Estilo y vida

Mamá y el mundo laboral

Un panorama que enfrentan muchas madres que trabajan fuera de casa

Por  Andrea del Carmen Montenegro Sánchez

Mamá trabajadora (Foto temática).

Mamá trabajadora (Foto temática).

La incorporación de las mujeres a los espacios laborales trajo consigo un gran cambio social, que aún no termina. María Teresa Guerra Ochoa, especialista en derecho laboral y fundadora del Colectivo de Mujeres Activas Sinaloenses AC y Conzuelo Gutiérrez Gutiérrez, presidenta del Colectivo de Mujeres Activas Sinaloenses AC brindan un panorama de condiciones a las que las madres se enfrentan al entrar al ámbito laboral.

“Las cosas han cambiado. Si revisamos como estaba México para 1950, encontraremos que solo un 13 por ciento de las personas que trabajaban fuera del casa, con un salario fijo, eran mujeres. Porque ellas trabajaban, pero dentro del hogar. Esto también va relacionado con la estadística de maternidad, para 1950, el control de la natalidad no estaba desarrollado, y las familias tenían en promedio 6 hijos por pareja. Y esto complicaba para la mujer su incorporación al trabajo”, analiza María Teresa.

Porque hoy el promedio de hijos por familia son 2, esto de alguna manera gracias a los avances en control de la natalidad y también la incorporación de la mujer a las universidades. La mujer hoy si está más incorporada al trabajo. Ya de esa proporción del 13 por ciento en los años 50’s andan cercanas al 40 por ciento de las mujeres que están en desempeño productivo. Casi el 50 por ciento de quienes están cursando una carrera son mujeres, un 49 por ciento aproximadamente, casi igual a los hombres. Aunque todavía vamos a encontrar que las mujeres están en ciertas carreras y no en todas.

“Hay más educación para las mujeres, hay menos hijos. Pero, ¿hay el suficiente apoyo a la maternidad? Creo que lo que todavía no se rompe es considerar como responsabilidad exclusiva de la mujer el cuidado de los hijos y la atención del hogar”, declara Guerra Ochoa. Esta concepción con la cual nos formamos, hace que muchas labores en la atención del hogar, de los hijos y la familia se consideran típicamente femeninas. Pero cada vez más hay hombres saben cocinar, que se hacen cargo de la atención de sus hijos, que no consideran que no sea masculino cambiar pañales. “Pero esto apenas empieza a cambiar. Todavía la mujer que trabaja tiene mucho lo que se conoce como una doble jornada. Es decir, la mujer trabaja fuera de casa y regresa a casa asumiendo el trabajo del cuidado, crianza y formación de los hijos y las tareas correspondientes al hogar”, señala.

Avances

Y esto va a generar que la mujer laboralmente, muchas veces sea relegada de oportunidades de ascenso simplemente por el tema de maternidad. Porque como la mujer trae más la carga del cuidado y la atención de los hijos, si el hijo se enferma, si hay que ir a las juntas escolares, es muchísimo más común que sea la mamá quien pida permiso y no el papá. Eso da lugar a que en muchos centros de trabajo todavía no se den las mismas oportunidades porque la carga de la atención de los hijos y el cuidado del hogar es más femenina.

“Empezamos a cambiar, si hay hogares donde podemos pensar que hay una distribución equitativa de todas estas tareas. Pero todavía no son los suficientes. Mientras no tengamos esa distribución equitativa de las tareas, vamos a seguir viendo que hay barrera invisibles en materia de promoción laboral de la mujer y su mayor crecimiento económico en el trabajo”, comenta la especialista en derecho laboral.

Entonces, ¿es más difícil la maternidad hoy que antes? “No lo creo, porque antes no existía, con todo y que todavía son insuficientes los espacios de guardería, antes no las había. Claro, podemos decir es que antes la mujer no se incorporaba tanto al trabajo fuera del hogar, pero también era porque la mujer tenía muchos hijos. Además, había una alta incidencia de muerte materna e infantil. Hoy hay más medios para atenderla”, puntualiza la fundadora del colectivo.

El desarrollo ha generado mejores condiciones. Lo que se ocupa todavía es menos machismo y mejor distribución de las tareas del hogar. Estamos en mejores condiciones, hay más leyes, hay más formas de proteger a la mujer. Hay más libertad para decidir la maternidad. Anteriormente no era libre, era impuesta, porque biológicamente no se hallaba como controlarla, si querías tener una sexualidad, era casi automático tener hijos, y ahora no. Hay medios para prevenir, si no deseas en determinado tiempo tener una maternidad.

