Los Mochis

A mano y con paciencia restaura sombreros a medio vivir

Lleno de ilusiones montó su modesto taller en el corazón de la ciudad al que nombró El Rinconcito Texano

Por  Marisela Jolie

Teodoro Rivera Ayala, restaurador de sombreros.(Javier Padilla/ EL DEBATE)

Teodoro Rivera Ayala, restaurador de sombreros. | Javier Padilla/ EL DEBATE

Los Mochis, Sinaloa.- A la vieja usanza, Teodoro Rivera Ayala repara sombreros en Los Mochis desde hace más de 25 años. A mano y con paciencia sacude el polvo, lava y seca, plancha copas y alas, pinta y abrillanta, hasta dejarlos listos para ser portados. Así mantiene viva una tradición artesanal que va en camino a la extinción.

“Son pocos los que trabajan en este oficio. Para mí es una gran oportunidad de trabajo porque no hay quién lo haga”.

Lleno de ilusiones, el artesano restaurador originario de El Fuerte montó su modesto taller en el corazón de la ciudad al que nombró El Rinconcito Texano.

“Llega el cliente con su sombrero, le hago su nota, quito el tafilete y la toquilla, les limpio el polvo, los lavo, espero a que se sequen, después se planchan, se horman, se les pone un poco de pintura y brillo.”

Estudió hasta la preparatoria, fue comerciante un buen tiempo y a los 40 años emprendió su negocio; aprendió el oficio en León, Guanajuato.

Antes viajaba, vendía botas y calzado; iba constantemente a León, Guanajuato; me iba a San Pancho y allá me fijaba cómo lo hacían, así aprendí. No tengo toda la tecnología que ellos tienen, esto es artesanal, no tengo máquinas, no tengo nada, solo mis manos”.

Su pequeño local es una maravilla, alberga sombreros de diferentes estilos, colores y materiales, la mayoría de paja y lana, pero a todos por igual les devuelve su esplendor.

“Se necesita paciencia, porque a veces no me quedan bien desde el principio, tengo que buscarle, para terminar el trabajo necesito dos o tres días con cada sombrero”.

Regresa su esplendor

Sombreros deformes y deteriorados vuelven a la vida. “A los jóvenes les gustan mucho las cabalgatas y utilizan sombreros, llegan con las tejanas llenas de polvo para que las limpie”

Don Teo ha visto desfilar por su taller a todo tipo de personas con el sombrero como pieza común en su vestir.

Siempre habrá alguien que use un sombrero y aquí estaré yo para restaurarlo. Me dediqué a esto para no estar alejado de mi familia, este trabajo me da para vivir bien, mi señora y mis hijas también trabajan”.

Durante más de dos décadas se ha dedicado a borrar las huellas del pasado de los sombreros a medio vivir.

Me siento feliz trabajando, porque yo he visto a otra gente que gana bien, pero se matan bastante, yo con este oficio sobrevivo. Tengo mi familia y un oficio que muy pocos tienen, y con esto me quedo”.

De a poco, se ha ganado el respeto y el reconocimiento de sus clientes, ya sea por la necesidad de protegerse del sol o como complemento a su atuendo, siempre habrá alguien que guste usar un sombrero.

Lo que me expresa el cliente es lo que me causa satisfacción, que me digan: qué bien le quedó, ya lo iba a tirar porque ya no servía o pensaba que ya no servía. Hay clientes que me traen hasta siete u ocho sombreros que tenían arrumbados”.

Su oficio es un arte y un alivio para quienes no pueden hacerse de un sombrero nuevo. “Hay gente que no tiene para comprar un sombrero, un sombrero vale 300 o 400 pesos, aquí con 100 pesos, lo vuelve a la vida”.

A sus 63 años de edad, don Teo se esmera en los detalles, regresa a casa con poca ganancia pero orgulloso de su labor porque sabe que en sus manos descansa una tradición.

“La temporada de junio hasta agosto es fatal, no es que no haya nada, pero no me queda ganancia en la bolsa, pero sí sale para los gastos”.

Los sombreros vuelven a la vida en su Rinconcito Texano, que abre sus puertas de lunes a sábados desde las 9:00 de la mañana hasta las 7:00 de la tarde.

El Rinconcito Texano está por el callejón Agustín Melgar, entre Ignacio Allende y Guillermo Prieto; los espero con mucho cariño”.