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Abejas, ¿en extinción?

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Por: EL DEBATE

Los Mochis, Sinaloa.- El colapso de las colmenas es causado por los pesticidas, los cuales también perjudican la salud del humano.

Las explicaciones que se han dado en la muerte de las colmenas incluyen patógenos, prácticas apícolas modernas, desnutrición, el cambio climático y los pesticidas.

De acuerdo con un artículo de Alvin Powell en Harvard Gazzete, por alguna razón, durante los meses más fríos del invierno, estas abejas han elegido abandonar la colmena para perecer en la intemperie.

Se ha convertido en una especie de rito primaveral. Cada marzo brotan artículos periodísticos sobre apicultores locales que abren sus colmenas para encontrar un misterio ambiental recurrente. En lugar de abejas hambrientas, listas para los primeros vuelos de primavera, panales que deberían estar vacíos después de un largo invierno están llenos y, en su lugar, las colmenas están vacías.

El desorden del colapso de las colonias, como se conoce a esta condición, sigue siendo un misterio con implicaciones alarmantes para el destino de la cadena alimenticia humana, que depende, en parte, de los polinizadores como las abejas.

Es esta última causa la que destaca Chengsheng (Alex) Lu, un profesor asociado de Biología de Exposición Ambiental de la Escuela de Salud Pública de Harvard (HSPH), quien piensa que las implicaciones potenciales para la salud humana del desorden del colapso de las colonias de abejas se extiende más allá de la disminución en la polinización, aunque eso ya es bastante preocupante, hasta el impacto en seres humanos a una larga exposición a venenos de bajo nivel, como los pesticidas neonicotinoides, que son los sospechosos del desorden de las abejas. Para Lu, es una duda constante sobre si existen vínculos entre el pesticida y el reciente aumento de trastornos neurológicos en niños, como el autismo, el desorden de hiperactividad y déficit de atención.

Para llegar al fondo del misterio, Lu ha realizado investigaciones pioneras sobre el impacto de los pesticidas neonicotinoides en las abejas. En un estudio publicado en 2012, replicó experimentalmente el desorden del colapso de las colonias, alimentando a las abejas con agua azucarada con diferentes niveles de neonicotinoides, en un periodo de más de 13 semanas en el transcurso del verano y observando qué es lo que pasaba.

Al principio, nada.

Las colmenas no parecían afectadas y estaban saludables a medida que se preparaban para la llegada del invierno. Luego, una semana antes de Navidad, más o menos tres meses después de que se detuvo el tratamiento de los neonicotinoides, las colmenas comenzaron a debilitarse. Eventualmente, 15 de las 16 colmenas colapsaron, incluso las tratadas con la dosis más baja.

El trabajo se destacó por brindar un vínculo concreto con los neonicotinoides, que es el grupo de insecticidas más ampliamente utilizado en el mundo.

Un aspecto particularmente alarmante de su trabajo, que Lu describió durante una charla el 12 de agosto en el Edificio Kresge de la HSPH, es que las abejas que abandonaron la colmena durante el colapso no eran las que consumieron el agua azucarada con neonicotinoides.

Durante el periodo de más actividad del verano, las abejas viven sólo 35 días, así que la colonia que colapsó contenía la siguiente generación de abejas, indicando que el efecto puede haberse transmitido entre generaciones.

Lu ha seguido investigando los posibles vínculos entre los neonicotinoides, las abejas y la salud humana, manifestando que la abeja melífera es un buen modelo de organismo para el impacto potencial del pesticida, así como los efectos latentes a través de las generaciones.

Lu considera que los neonicotinoides, químicos similares a la nicotina producida por las plantas de tabaco, se han generalizado en parte por su facilidad de uso.

Debido a que son solubles en agua, los productos químicos son absorbidos por la planta y se extienden por sus tejidos.

Las empresas dedicadas a la venta de semillas han hecho la distribución aún más fácil para los agricultores, mediante el recubrimiento de las semillas con este producto químico, lo que asegura que las plantas que brotan de ellas contienen el pesticida.

El científico advirtió que los productos químicos no sólo están presentes en las plantas para alimento, sino que también están ampliamente representados en viveros, incluyendo las plantas que se venden en las principales tiendas de jardinería. También se encuentran en el medioambiente, y Lu destacó que hay dudas sobre el papel que tienen en la extinción de aves y los invertebrados acuáticos.

Lu señala que hay una carrera contra el tiempo para salvar a las abejas, que frecuentemente son transportadas por todo el país por los apicultores comerciales para polinizar los campos agrícolas. Conversó con un productor de arándanos, quien dijo que antes de que el desorden del colapso de las colonias llegara, pagaba 250 mil dólares para que polinizaran sus campos. Hoy, esa cifra asciende a 750 mil dólares, y el costo afecta también a los consumidores.

La revista Harvard Gazzete indica que Lu piensa que el pesticida se les da a las abejas sin que los apicultores se den cuenta. El pesticida es ampliamente utilizado en el maíz que se usa para hacer el jarabe de maíz alto en fructosa. Este jarabe se mezcla con agua y, con ello, los apicultores comerciales alimentan regularmente a las abejas.

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