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Sufren los últimos años de su vida

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Por: Carlos Ibáñez

Los adultos mayores de los campos pesqueros sobreviven padeciendo un sinfín de necesidades y desatenciones, las carencias alimenticias y la escasez de efectivo para pagar los servicios básicos del hogar se convierten en la preocupación constante de cada día, la incertidumbre se apodera de ellos al pensar qué será de sus vidas en los próximos días, semanas o meses, pues no saben si puedan superar los obstáculos que la vida les sigue presentando, pues sus fuerzas se han ido desgastando con los duros trajinares de su existencia.

Pocos prevén la vejez. La mayoría de los hombres de la tercera edad que existen en los campos pesqueros en su juventud se dedicaron al oficio del lugar: ser pescadores, pocos son los que previeron el futuro, ellos pensaron en pagarse un Seguro con el cual una vez llegada la vejez podrían pensionarse y una vez que no pudieran trabajar recibir un poco de dinero para poder enfrentar el hambre; lamentablemente son más las personas que no tomaron esta previsión, pues aseguran que con lo poco que ganaban en las temporadas de pesca, a duras penas les alcanzaba para sacar adelante a su familia, pues el dinero nunca les ha sido suficiente, solamente salen del paso de las necesidades más apremiantes. Lo complicado del caso es cuando uno de estos adultos mayores se enferma, no tiene una atención médica adecuada, ni dinero para comprar sus medicamentos, es entonces cuando se sienten todavía más vulnerables; "hay veces que nos enfermamos y no hay quién nos dé la mano, pasamos días enfermos porque no tenemos pa' la medicina, con decir que hay ocasiones que no comemos las tres veces al día porque no tenemos con qué", expresó con una mirada profunda y ya cansada la señora Evelia Castro.

La alimentación, una prioridad. María Rita Mascareño cuenta con 84 años de edad, viuda desde hace cuatro años, su esposo era pescador, y actualmente vive con un hijo, donde se les complica en ocasiones tener una buena alimentación, pues simplemente el dinero no les alcanza, desafortunadamente el esposo de Rita no le dejó ninguna pensión o manera de que ella pudiera sobrevivir económicamente, es por eso que sobrevive con lo poco que su hijo le puede dar, lo cual tampoco es mucho, pues también es pescador y con las malas rachas que han enfrentado el dinero no les alcanza; "lo más feo que nos puede pasar es no tener un bocado qué llevarse a la boca, eso es una tristeza enorme, los adultos mayores requerimos que nos apoyen las autoridades", expresó María Mascareño. En esta misma situación se encuentran decenas de familias adultas, quienes no piden lujos, sino sólo poder vivir tranquilos los últimos años que les queda de vida. Solicitan a las autoridades al menos más despensas para los campos pesqueros, pues dicen sentirse muy olvidados.

La necesidad los obliga a seguir trabajando. A pesar que muchos ancianitos no tienen la fuerza y vitalidad para realizar jornadas grandes de trabajo que requieran esfuerzo, a veces ni las ganas, ya que se sienten cansados, tienen que continuar trabajando para seguir ganándose unos pesos para la familia, pues si no son ellos quiénes aportan, nadie más lo va a hacer, tal es el caso del señor Leandro Armenta Soberanes, quien cuenta con 65 años de edad, de los cuales se dedicó alrededor de 40 años a la pesca, pero los mismos achaques de la edad lo hicieron desistir, sin embargo, no tiró la toalla, ahora continúa trabajando en una pescadería limpiando y vendiendo filete, algo que requiere menos esfuerzo, pero tampoco es fácil.

Unos más buscan ganarse la vida de veladores, lavando baños, limpiando solares o del trabajo que puedan desempeñar, ya que no quieren depender tanto de la familia, la cual también se encuentra con serias carencias.

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