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La tragedia de Huguito sigue causando ecos en la zona serrana

MOCORITO

Mocorito, Sin. Imposible es describir el sentimiento que invade al pasar por el arroyo La Igualama en San Benito, Mocorito. Una capilla en un área protegida con malla ciclónica es el único rastro que dejó aquella desaparición que marcaría la vida de todas las personas en la región del Évora y demás municipios de Sinaloa.

En carne propia. Sin duda, todos sufrimos juntos la desaparición del pequeño Hugo, no hubo quién no volteara al cielo a pedirle al Todopoderoso que le diera consuelo a los padres y apareciera el cuerpecito del niño. Las súplicas de pueblos enteros fueron en vano, el cuerpo del pequeño Hugo Humberto, de 2 años y medio de edad, nunca fue encontrado, y hoy, a tres años de su desaparición, familiares siguen recordando al niño del triciclo, al niño que con su peculiar ingenuidad y espontaneidad se robaba los corazones de quienes lo conocían. Hoy, a mil 96 días de su lamentable pérdida, se sigue llorando la muerte de Huguito como si hubiese sido ayer; su padre sigue buscándolo con la esperanza de encontrar al menos un indicio, y en su dolor sigue lamentando los hechos del fatídico 10 de julio del año 2011.

El dolor no se acaba. Hugo Humberto Gastélum López, hijo menor de Francelia López y su padre del mismo nombre, pereció la noche del 10 de julio de 2011, cuando el señor Hugo intentaba cruzar el arroyo La Igualama con él y sus dos hermanas, Diana Marisol y Greici Francelia, a bordo. Los planes no salieron como él esperaba, nunca llegó a cruzar el arroyo con sus tres hijos, después de tomar esa decisión que le arrebataría de su vida lo más preciado, nunca volvió a ver a su pequeño hijo, a su "varoncito", como él mismo le llama. La tragedia abrazó a toda la sierra mocoritense, cuadrillas de cientos de personas de todos los poblados, y hasta de este municipio, se sumaron a la dolorosa búsqueda del cuerpo de Hugo, sin embargo, pese al incansable esfuerzo y a la fuerza de su padre, Hugo no apareció. Sus padres no pudieron dar cristiana sepultura a su pequeño cuerpo, y el dolor se quedó consumiéndoles el alma. Hoy, después de tres años, aún no pueden hablar del pequeño, todavía lloran como niños la pérdida del más pequeño de sus hijos, ese niño que cumplió su ciclo cuando aún no articulaba bien sus palabritas, aquel bailarín nato que dejó una huella muy marcada en El Potrero de los Gastélum.

En memoria del travieso Huguito su padre hizo a las orillas del arroyo un pequeño espacio en honor al niño, una capilla con sus juguetes, y hasta un tizón para cocinar, y según su creencia, pasa ratos en compañía de su hijo cada domingo. Justo a la orilla del arroyo hay un pequeño montoncito de tierra, que asemeja una tumba, encima del mismo hay una cruz que solamente dice "Huguito", entrar a ese lugar hace sentir el dolor y cada lágrima que los padres han derramado por su hijo, para muchos sería difícil comprender que sigan íntegros honrando la memoria de ese hijo que les fuera prestado por sólo dos años y medio.

Cada diciembre, cuando fuera el cumpleaños de Hugo, sus padres ofrecen una piñateada, a la cual invitan a todos los niños de la comunidad El Potrero, incluso don Hugo comenta entusiasmado que este diciembre la fiesta será en grande y hasta pretenden "jalar" la banda, pues también festejarán los 15 años de una de sus hijas.

