Guasave

‘El Chito’ dedicó más de cinco décadas al cine al aire libre

Wenceslao Soberanes Cervantes pasó la mitad de su vida proyectando la magia de las historias en la sala Fronteriza en Corerepe, Guasave 

Por  Julissa Félix

Wenceslao Soberantes Cervantes.

Wenceslao Soberantes Cervantes.

Guasave, Sinaloa.- Era por el año de 1961 cuando las caravanas de cine que recorrían la República Mexicana llegaron a Corerepe, donde artistas como José Alfredo Jimé-nez y otros más de la época de oro arribaban para promocionar las películas que cautivaban a chicos y grandes.

Inicios

El septimo arte llegó para quedarse en Corerepe, al fundar Enrique Rubio y su esposa, la gitana Estela Costich, un cine fijo por la calle principal de la localidad, convirtiéndose en el principal atractivo y distracción de los pobladores y fuereños, incluso de otros estados de la República que arribaban para disfrutar del espectáculo que garantizaba el Cine Fronterizo, el cual en el año 2000 apagó sus luces, dejando ahora solo gratos recuerdos y vivencias de lo que un día fue el gran cine de Corerepe.

Wenceslao Soberanes Cervantes, originario del El Amole, llegó a Corerepe en 1961 recién casado con la necesidad de echar cimientos para formar una familia.

Aún se conservan restos del equipo del cine.

Fue entonces que las puertas del cine, ubicado por la calle principal de la localidad, se le abrieron, adentrándose a un mundo de proyecciones y magia, con historias de la época de oro.

De acuerdo con Wences-lao, quien es popular en la localidad como “El Chito del Cine”, era en la zafra del algodón cuando el cine estaba a reventar con 600 espectadores en promedio. Bajando el sol empezaban a llegar y sentarse en las gradas de concreto, otros en el piso, cubetas o bancos de madera para acaparar, pagando a un peso el boleto en las dos taquillas que funcionaban, el cual era válido para ver dos funciones con una proyección cada una de una hora y media.

Fue hace 58 años cuando las bultosas y pesadas máquinas eran resguardadas en una habitación de ladrillo, la cual se ubicaba en una segunda planta que fungía una como la cabina proyección que transformaba una pared de más de cuatro metros de ancho en una pantalla gigante, la cual funcionaba durante cinco días a la semana encantando a chicos y grandes.

Cintas

‘El Chito del Cine’ se remonta a cinco décadas atrás, cuando el proceso para poder ver una película era manual, al tener que montar las carrilleras en la máquina, que tenía cintas de 16 milímetros de ancha, después de 76 y las últimas fueron de 32.                                                  

Una vez prendido el equipo se montaba la carretilla en la máquina, la bobina hacía su función y empezaba a pasar la cinta por las dos cajas de  magazin, una vez todo coordinado era cuestión de esperar a que corrieran tres rollos, lo que equivalía a una película.

Hasta hoy en día aún quedan unos carcajes de la maquinaria que era adquirida en Guadalajara, que en aquellos años tenía un valor de entre 5 y seis mil pesos y no en cualquier zona de México había, pero a diferencia de otros Corerepe sí tenía ese privilegio. 

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