Guadalajara

A causa del Covid-19 no podía ver a su hija, una residente de Puerto Vallarta, contagiada de este virus

Doña Norma, originaria de Puerto Vallarta, cuenta como fue el tormentoso momento de saber que su hija y su yerno se habían contagiado de Coronavirus y al ser ella un sector en riesgo no podía ir acompañarla, pues temían que se contagiara, sin embargo, algunas después y tras el miedo de perder a su hija, ella pudo volver a abrazarla 

Por  Adolfo Torres Martínez

Hospital Regional de Puerto Vallarta, área en donde se encuentran los pacientes Covid-19(Adolfo Torres Martínez)

Hospital Regional de Puerto Vallarta, área en donde se encuentran los pacientes Covid-19 | Adolfo Torres Martínez

Puerto Vallarta, Jalisco. - Una de las más grandes preocupaciones es ver enfermar a alguno de sus hijos, pero cuando esto sucede estar ahí para consolarlos al tiempo de ayudar en su curación, pero aquellos cuyos vástagos se contagiaron de Covid-19, no pueden si quiera estar con ellos.

Tal es el caso de Doña Norma, quien habló de la difícil experiencia que vivió a lo largo de más de un mes, cuando su hija cayó enferma, tras contagiarse con el coronavirus SARS-CoV-2 y poder estar a su lado para tratar de atenderla.

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“Me preocupaba que llegara a enfermar más, que llegara al hospital, eso a mí me provocaba mucha preocupación sobre su enfermedad y lamentablemente transcurrían los días y escuchaba en su voz que iba decayendo cada día más y desafortunadamente su esposo también se contagió y tuve que tomar más fuerzas porque sabía que los dos estaban mal y yo estaba bien y no poderla ir a ayudar es una impotencia tan grande que siente uno”, señaló la madre.

La mujer de 61 años de edad recordó que su hija se empezó a sentir mal un miércoles, enterándose mediante una llamada telefónica “que se sentía mal y que iba ir al doctor; el doctor en primer instante le diagnosticó bronquitis y ya después se detectó lo del Covid, pero durante todo ese tiempo estuve como su madre muy preocupada porque ella con su esposo y entonces yo no la podía ir a ver, mi preocupación cada día era más”.

Recodo que al principio su hija se oía cansada, cuando le hablaba por teléfono, había días que se oía muy mal, muy agotada, entonces para mí fue por lo que para ella como madre fue un tiempo muy difícil, afortunadamente, señaló que la tecnología es muy buena y se pueden hacer videollamadas, pero no es lo mismo, acotó.

Manifestó que fue el esposo de su hija quien al no haber resultado con muchas secuelas por el padecimiento, pudo hacerse cargo del hogar de la pareja en tanto estuvieron enfermos
“Gracias a Dios él no salió tan afectado con la enfermedad, es más fuerte o le atacó menos, no sé y bueno transcurrió el tiempo y ya los veo, pero para mí fue un tiempo muy angustiante el no verla casi un mes o más de un mes porque no le dieron el alta pronto porque ella sentía sintiéndose mal y su esposo también retraso su alta y por lo tanto a ella tampoco le podían dar su alta porque su esposo todavía estaba convaleciente y yo a ella no la veía casi un mes”.

Un momento de frustración que vivió, dice, fue la primera vez que la pudo ver, luego de más de un mes, porque no pudieron tener contacto físico, por el temor que existía de que todavía existiera algún tipo de carga viral.

“Mi experiencia fue muy difícil, cuando la pude ver, fue para mí una alegría muy grande, aunque desafortunadamente no podíamos tener contacto de abrazarnos, ni nada, porque los doctores le dijeron que no, que todavía no podía tocar personas, ella andaba con doble cubrebocas y pues la verdad fue un tiempo muy difícil y no se lo deseo a nadie”.

Y es que Doña Norma padece de enfermedades crónico degenerativas, por lo que es muy vulnerable en caso de llegar a contagiarse con el coronavirus SARS-CoV-2.

“Yo desafortunadamente tengo diabetes y tengo hipertensión y un poco de obesidad, entonces tenía mayor riesgo de contagiarme, por lo tanto no podía ir a verla, yo le decía que iba a dejarle una comida, aunque fuera en la puerta y ella no quería por las inconveniencias y era más riesgoso que yo me contaminara del virus, por eso no podía ir a verla”.