Un día negro. Fue un domingo el 10 de julio de 2011, había caído un torrencial en la región. Hugo (padre) venía desde Guamúchil, en donde había dejado a su esposa Francelia, quien viajaría a la ciudad de Tepic; serían las 23:00 horas cuando llegó al arroyo La Igualama o El Guasimal, pensó que la corriente no era fuerte y lo atravesó, después de todo su vieja camioneta era alta y seguramente no tendría problema. Justo en medio el motor se apagó, rápidamente Hugo tomó en brazos al pequeño niño para rescatarlo de las aguas y dejándolo a las orillas del arroyo, a su parecer a salvo, el hombre regresó por las dos pequeñas, de 12 y 13 años. Cuando regresó al lugar el pequeño ya no estaba, sin duda presa del miedo siguió a su padre sin que él se diera cuenta y cayó al arroyo, el cual literalmente se lo tragó. En cuanto salió el sol el día lunes comenzaron las labores de penosa búsqueda, la cual se extendería por semanas, sin éxito. No encontraron nada de Hugo, ni un zapato, ni algo de sus ropas, algunas personas opinan que al ser la primera venida del arroyo, fue enterrado entre la basura, ramas y arena; otros opinan que el cuerpo fue devorado por los animales de la sierra, sea cual sea la verdad, el dolor de la familia Gastélum López es aún más grande, pues nunca encontraron al pequeño que cambió sus vidas para siempre.

Crónica.

"Es mi angelote, él me ayuda a seguir"

Ayer fue el tercer aniversario de la desaparición del pequeño Hugo. Sus padres, Hugo Humberto y Francelia, ofrecieron una misa como cada año en su honor. La homilía se llevó a cabo en la capilla del niño, a las orillas del arroyo que le arrebató la vida.

Se solidarizan. Eran las 17:00 horas y empezaban a llegar personas de diferentes poblados, de Los Guamúchiles, San Benito, Lo de Félix, Las Milpas, El Sabinito, El Aguaje, La Higuera Caída, Bacamopa, todos ellos ayudaron al afligido padre en la búsqueda del niño. Se le ve a don Hugo contento de recibirlos, fueron cerca de 100 almas las que se dieron cita para ofrecerle la misa al "niño que se llevó el arroyo". Tras la pregunta de: ¿todas estas personas son sus familiares o conocidos?, don Hugo responde: "no, a la mayoría ni los conozco. Yo tengo que agradecerle a mucha gente porque me ayudaron en aquel movimiento, en los ranchos o Mocorito preparaban comida para más de 100 personas y eso se reconoce". Buscaron a Hugo, no un mes ni dos, lo buscaron hasta que el 2011 terminó. Todavía Hugo, después de cada llovida, acude al arroyo, aún espera encontrar algo de su pequeño y amado hijo.

La tristeza no tiene fin. "Sigo aquí porque tengo más familia, pero he pensado de todo", dice entre sollozos don Hugo, quien explica que quisiera encontrar la fórmula para superar la muerte de su hijo. Lo sueña por las noches, y despierta llorando y se queda en vela, siempre lo mira, jugando, en sus brazos o haciendo algún chiste.

Las personas siguen llegando y el ministro empieza a preparar los artículos para la misa, mientras tanto, Francelia limpia un poco la capilla, pese a parecer recientemente aseada; "éstos eran sus zapatitos, le gustaban porque se los ponía y arrancaba. Mis hijas son mi regalo más preciado, pero él le daba la luz y alegría a mis días", dice entre risas y el llanto que sólo una madre puede derramar por su hijo. Y recuerda la última vez que lo vio mientras ella se subía a un camión para viajar a Tepic, la abrazaba aferrado sin querer soltarla; "parece que presentía que se me iba a ir, así lo sueño siempre, abrazándome".

Agradecen favores. En el mismo lugar los padres expresan que varias personas los han buscado para platicarles que su hijo les ha hecho favores y acuden hasta la capilla a dar gracias cumpliendo la manda que tenían, y regularmente le traen un presente a Huguito, ya sea dulces o juguetes.

Fue Marisol, hija del matrimonio, quien leyó las lecturas de la misa, la madre lloraba desconsolada y era consolada por la madrina de su hijito. Mientras los padres tengan vida, la misa anual se seguirá festejando.

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