Guamúchil

Seis años del crimen de Anel Báez y la herida aún no sana

La tarde-noche del 19 de marzo de 2014, su mejor amiga le arrebata la vida de 65 puñaladas cuando fue a visitarla a su hogar.

Por  Vianey Contreras

Hugo Báez Ortiz comparte el doloroso proceso que ha llevado junto con sus hijos para lograr la sanación.(EL DEBATE)

Hugo Báez Ortiz comparte el doloroso proceso que ha llevado junto con sus hijos para lograr la sanación. | EL DEBATE

Guamúchil, Sinaloa.- El estruendo de la noticia conmocionó a todos. El silencio y la incredulidad se apoderó de los habitantes de Guamúchil, nadie podría creer que una jovencita hubiera muerto de esa manera tan cruel. 19 de marzo de 2014, 18:00 horas, llega a la redacción de EL DEBATE el reporte de un crimen, reporteros y fotógrafos de inmediato se trasladan al lugar de los hechos, a sus ojos acostumbrados a observar las acciones de peritaje, a simple vista no vieron nada anormal, pero la lentitud y la secrecía con la que se empezó a manejar la información hicieron que se agudizaran su inquietud periodística. A la mañana siguiente, la noticia despertó a la ciudad con el titular del periódico local: Asesinan a joven de 65 apuñaladas.

El tic tac del reloj poco a poco ha dejado de percibirse en el hogar de la familia Báez Álvarez, las lLágrimas son menos frecuentes, pero la evocación de los recuerdos perdura en cada suspiro que da su padre, Hugo Báez Ortiz. Duele la ausencia de Anel Báez Álvarez, pero duele más la injusticia de las leyes mexicanas, que para la familia fue un atroz crimen que se cometió sin haber hecho justicia. Aquella terrible noche, la más larga de sus vidas, los marcó para siempre.

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“Aquella tarde fue terrible, para mí fue peor porque fue mi hija menor la que recibió aquel impacto, eso me mató doblemente, fue un situación complicada, no sabía qué hacer, a dónde llamar, lo que quería era que me ayudaran con mi hija”, recuerda Hugo.

Anel Báez tuvo un final muy trágico. / Fotografía: Cortesía

A seis años de esa fecha que conmocionó a nivel internacional, Hugo y sus dos hijos, uno ya médico de profesión y su hija menor, queriendo emprender sus estudios universitarios, buscan cerrar ciclos, es una petición que ellos le hacen, pero que implica regresar al pasado, a vivir en su casa, aquel hogar que guarda los últimos recuerdos en vida de su hija.

Hemos regresado, y es complicado explicar con palabras, simplemente no podía ir sin llorar o no sentir, y ahí todos los recuerdos de la convivencia”.

En un suspiro se pierde a la niña, a la joven que despierta a la etapa de mujer y el dolor se entierra hasta cegar porque se haga justicia, pero los golpes son más duros, de aquellos que se dicen defensores de la justicia, y así lo vivió un padre que cegado por el dolor, tenía como idea encontrar en la justicia la sanación.

“Mucho se habló de unas fotos, que nunca nadie vio y que no existieron”, recuerda Hugo Báez Ortiz al querer encontrar una razón del porqué. Pero para él y su familia la justicia no llegó, menos cuando los jueces consideraban insignificante el caso, porque había crímenes más atroces.

“Cuando escuché la declaración de un juez decir que por qué tanto escándalo, que había crímenes peores, dije ‘puede que haya más atroces, pero cómo es posible que como juez se refieran de esa manera, en manos de quién estamos’ y fue una gran decepción”.

Los años pasan y herida aún sigue abierta. / Fotografía: Cortesía

A decir de Hugo, el perdón llegó en uno de los juicios, en donde de frente, le dijo a quién le arrebató de 65 puñaladas a su hija, que la perdonaba, que no era nadie para mantener ese odio, ese coraje.

Una joven amiguera, simpática, expresiva en todo lo que hacía, cariñosa, y linda, no solo física sino por dentro, así es como la recuerda su papá, y que ha decidido quedarse con esa hermosa imagen.

Recuerdo que cuando salíamos de viajes, mis hijas jugaban a ver quién me daba el mejor obsequio, mientras yo feliz, las miraba cómo querían robarse mi atención”.

La noticia hizo eco en el panorama internacional.

A todo una sociedad entera, que se volcó a apoyar a la familia, a detenerlos en el súper para brindarles un abrazo, para decirles que los tienen en su oración y que pese ya han pasado 6 años, les siguen diciendo que cuentan con su apoyo

“Hay gente que me llama, me manda mensajes, de lugares que ni se imagina, Colombia, Brasil, entre otros lugares, les doy las gracias, a mi familia que siempre ha estado para extendernos la mano mis hijos y a mí, no me queda más que dar las gracias, por solidarizarse, por darme la condolencia”.

Para los Báez hay un proceso de sanación porque el perdón está dado y el recuerdo en el corazón seguirá latiendo a cada minutos que la ausencia evoque los recuerdos vividos al lado de Anel.

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