También hay cada vez más políticas, con todo y los rezagos y los prejuicios, que abogan a favor de esa libre maternidad.

Hay también más redes de apoyo y más sensibilidad en torno a que debe de promoverse la plena incorporación de la mujer al trabajo y también un pleno respeto a los derechos humanos de las mujeres.

“Si hablamos de retos, creo que debemos trabajar mucho más desde el hogar para empezar a formas una nuevas generaciones. Porque nosotras como mujeres, madres, también a veces reproducimos el machismo; formamos hijos varones a los cuales no les inculcamos que también es su responsabilidad si tienen hijos, cuidarlos; prevenir un embarazo. Tenemos que educar a los hijos varones responsables en paternidad, y tenemos que tener otra concepción de la paternidad. Porque va a cambiar, vamos a tener una mejor sociedad, si tenemos una paternidad más responsable”, enfatiza María Teresa Guerra.

Efectos

Conzuelo Gutiérrez destaca que la incorporación de las mujeres al ámbito laboral ha sido gradualmente en aumento. En los últimos años podemos hablar de un número importante de mujeres en todos los espacios, incluso en aquellos que se consideraban masculinizados, que eran exclusivos de hombres. Cada ves las mujeres han arribado más al poder incluso político, empresarial, en todos los ámbitos se ve la participación mayor de las mujeres.

“Sin embargo, hay que decirlo, sigue habiendo esta doble y hasta triple jornada, donde las mujeres si están haciéndose presentes en el espacio público, pero no hemos logrado que los hombres ocupen un lugar importante en el trabajo doméstico. Y esto ha venido a representar para las mujeres precisamente un trabajo doble o triple por aquello de los roles que seguimos desempeñando las mujeres independientemente de que estemos ya incorporadas en el ámbito laboral, en lo público”, opina Gutiérrez Gutiérrez. Y agrega que los roles están ahí. Y que si bien considera que hay personas que han ido cambiando estos roles, son pocas, hombres y mujeres, no los suficientes para hacer la diferencia en una sociedad como la nuestra, que sigue siento tan machista.

Las mujeres vienen de alguna manera, cargando con todo esto a cuestas, muchas veces en perjuicio de su salud emocional y salud física. Siempre son las últimas en atenderse a si mismas, primero es ver por los hijos, por el esposo, la casa, etc., y ahí es donde las mujeres van a un estado de abandono.

“Y es que tenemos la idea de que las mujeres siempre tenemos que cumplir con creces o dar un plus en todo, en el trabajo, para que se nos reconozca al mismo nivel que los hombres. Por ejemplo, en el ámbito laboral, para que una mujer sea reconocida, avance, tenga un ascenso, tiene que estar haciendo casi el triple de trabajo que haría un hombre para que se les considere del mismo nivel. Para demostrar en un empleo sus conocimientos, sus capacidades, siempre van a tener que dar ese extra de lo que haría un hombre, para que sean considerados a la par. Eso carga demasiado a la mujer, incluso en detrimento de su salud”, expone la presidenta del colectivo.

Añade Gutiérrez que todavía encontramos muchos obstáculos que derribar par que las mujeres ejerzan todos sus derechos de manera plena y que en ámbito laboral haya lo que se dice, un ‘piso parejo’, igualdad de oportunidades, para hombres y mujeres. Porque igualmente se aprecia que por el mismo trabajo, una mujer gana menos salario que un hombre.

Y al hablar además de las condiciones que privan en mucho de los espacios laborales de cualquier índole, se encuentra que también priva la discriminación, la exclusión, incluso la violencia contra ellas, hostigamiento, acoso sexual. Minimizando su trabajo, exigiéndoles más de lo que se le exigiría a un hombre, ridiculizándolas. Todo esto crea un clima de hostilidad para las mujeres, que no permite su sano desarrollo, porque estas condiciones muchas de ellas las callan y siguen trabajando por necesidad.

“La independencia y la autonomía económica de las mujeres es fundamental para el ejercicio pleno de sus derechos humanos. Es necesaria esa independencia económica para que las mujeres exijamos el resto de nuestros derechos”, expone Conzuelo Gutiérrez.