Estilo y vida

Ideas para una nueva realidad poscovid-19: Ciclos y pandemia

Sara Verdugo comparte una reflexión acerca de los ciclos de los que forma parte la humanidad y como hemos enfrentado la pandemia de Covid-19.

Por  Sara Elizabeth Verdugo Gaxiola

La normalidad queda atrás, el impacto de los ciclos naturales hacia la humanidad ha sido tan grande que ha “roto” o modificado completamente nuestro estilo de vida.(Pixabay)

La normalidad queda atrás, el impacto de los ciclos naturales hacia la humanidad ha sido tan grande que ha “roto” o modificado completamente nuestro estilo de vida. | Pixabay

Sinaloa.- La vida en la tierra tiene sus ciclos de reciclaje de elementos químicos, estos ciclos se regulan cuando los elementos sufren un cambio en proporción con respecto a otros. Hay un consumidor para cada compuesto que se produce. Si un animal consume oxígeno, hay una planta que lo produce; para una arquea que produce metano, hay una bacteria que lo consume, por mencionar algunos ejemplos.

Los ciclos parecen no moverse, pues la proporción de elementos químicos en la atmósfera y en la tierra parecen no modificarse y, sin embargo, todo se mueve, está en equilibrio dinámico.

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Dentro de estos ciclos están los elementos vivos que lo conforman (planta, hongo, animal, microorganismo, etc.) y estos responden a las modificaciones del ciclo de diferentes maneras para asegurar su existencia, por ejemplo, las plantas alargan su tallo para encontrar una mejor fuente de luz, hay plantas con diferentes características para cada tipo de ecosistema y ambiente,  hay hongos que producen antibióticos en presencia de bacterias, el cuerpo humano tiembla cuando tiene frío o almacena energía en forma de grasas cuando está acostumbrado a no recibir alimento. 

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Este equilibrio dinámico se “rompe” o se modifica totalmente cuando el impacto hacia el ciclo o a un elemento que lo conforma es mayor a los recursos que tiene la vida para repararlo.  
¿Qué rompería un ciclo? Un contaminante… o muchos. Un contaminante es algo que está en donde no pertenece. Ejemplos conocemos, los humanos somos expertos en modificar ciclos para asegurar nuestra existencia y estilo de vida. 

La humanidad no tiene ciclos, la humanidad forma parte de ellos, no somos ajenos, los afectamos y nos afectan. Abrimos ciclos para producir alimentos, casas, ropa; todos los bienes y servicios habidos y por haber, bienes y servicios que nos facilitan la vida y nos hacen crecer en número con respecto a otros mamíferos en la Tierra, cada vez abrimos más ciclos y cerramos menos. 

La naturaleza reaccionó con una pandemia a las modificaciones de los ciclos impulsados por la humanidad durante años y la humanidad está reaccionando para mantenerse. Al principio no hemos entendido lo que nos metió en esta situación: el desequilibrio que generamos en los ciclos naturales con la extracción de recursos no renovables y una economía que promueve el consumo descontrolado de bienes y servicios aparentemente indispensables. Nuestra forma de reaccionar para mantenernos como humanidad ha sido bajo el mismo principio que nos metió en este problema y cada vez consumimos más desechables, más comida para llevar, guantes, caretas, popotes, aparentemente inocuos. Abriendo cada vez más ciclos, sin cerrarlos.

Nuestra forma de enfrentar la pandemia cambiaría con el tiempo. La mente y conciencia que hace único al humano, la que lo trajo hasta aquí, hace tiempo que funcionaba en automático, pero la pausa nos hace reflexionar. 

Durante el confinamiento ha aumentado el número de personas que deciden tener plantas en el interior de su casa. Las plantas nos hacen sentir mejor no solo porque son bellas, sino porque estas aportan oxígeno a nuestra casa, regulan la temperatura y el ruido, nos obligan a abrir las cortinas y ventanas para que entre el aire y luz. 

Llega un momento en que este primer contacto con la naturaleza no es suficiente y visitamos un parque público para ver gente, aunque no podamos acercarnos, y para mantenernos en forma, porque el virus es menos dañino cuando estás fuerte física y mentalmente. 
Cerrar los parques públicos al inicio de la pandemia ha sido un error que en ciertas ciudades rectificaron.  

La normalidad queda atrás, el impacto de los ciclos naturales hacia la humanidad ha sido tan grande que ha “roto” o modificado completamente nuestro estilo de vida para mantenerse funcionando. Hemos aprendido a la mala cosas importantes, y la nueva normalidad tiene que ser distinta y permanente.

Está claro que para que esta pandemia termine y mañana no tenga otro nombre, las industrias tienen que cambiar la forma en la que producen sus bienes y servicios, no pueden seguir enfocadas en promover el consumo infinito con recursos que se agotan y que forman parte de ciclos muy delicados. No pueden seguir extrayendo recursos sin hacerse responsables del desperdicio que generan al fabricar productos y cuando estos terminan su vida útil.

No pueden seguir produciendo alimentos con esa desorganización, en la que para alimentar un cerdo que se consume en China, la soja tiene que viajar desde el campo agrícola que antes era selva Amazona hasta Estados Unidos. Las industrias deben dejar de producir artículos desechables con el único fin de mantenerse vigentes y seguir vendiendo: ropa, celulares, electrodomésticos, automóviles, etc. Las ciudades deben dejar de crecer de manera desordenada, bajo el esquema erróneo de suburbios estadounidenses que promueven de nuevo el consumo y el desperdicio de  recursos valiosos, como combustible, espacio; y servicios, como luz, agua y gas natural. Este tipo de ciudades no solo son costosas para los Ayuntamientos, sino que cada vez impactan más en áreas naturales, acabando con la flora y fauna nativas. 

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Como individuos, no podemos hacer mucho contra las grandes industrias que abren ciclos sin cerrarlos; solo cambiar nuestros hábitos de consumo, para inducir sistemas de producción responsables.

Como individuos, tenemos que encontrar la felicidad fuera del consumismo tan normalizado, fuera de las compras, de viajar al otro lado del mundo para llegar a descubrir que la belleza está más cerca que nunca, que las cosas no son nada si no las compartes con las personas que quieres, esas cosas que te alejan de tu familia y amigos porque las compras, las producen, se abre un ciclo que no se cierra, la naturaleza reacciona y surge una pandemia.

Sara Elizabeth Verdugo Gaxiola.
Estudios: Ingeniería bioquímica en la Facultad de Ciencias Químico-Biológicas de la UAS.
Trayectoria: Cursa una maestría en Biotecnología Ambiental, en el Cinvestav del IPN. Es activista, como ciclista urbana promueve el uso de la bicicleta como medio de transporte. 
Canal en YouTube: https://youtube.com/c/FlorDelDesierto93
Foto fuente: Cortesía

 
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