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Guamúchil

Recolección de zayas, un manjar milenario que sostiene a un pueblo

La recolecta de zayas en temporada de lluvias es una fuente de empleo que sostiene a gran parte de las familias
 
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Por: Esmeralda Bañuelos

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Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Fotografía: Daniel Ayala / EL DEBATE

Guamúchil, Sinaloa.- El reloj  marca las 04:00 horas, pero el esposo de Esperanza Mejía ya está de pie. Sentado en la cama frente al horizonte verdeazul que ilumina la ventana del dormitorio, el señor Gilberto se prepara para ir en busca del pan de cada día. El fresco aroma del campo le llena de energía, se levanta, cruza el patio entre frondosos árboles y flores bañadas por el nuevo día, para empezar la dura jornada de recolección de zayas silvestres en los campos de la comunidad Álamo de los Montoya.

Sin importar la distancia por recorrer, ni los malos caminos cubiertos de lodo, don Gil emprende su búsqueda de zayas rumbo a las parcelas, donde más abundan las flores silvestres que les regala la madre naturaleza a los hombres del pueblo para sostener a sus familias. De pronto, a unos cuantos metros, don Gil observa unas flores amarillas con puntos rojizos en el centro, que le cambian la expresión de su rostro, porque encontrar  esas flores es el indicio de que las raíces de zayas están listas para el corte. Hoy está de suerte y tendrá que aprovechar el día para salir antes de las 09:00 horas a venderlas en los cruceros, y quizá poder obtener una buena venta para mantener a sus hijos y una hija que está estudiando en la secundaria. Con el sudor de su frente y entre el lodazal, el padre de familia se aventura día con día para sostener su hogar.

“De aquí comemos”, dice Esperanza Mejía mientras trabaja sin descanso en la limpieza de las zayas, quitando su corteza con un cuchillo. La familia es parte de las generaciones de zayeros, como popularmente se les conoce, que durante más de cuatro décadas han vivido de la venta del delicioso alimento. 

De la venta de este alimento es es como han vivo algunos habitantes / Fotografía: Daniel Ayala EL DEBATE

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Gran parte de la población de la comunidad se dedica a la extracción de zayas como un negocio familiar, que representa un sustento para sus familias, a falta de fuentes de empleo en la comunidad.

Recién traídas de las parcelas, la familia inicia con la preparación de las zayas. Ya limpias, las pelan una por una, que se van acumulando en una bandeja, para después ser vertidas en una enorme olla de agua hirviendo, a la que se le agrega sal y leche para que las raíces adquieran buen sabor.

Cocidas y secas se colocan en pequeñas bolsas, en montones de 12 a 15 zayas,  para su venta en los cruceros en el municipio de Angostura, a  un costo de 15 pesos, a la población que transita en sus automóviles o pobladores que ya esperan la llegada de los zayeros.

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