Durante el tiempo que su hija estuvo confinada todo lo que sabía sobre ella, era lo que su misma descendiente le informaba, fuera vía telefónica o mediante videoconferencias.

“Ella me comenta que tuvo momento muy críticos, tenía la calentura muy fuerte, no le bajaba en ningún instante, tenía que bañarse tres-cuatro veces al día y cuando le llegaban los accesos de tos eran tan fuertes que le provocaban vomito o sea muy mal la pasó en cuanto a los achaques de la enfermedad, dolores de cabeza, no poder dormir y no encontrar una postura porque le dolían los pulmones y se acostaba boca abajo, no podía dormir de lado, le dolía el pulmón, se acotaba del otro e igual le dolía, fue muy incómodo para ella ese tiempo, sobre todo los primeros días, me supongo que eso fue lo más difícil para ella, porque no podía dormir en la noche por el mismo dolor de pulmón”.

Recordó la impotencia que sentía de no poder ir a atender a su única hija, ya que ella quería ir por lo menos a cocinarle durante los días más difíciles del padecimiento.

“Eso a mí me causaba un dolor moral, más que físico, pero moral es un dolor tan desgastante por no poder ir a proteger a tu hija, aunque ya es adulta y se vale por sí misma, pero estaba enferma y sé que no tenía ánimos de hacer nada y yo no poder ir a hacerle un plato de sopa, muy desgastante emocionalmente”.

Señaló que de ser por iniciativa de ella, desde el primer momento se hubiera dirigido a la casa de su yerno, pero fue la pareja quien en todo momento se negó a recibirla, por el temor que sentían de contagiarla.

“Ella nunca me lo permitió, inclusive yo le compré una miel virgen para que se la tomaran y yo le preguntaba ¿cómo te la llevo? ¿cómo te la llevo?, pero ella no me permitía ir y yo había pensado irme sin avisar, bajarme del camión y colgarla en el zaguán y decirle tienes la miel colgada en el zaguán y aunque sea verla de lejos, pero nunca me lo permitió, mejor ella adquirió un servicio de envío a domicilio y pues fueron por ella a mi casa y ya se la llevaron, pero nunca me permitieron ir por el riesgo que ella tenía, pero para mí fue muy duro”.

Pero el dolor continúo después de que su hija fue dada de alta, ya que una vez que pasó esto, tuvo que esperar otra semana para poder verla, pero sin poder tocarla, para lo cual tuvo que tener mucha fuerza de voluntad.

“Una impotencia, me controlé mucho, ese día…, el rato que estuvimos juntos, cuando llegó a mi casa, me tuve que controlar para no ponerme triste, para entender la situación, si sentía el distanciamiento, muy difícil, me costó mucho trabajo no poderla abrazar”.

Todo ese sufrimiento acabó, el día que por primera vez le pudo dar un abrazo a su hija, de esto había pasado casi mes y medio sin poderla siquiera rozar.

“Imaginase, la primera vez que la abrace y le pude dar un beso, aunque fuera con el cubrebocas, fue algo formidable, pues como volverla a tener, porque cuando estaba enferma sentía que ya no la tenía y ya volverla abrazar y besar, creo que valió la pena, porque ella está bien y yo gracias a Dios no me he contagiado del virus, porque me lavo las manos, uso cubrebocas…, todo lo que manda la norma y pues yo no me he enfermado y ahora entiendo ese tiempo difícil que pasamos”.

Finalmente, la mujer agradeció a las personas que apoyaron a su descendiente; así como al esposo de ella, al llevarles alimento a su casa, mientras no pudieron salir de su vivienda por estar confinados.

Dios puso ángeles a su lado porque amigos de él y de ella les hablaban para ver que les hacía falta  y ellos le llevaban en sus carros y les pedían lo que les hacía falta, se los dejaban en su puerta y se iban, de igual manera, ellos nunca permitieron que se llegaran a contagiar por ellos, se mantuvieron encerrados en su casa, no salieron para nada, y gracias a Dios sus amigos les llevaron las cosas que llegaron a necesitar”.

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