Guamúchil

Rosas rojas fue el deseo de su mamá

El amor de madre sigue vivo más allá de la vida terrenal; nunca muere.

Por  Esmeralda Bañuelos

Flores fue lo deseado por la mamá de Blanca Torres(EL DEBATE)

Flores fue lo deseado por la mamá de Blanca Torres | EL DEBATE

Guamúchil, Sinaloa.- El amor a la madre nunca muere. Esta historia es un ejemplo de que “a una madre no se le olvida”. Hoy Blanca Torres honra la memoria de su madre como cada año, cumpliendo el deseo de la gran señora que en vida llevaba por nombre Blanca Esthela Valenzuela. “Solo rosas rojas llevo a su tumba cada 10 de mayo, así como ella quería”, relata.

Desde hace seis años lleva un ramo de rosas rojas a la tumba de su madre, en el camposanto ubicado en Ciudad Altares.  En vida la señora tuvo la oportunidad de expresar su anhelo a su hija, “que su tumba no estuviera vacía en las fechas más importantes y menos el Día de las Madres”.

Este día Blanca Torres y su familia acudirán a pasar momentos con quien les dio todo; “ella se fue tranquila, ‘ya tienen de dónde agarrarse’, dijo,  porque a mi hermana y hermano, como a mí, nos dio estudio.  Siempre nos inculcó que estuviéramos preparados y gracias a ella somos lo que somos. El consejo que siempre nos daba era que el día en que nos casáramos, si el esposo nos trataba mal, ‘déjenlo, pueden salir adelante solas’, decía”.

Blanca Torres, ama de casa / Fotografía: Cortesía

Al recordar a su madre, la hija cuenta que lo que más le gustaba a su mamá era reunir a sus hijos los fines de semana. “Hacía cena los sábados  en la noche y los domingos nos hablaba para invitarnos, nos dejó el valor de la unión familiar.”

Los valores y consejos que la señora Blanca Esthela Valenzuela inculcó en sus hijos seguirán presentes por generaciones. Su hija, quien cada año la visita con rosas, ha manifestado el mismo deseo a sus hijas; “el día que yo falte ustedes seguirán llevándole flores a su abuela”, cuenta con nostalgia la madre de dos hijas adolescentes y de una pequeña de 2 años, a quien su abuela no alcanzó a conocer.

“Cuando voy a visitarla platico con mi madre, le cuento sobre su nieta Oriani. Le digo: ¡ay, amá!, pues no le hice caso, tuve otra ‘crillita’”. Así termina la charla con la madre de familia que nos permitió conocer esta especial historia.