Guasave

"Yo tengo un sueño: mi caseta para trabajar"

Con el empuje de querer ser útil y de generar con base en su esfuerzo, Antonio sale a vender refrescos y dulces

Por  Julissa Félix

Jesús Antonio Zavala Román(Mauricio Valenzuela/ EL DEBATE)

Jesús Antonio Zavala Román | Mauricio Valenzuela/ EL DEBATE

Guasave, Sinaloa.- Desafiando las limitaciones físicas que una enfermedad le causó al nacer, Jesús Antonio Zavala Román sale de su casa casi a rastras, empujando a hombros su triciclo.

Apoyado con la fuerza que le da su voluntad y entereza de salir a trabajar y generar el peso para sentirse útil y algún día completar para comprar su caseta rodante y trabajar sin estar tan expuesto.

Anhelo

El vecino de la comunidad La Sabanilla, de 45 años de edad, no puede caminar y con esfuerzo se mantiene en pie, pero perdurar es casi imposible. Sus manos encorvadas, dentro de sus posibilidades sostiene el manubrio Toñito, como es llamado de cariño por su familia y la comunidad, empujó por más de un kilómetro sobre la carretera 100 hasta llegar al entronque con la ampliación Santa María, donde se le ve bajo la sombra de una cobija sentado en espera de vender refrescos, dulces, paletas y otras golosinas que le permiten ganarse la vida con su esfuerzo.

Han sido días de dicha al recibir clientela que le ayuda, pero también tristeza e impotencia el no poder cobrar, y es la gente quien se despacha y cobra, confiado en su buena voluntad, quienes en muchas ocasiones lo han robado y él sin poder hacer nada, solo le queda llorar, contener la rabia y volver a empezar.

Ante los atropellos de gente que se aprovecha de la condición de Toñito, su hermana y su familia le piden que no salga más, al no tener obligaciones en su hogar, pero su ímpetu inquebrantable lo hacen que salga de nuevo.

Se dan a la tarea de llevar o traérselo, pero él se desespera y si no está nadie él emprende su camino.

Con dificultades para articular palabras y mientras toma un descanso en la carretera, externa que al verlo la gente cree que no está bien, pero él intenta explicarles que su mente piensa con claridad pero su cuerpo con dificultad le responde.

Cansado de su ir y venir, con sus zapatos gastados de tanto arrastrarlos, Toño desde hace cuatro meses empezó a ahorrar con el sueño de comprar una casetita rodante en la que su familia lo pueda jalar y dejar en su punto de venta, que lo cubra del sol y la lluvia, por lo que a través de este medio llamó si había alguien que pudiera idear algo para él financiarlo, pues tenía tres mil pesos ya ahorrados.

Yo tengo un sueño, mi caseta rodante para poder trabajar.”

Infancia

El mayor de 18 hermanos toda su niñez y adolescencia se arrastró para poder desplazarse, pero al cumplir su mayoría de edad fue sometido a una operación de sus piernas en Estados Unidos que le permitió recuperar movilidad y empezó a hacer cosas por sí mismo, aunque hasta la fecha depende de alguien para comer, bañarse, vestirse y otras necesidades básicas. A la fecha sigue esperando que se le desposite el apoyo por ser discapacitado, pero no lo recibe.

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