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"Debe el Gobierno dejar de mentir": desplazados

GUAMÚCHIL

Guamúchil, Sin . - Todos aquellos que se encuentran sin casa, que han perdido todo lo material y hasta la identidad misma, exigen que el Gobierno deje de decir que están regresando a su casa, aun cuando ese es su más grande deseo, las pocas garantías de seguridad que el Gobierno de Mario López les ha dado les impide regresar a su hogar, aquél que les fue arrebatado en enero de 2012.

Evidencia. "Ninguna familia estamos regresando, no podemos, es mentira que eso esté sucediendo, todos estamos en el mismo lugar, esperando a que el Gobierno voltee a vernos y nos diga qué es lo que hay que hacer, queremos respuestas", sostuvo Esperanza Hernández, líder de los desplazados en Sinaloa, quien dice tajantemente: "No entiendo por qué hacen esas declaraciones, no nos han apoyado en nada, nos sentimos indignados cuando anuncian apoyos para nosotros, si no lo están haciendo, he visto a las mismas familias amontonadas en una casa, nadie ha regresado a su pueblo porque no hay seguridad, aun cuando todos deseamos hacerlo, no podemos por temor a algo".

Declaraciones. La líder expone que no es posible que se den declaraciones de esta manera tan irresponsable si no se ha tenido contacto con las personas.

"Juan Ernesto Millán dijo un día que había apoyado a los desplazados con cerca de 13 millones, de inmediato fuimos a verlo y no nos pudo recibir, pero le dejamos la pregunta: ¿a quién le entregaron ese dinero?, cuando vino el gobernador a inaugurar el bulevar Morelos no llegamos a nada, no tenemos apoyo".

Sobrevivir. Los desplazados día a día intentan sobrevivir, pues levantarse cada mañana los obliga a eso, pero no tienen vida, ya que no son "ni de aquí ni de allá".

La depresión, el desespero y el no ver claro se mezclan, esos sentimientos que cada vez más están creciendo, pareciera están sustituyendo a la esperanza, esa que a rato encuentran y les dice "calma", pero los mayores se niegan a morir sin antes no ver su terruño, mientras que los jóvenes añoran el estar en el campo, tener ese ingreso seguro, pero los niños, los pequeños que recuerdan vagamente su lugar de origen, desean jugar en los prados.

"Estoy muy deprimida, cómo extraño mi casa, me siento mal de ver la situación en la que están mis hijas que son viudas, los hombres que no tienen trabajo, que no tenemos nada, porque la casa en la que vivimos no es ni nuestra, es prestada, allá teníamos todo, no pasábamos hambres", comenta Manuela Valenzuela, que ve a sus 10 nietos correr, contempla su alegría y desea que los niños al menos tengan una vida mejor, pues en su casa, que es de seis por cuatro metros, viven 19 personas.

"Aquí estamos, esperamos aguantar hasta donde podamos, no nos trajimos nada, la casa donde vivimos es prestada, era un tejabán y le pegamos las paredes, ahora ya estamos un poco más protegidos, cuando estuvimos el primer año no teníamos luz, hoy por fin ya tenemos, pero la tristeza sí la sentimos, mis hijas que están viudas, mi nuera a la que le mataron sus hermanos, eso duele."

Los desplazados aun cuando están pasando una situación difícil, aseguran que agradecen estar vivos, salir completos, pues hay otras familias que no salieron completas, que murieron allá arriba.