Guamúchil

Con dolor recuerdan tragedia del trenazo en San Marcial

El accidente ferroviario ocurrió el día 9 de agosto, cuando el puente cayó al pasar por el arroyo Cuatro Vientos.

Por  Esmeralda Bañuelos

Así luce tres décadas después el lugar donde colapsó el Tren Burro.(EL DEBATE)

Así luce tres décadas después el lugar donde colapsó el Tren Burro. | EL DEBATE

Guamúchil, Sinaloa.- Desesperada por salvar a los niños atrapados en el vagón del tren, trató de sacarlos, pero no había tiempo que perder: los arrojó por la ventana hacia la tierra que rodeaba el arroyo Cuatro Vientos. Pero al sacar al último de los cinco pequeños y buscar al resto de los niños, la mujer se dio cuenta de que en realidad eran las aguas del arroyo a donde los había arrojado, porque la oscuridad y el brillo de la luna en las aguas del caudal hacían ver la corriente como tierra firme.

Con solo uno de los niños de siete que traía, la mujer se ahogaba en su dolor al darse cuenta de lo que había hecho. Entre gritos desgarradores la encontraron los pobladores al llegar a la trágica escena del trenazo de 1989, el accidente ferroviario ocurrido en las vías que cruzan la comunidad San Marcial, Guasave, al derrumbarse el puente sobre el arroyo cuatro vientos.

Hoy se cumplen treinta años del fatal hecho que arrebató la vida a más de 110 personas, centenares de heridos y desaparecidos. Se dice que muchos de los cuerpos nunca se encontraron.

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Los pasajeros del Tren Burro dormían cuando el tren se descarriló justo al pasar por el puente del arroyo. Los cimientos se derrumbaron, y los vagones cayeron a las frías aguas, y el resto quedaron colgando por ambos lados del puente. Eran las cuatro de la mañana de aquel negro día 9 de agosto. El descarrilamiento despertó a los pobladores de las comunidades cercanas.

“Se escuchó un fuerte golpe que nos despertó, y escuchamos que se había descarrilado el tren y nos fuimos corriendo a ver qué pasaba”, relata uno de los vecinos de la comunidad El Serrano, Filiberto Reyes.

El llanto de las madres se podía escuchar a lo lejos. Era un solo llanto de dolor por sus hijos, que se los llevaba la fuerte corriente de las frías aguas del arroyo. Otros agonizaban bajo los fierros retorcidos del Tren Burro, y muchos más quedaron sepultados bajo el lodo, las aguas y a kilómetros de distancia en las rancherías de los alrededores. En cuestión de minutos la gente de las comunidades acudió al lugar, sin imaginar lo que estaban por presenciar. Los vecinos de la comunidad El Serrano reflejan tristeza en su mirada al recordar aquella horrible escena: gritos, llantos, gente buscando a sus familiares, personas atrapadas pidiendo ayuda, muchos cuerpos regados por todos lados. Otros levantaban sus manos pidiendo ser rescatados.

Esta es una de las imágenes de EL DEBATE al acudir la negra mañana del 9 de agosto al arroyo Cuatro Vientos, en San Marcial. / Fotografía: Archivo EL DEBATE

“Era un desastre. A mí me tocó cargar los cuerpos de muchos niños y personas. Miraba que a algunas personas las traían arrastrando de un pie o de una mano, por la misma situación de que nunca se había visto esto y no se sabe cómo reaccionar, pero ayudé cargando a los fallecidos. Teníamos que sacarlos como a 200 metros del arroyo, porque se había desbordado y llegaba hasta las parcelas”, recuerda el señor Francisco Orozco, quien en ese tiempo era un joven y fue de las primeras personas en llegar al lugar.

Otro de los testigos es Antonio Moreno, quien era un adolescente en ese tiempo. Lo despertaron con la dramática noticia, y se fue de “raite” con un vecino a socorrer a las víctimas: “Cuando llegamos, ya había gente sacando los cuerpos, ya llevaban muchos. A cada rato echaban viajes las ambulancias porque no se daban abasto de los muchos cuerpos que había. Yo ayudé a don Pancho a cargar a los muertos porque estaba plebe y no podía mucho, pero sí recuerdo que eran muchos muertos, había de todo. Los acarreamos a una parcela como una hora y media, porque ya las autoridades no nos dejaron entrar. Entonces nos fuimos a una capillita que está en San Marcial, ahí era el lugar donde los estaban dejando, y llegaban por ellos para llevárselos a las funerarias”.

Pero entre la tragedia hay historias de sobrevivencia: “Cuentan que un niño se salvó arriba de una maleta, cuando lo arrastró la corriente. Lo encontraron en uno de los ranchos de los alrededores”, contó el padre de familia César Estrada. También recuerda la historia de la mujer que aventó a los niños al agua creyendo que era la tierra. Esta amarga anécdota es una de las historias que más presente quedó en la memoria de los testigos del trenazo.

En el personal de la estación de Bomberos de Guamúchil esta fecha es inolvidable. Uno de los rescatistas que acudieron al llamado de la emergencia aquella madrugada fue el conocido Tigre” José María Valenzuela, uno de los encargados de contabilizar los cuerpos: “Lo recuerdo de una manera muy triste. Ha sido una de las peores tragedias que hemos tenido aquí en la región. Recuerdo que conté hasta 115 personas, pero tuvimos un faltante de 50 a 60 personas que nunca se encontraron. Al llegar al lugar escuchábamos gritos, lamentos, pero estaba oscuro todavía, y la gente gritaba pidiendo ayuda. Cuando aclaró, pudimos ver la magnitud de la tragedia”, relató quien en aquel tiempo era un jovencito y recién se incorporaba a Bomberos.

Quien dio a conocer la terrible noticia a la sociedad de esa época a través de EL DEBATE de Guamúchil fue la reportera Lizzeth Nájera. Al llegar a lugar de los hechos, fue difícil decidir si continuar su labor como periodista o ayudar. En su memoria, la dolorosa escena está presente como si fuera ayer: “Mucha gente venía dormida, la gente no tuvo ni tiempo de nada. Al llegar al lugar miré muchas mujeres y niños regados por todos lados entre el lodo. La gente gritaba los nombres de los familiares, abrían los belices buscando ropa para limpiarse la sangre. Otros con las manos rascaban el lodo tratando de encontrar a sus familiares. Recuerdo a una de las mamás traía a su hijo en brazos y andaba buscando a su otro hijo, decía que se le había soltado. Era como una película. Mis compañeros y yo no sabíamos que hacer, si ayudar o seguir con nuestra labor”.

Lugar donde ocurrió a la tragedia. / Fotografía: Cristo De La Cruz EL DEBATE