Guamúchil

Una dolorosa vida la que le tocó a María

Con los ojos llenos de lágrimas cuenta lo injusta que ha sido la vida con ella y su familia

Por  Dalia Berenice Sagaste

María construyó una pequeña casa de madera para pasar sus días.(EL DEBATE)

María construyó una pequeña casa de madera para pasar sus días. | EL DEBATE

Guamúchil, Sinaloa.- Dentro de un cuarto hecho con tarimas de madera es como intentan protegerse del intenso calor que se ha sentido en los últimos días, así como de las lluvias y el frío cuando es temporada, la señora María Concepción Rosas Gómez junto a su hijo, quienes además se enfrentan a los síntomas del COVID-19. La vida ha sido dura y la ha castigado con las consecuencias más crueles al no poder tener acceso a un hogar digno en donde descansar. 

En la colonia Pedro Infante de esta ciudad de Guamúchil, Salvador Alvarado, vive una mujer que ha salido adelante con lo que poco que las personas le dan. Es tanta su pobreza que ha llegado a pasar una semana sin probar un solo bocado y calmado su apetito con agua, que en la mayoría de las ocasiones es tomada directamente de la llave, porque si no hay dinero para alimento, menos para tener acceso a agua purificada.

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María Concepción vive careciendo de muchas cosas, y es ahí donde la pobreza duele en medio de la lana y el poco apoyo de los vecinos que la rodean.

Sus lágrimas ruedan por el rostro áspero, lleno de grietas que el tiempo y su historia le han dejado, cuando recuerda que cada vez que llueve prefiere hacer un tendido en el suelo, porque el único colchón que tiene se moja con la múltiples goteras que tiene el techo de cartón y trapos.

Tener un refrigerador, una mesa o una estufa es hablar de lujos, cuando el hambre habla más pronto que estos artefactos para la cocina.

Afuera del cuartito, un hornillo despide un tímido humo en donde calienta agua, junto una cazuela sucia; no hay olor ni señal de haberse cocinado en días.

“Yo vivo sola, hace unos días recibí a un hijo, que fue una ayuda porque me ayudaba a comprar algo de comida, pero debido a que en su trabajo se contagió de esa cosa que anda (COVID-19), se quedó sin trabajar. Pese a que ya está recuperado no le han devuelto su empleo y durante ese tiempo, como no había más, tuvimos que compartir la cama para poder dormir. Me da vergüenza que mi hijo duerma conmigo porque yo siempre los acostumbré a que fueran muy independientes y que durmieran separados de mí, pero la necesidad es muy grande y debemos compartir lo poco que tenemos”. 

La tristeza y desilusión que ve reflejada en su rostro, mientras narra que ella logró hacer su casa gracias a que todos los días por las tardes se iba a buscar material entre la basura, y así poco a poco fue agarrando madera hasta que levantó un cuarto en donde pasar sus días. 

La mayor parte del tiempo María se la pasa sentada afuera de su casita porque dice que es más fuerte el calor adentro y que su casa no tiene forma de que el aire entre. 

Por fortuna sí cuento con el servicio de energía eléctrica, pero no hay mucho con qué utilizarla (risa) porque no tengo ningún aparato”.

Aun cuando ha acudido a algunas instituciones de ayuda, esta no llega y solo le dicen que se anote y que espere las noticias

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