Lo que sucede en estos casos es que ya empieza a salirse de control y empiezan a tener conductas que les llevan mucho más tiempo y empiezan a ser disfuncional, lavarse tres cuatro veces, ponerse a cada rato el gel o las toallitas no querer tocar ni si quiera a la gente de su casa, ahí sí ya podemos pensar que se está pasando a un terreno que sí requeriría una evaluación para ver que no brinque a otro lado mental», mencionó. 

A su vez, recomendó, como una forma de bajar los niveles de miedo, de angustia y de ansiedad frente a la situación pandémica por COVID-19, mantenerse informado, tal vez una o dos veces al día y de fuentes fidedignas.

Pero fuera de esto, agregó que hay una gran cantidad de videos, recomendaciones que no tienen ni pies ni cabeza, que una persona o un médico puede evaluar como falso, pero quienes no tienen esa información ni ese criterio se pueden espantar mucho y tener una reacción complicada. 

Por su parte, José Lizárraga Ochoa, psicoterapeuta psicoanalítico, señaló en entrevista para EL DEBATE que los trastornos hipocondriacos también se pueden ver impulsados por alertas sanitarias, como la actual. 

De acuerdo con la OMS, la hipocondría es una preocupación extrema por la salud, de carácter patológico. Su característica esencial es el miedo a padecer o la convicción de tener una enfermedad grave, autodiagnosticada a partir de la interpretación errónea de unos síntomas. Según detalló el experto, esta siempre va acompañada de una angustia que puede ser inconsciente o consiente. 

La hipocondriasis —dijo— básicamente se debe a una preocupación exagerada por una situación que está amenazando en este caso la vida del sujeto. Es a través del cuerpo desde donde se manifiesta la angustia, con preocupaciones que a veces son fantasmas irreales, según advirtió: «Generalmente la hipocondriasis tiene que ver con enfermedades ficticias que la mente del individuo causa por la angustia sin darse cuenta, está descargando en algún órgano del cuerpo una preocupación exagerada que, a su vez, siente un riesgo por su vida o una enfermedad grave», destacó. 

Pero el especialista mencionó que hay una diferencia entre el miedo y la angustia cuando se habla de hipocondriasis frente a situaciones reales, como el COVID-19. Explicó que, en este caso, el miedo es real frente a la situación que se está dando a través del panorama de salud mundial.

No obstante, dijo que, al ser un virus extraño y no haber medicinas, aumenta la angustia: «Hay que tomar precauciones, leer una fuente fidedigna que no distorsione la información, tomar las precauciones que se están indicando. Es para amortiguar un poco el miedo, que no se va a ir hasta que haya una vacuna o datos de que ya está controlada la enfermedad», expuso. 

Crisis colectiva

José Lizárraga Ochoa, también especialista en terapia de familia, dijo que el fenómeno de la angustia en casos colectivos ya ha sido estudiado múltiples veces, incluso destacó su libro Intervención en el estado de crisis y psicoterapias breves, donde se revela que tras el temblor de 1985 en México había un panorama de mucho miedo y angustia, y eso provocó que en los días posteriores se encapsularan en el cuerpo de los ciudadanos trastornos hipocondriacos, pérdida de sueño, náuseas, estreñimiento y dolores de cabeza: «Situaciones que venían originadas de una situación real». 

Un efecto cercano y actual con relación a ello —dijo— son las compras de pánico, que están incitadas por miedo y angustia de enfrentar la pandemia de COVID-19: «Como hay una acumulación de temores, de angustias, de problemas no resueltos, en este momento es como un vaso de cristal rajado, y con esta situación que se incrementa (COVID-19) esas rajaduras que ya existían acaban de desquebrajarse, y por ahí esta emanando toda la angustia. Esta situación va a pasar, pero esta angustia no se debe presentar en trastornos hipocondriacos más adelante», indicó.

Mencionó que lo que se necesita en situaciones de crisis mentales como las que pudiera estar causando la propagación de COVID-19 es que la gente hable, diga lo que está pasando por su mente, por qué está preocupada, y a su vez evitar hablar con personas que no están informadas, porque se crea una especie de bomba de tiempo que está ahí en la persona, como lo es actualmente el internet y la desinformación. 

Para enfrentar este tipo de casos, José Lizárraga Ochoa destacó la teoría del psiquiatra Gerald Caplan, que menciona la intervención comunitaria y destaca que es tan grande la demanda que existe entre miedo, angustia, ansiedad y estrés, que los mismos ciudadanos sin haber estudiado ni psicología ni terapia y sin ser especialistas, pero con un sentido común desarrollado, pueden convertirse en tutores, una especie de psicoterapeutas comunitarios.

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Según explicó a este medio, no se requiere más que informarse a fondo sobre el coronavirus y sus consecuencias, invitar a hablar a quien se muestre angustiado, que puede caracterizarse por estar pendiente en todo momento de la crisis, rezar mucho, expresar situaciones del fin del mundo, padecer insomnio, compras de pánico, entre otras.

  • 7 casos de COVID-19 confirmados en Sinaloa hasta el 25 de marzo del 2021.
  • 1.2 porcentajede letalidad del virus en México, de acuerdo con los casos confirmados
  • 46 casos de COVID-19 se registraron en Jalisco hasta el 25 de marzo del 2021, de acuerdo con el gobernador de dicha entidad, Enrique Alfaro. Ramírez.

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