Guadalajara

Desde 1840, un vampiro vive en el tronco de un árbol de Guadalajara

La leyenda cuenta que una vez que el arbol se caiga o se seque el Conde de Baldor retornará a la vida y vengará su muerte con la vida de los desendientes de quienes lo postraron por años en ese lugar

Por  Carolina Solís

Se dice que con la muerte de este árbol el vampiro que dentro de él descansa recobrará vida y atacará de nuevo a la población de Guadalajara.(Foto: Carolina Solís)

Se dice que con la muerte de este árbol el vampiro que dentro de él descansa recobrará vida y atacará de nuevo a la población de Guadalajara. | Foto: Carolina Solís

Guadalajara, Jalisco.- El tropel de los caballos al jalar los carruajes de los hacendados de Guadalajara o de sus visitantes pronto dejó de escucharse al salir la luna durante la década de 1840.

En los hogares más humildes desde temprana hora las lámparas dejaban de alumbrar y todo mundo buscaba ir a sus camas.

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Por un largo tiempo, en cada mañana ganaba terreno el temor. Una nueva víctima era encontrada sin vida desde la orilla de un corral o hasta en las banquetas de la ciudad. Solo las marcas de unos colmillos al cuello quedaban como evidencia.

En contra parte, las haciendas de la gente más acaudalada de la región preparaban uno y otro banquete con la esperanza de que el recién llegado de Europa se dignara a sentarse en su mesa y hablar de eso que todo mundo decía que sabía hacer muy bien: negocios, pero este jamás llegó.

Carruaje
Tipo de carruaje utilizado a mediados del siglo 19. Foto: Temática

Conde de Baldor era su nombre. Su piel era blanca, pelo rubio y poseía un rostro bien parecido, aunque muchos se decían intimidades con la mirada que provenía de aquellos ojos color azul. Esto se acentuaba al descubrir su altura, ese cuerpo fornido y la soledad en la que solía refugiarse.

Pronto, empezó a correr el rumor de que un vampiro vivía en la ciudad y el Conde de Baldor era el primer sospechoso, debido a la similitud que tenía la descripción del extraño ser con el empresario recién llegado del viejo continente, de que las extrañas muertes empezaron a suceder tras su llegada y por si fuera poco mucha gente aseguró verlo deambular de noche por las calles.

Incios del campo santo hoy Museo Panteón de Belén. Al fondo se aprecia el mausoleo central, mientras que al cosatado del pasillo lucen decenas de árboles frutales.
Foto: Cortesía de Alejandro Bernal, guía turistica del lugar.

Los forasteros dejaron de llegar a Guadalajara de noche, preferían pernoctar en las haciendas ubicadas en los municipios aledaños como Tlaquepaque, Tonalá o Zapopan con tal de no pisar de noche el suelo tapatío. Se decía que con el simple hecho de estar de noche en esta zona te convertías en presa fácil de aquel vampiro.

Tras días, semanas, meses de ver que las muertes no saciaban, la familia de una de sus últimas víctimas salió a cazarlo. Una vez que lo tuvieron de frente le dieron muerte con una estaca de madera clavada directo al corazón, tal cual como les habían dicho debían darle muerte por ser vampiro.

Tras el tronco del árbol otras tumbas yacen a un costado de la famosa "Tumba del vampiro" o Conde del Baldor. Foto: Carolina Solís

Su último lecho fue un enorme jardín frutal que recién había recibido la bendición como campo santo. Ahí su cuerpo fue enterrado aún con la rudimentaria estaca de madera atravesando todo su ser. Nadie se animó a retirarla por temor de que este retornara a la vida.

Con el paso de los años, un pequeño árbol comenzó a crecer y a envolver la tumba, tal cual lo hace una madre con su bebé en el regazo. Poco a poco aquella urna rectangular empezó a desaparecer mientras que cada vez ganaba más espacio un tronco que extrañamente lucía rectangular.

No había mayor explicación. Aquella estaca tenía vida y la muestra eran las numerosas ramas que hacía el cielo se extendían.

Hoy, 179 años después aquel árbol ya exhibe en su tronco el paso de los años y evidencia la curiosidad de la gente, quienes lo han raspado, arrancado hojas y cortado ramas esperando que al hacerlo destile sangre.

Verdad o mentira, pero cuenta la leyenda que el día que el árbol se llegue a caer o se llegue a secar el vampiro resucitará y desquitará su furia con los descendientes de todas las personas que intentaron matarlo y concretaron su muerte.

 

Leyenda y realidad

La historia del Conde de Baldor o tumba del vampiro es la leyenda más antigua del hoy Museo Panteón de Belén, el cual se ubica en el centro de la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

Sobre él conde se cuenta otra versión más benévola aclara Alejandro Bernal, una vez que concluye el recorrido turístico que guía. "La versión oficial era que sí fue un conde y tenía muy buena visión para los negocios", dice.

Asimismo, agrega que es cierto que la gente de elite que vivía en Guadalajara y sus alrededores tras su llegada pronto se interesaron en hacer negocios con él, pero el Conde de Baldor nunca sucumbió a sus propuestas.

Panteón de Belén
Cerca de 70 turistas escuchan atentos la leyenda del Conde de Baldero o "La tumba del vampiro" del Museo Panteón de Belén de Guadalajara. Al fondo se aprecia el enorme tronco y las numerosas ramas que se desprenden de él. Foto: Carolina Solís

"El conde nunca fue. A él le gustaba convivir con los pobres, mientras que los ricos le reclamaban sus desprecios, le cuestionaban que cómo era posible que prefiriera ir con la gente que en lugar de darle algo le quitarían por el simple hecho de ser tan pobres".

Respecto a sus paseos nocturnos, también fueron reales pero la intención con la que los realizaba era otra totalmente alejada de la fantasía que implica una leyenda.

"De sus salidas nocturnas se dice que en realidad eran con el motivo de llevar ayuda, comida, vestido o cobijo a todas las personas que vivían en la calle o en las afueras de los templos de Guadalajara", puntualiza Alejandro Bernal. 

Árbol de la tumba del vampiro del Panteón de Belén de la ciudad de Guadalajara.
Algunas viejas ramas del árbol que alberga la tumba del Conde de Baldor ya lucen el paso del tiempo y el maltrato que ha vivido por parte de los turistas curiosos. Foto: Carolina Solís

Verdad o mentira, la tumba ahí está a la espera de que vayas a verla mediante uno de los tantos recorridos que diariamente ofrece a los turistas el Museo Panteón de Belén. Pero recuerda, que para encontrarla deberás buscarla dentro de un tronco de árbol el cual tiene una inusual forma rectangular.

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