Los Mochis

Desde su camión, Jaime celebra Navidad con la sonrisa de sus pasajeros

El generoso chofer lleva 8 años repartiendo un obsequio a sus pasajeros en días especiales, sólo para devolverles un poco de lo que ellos aportan a su vida

Por  Hugo Mora y Laura Gerardo

Jaime Enrique Castro Cinco hizo felices a decenas de niños que viajaban en su autobús esta Navidad.(Hugo Mora/ EL DEBATE)

Jaime Enrique Castro Cinco hizo felices a decenas de niños que viajaban en su autobús esta Navidad. | Hugo Mora/ EL DEBATE

Los Mochis, Sinaloa.- Jaime Enrique Castro Cinco, a quien con cariño llaman "Don Cuco", lleva 40 años trasladando a pasajeros con la encomienda de que lleguen bien a su destino.

Desde su camión número 347 de una línea transporte de Sinaloa, transcurre su día compartiendo nuevas experiencias en cada viaje.

Para él no hay descanso en Navidad ni en Año Nuevo; tampoco en cumpleaños y fechas importantes para él y su familia, pero su corazón queda satisfecho al saber que está ayudando a las personas a llegar seguras a donde quiera que se dirijan.

Esta Navidad, hizo felices a decenas de niños que tuvieron que pasar viajando con un detalle que no esperaban: les regaló un peluche a cambio de nada, únicamente quiso alegrar su corazón ese día tan especial.

Se convirtió en un "Santa Claus" ese día sólo para apreciar la sonrisa de los más pequeños de sus pasajeros.

Pero no es la primera vez que lo hace, y seguramente tampoco la última, pues este noble chofer de autobús reparte obsequios también en otras fechas especiales, como el Día del Niño y el Día de las Madres, y así lo ha hecho durante 8 años con apoyo de su familia.

Asegura que su intención es sólo devolverle a sus viajeros un poco de lo que ellos le brindan a él.

"Tenemos alrededor de 8 años regalando dulces el Día del Niño, y el Día de las Madres su rosa. Todos los años regalaba un dulce o algo, pero ahora se nos ocurrió regalar unos peluches. Son unos chicos, unos grandes, unos medianos. Regalamos alrededor de 30 o 32 monitos. La verdad me siento muy satisfecho".

Don Jaime expresa que la idea de brindar un detalle a sus pasajeros nació porque deseaba darles un poco de lo que ellos que dan, y siente emoción al ver sus gestos de alegría al recibir un detalle que no esperaban.

Pero esa generosa acción no la hace solo, pues su esposa y su hija le ayudan a preparar con empeño y dedicación los regalos que repartirá.

"Ellas (esposa e hija) me ayudan a hacer los dulces, a hacer las etiquetas, para ponerle los moños a los dulces y todo eso. Eso lo hacemos año con año".

Cada obsequio de peluche tenía una tarjeta en que deseaba Feliz Navidad de parte del transporte número 347. Foto: Foto: Cortesía Blanca Castro

Cuando llega el día, Jaime Enrique toma su bolsa llena y comienza a repartir los regalos a sus pasajeros por igual, sin preferencia alguna.

"Los empiezo a repartir de atrás hacia adelante, porque si me vengo de enfrente para acá los niños dicen: 'oiga cámbiemelo', y así no, yo meto la mano y el que salga ese le doy, no puedo estar cambiando porque no hay que ser racista. No trato de darle a unos niños mejor que a otros".

En el Día de Madres, Jaime Enrique entrega una rosa a cada madre que va subiendo a su autobús.

El chofer relata que es difícil pasar Navidad y otras fechas importantes sin su familia, pues así es su trabajo, pero celebra con la sonrisa que le brinda la gente.

"Nosotros no tenemos Navidad, Año Nuevo, cumpleaños, nada. Es el trabajo de uno, es el trabajo de cada día, pues hay que trabajarlo. Nosotros tenemos que mantener a la familia, sacar adelante el trabajo, y la gente pues tenemos que moverla. Nosotros celebramos con la sonrisa que nos da la gente".

El conductor del autobús contó la experiencia que tuvo al regalarle un oso de peluche a un bebé que iba con sus padres ese 25 de diciembre, y le conmovió que gritaron de alegría cuando su pequeño recibió la sorpresa.

"En este asiento venía un niño muy chiquito que es al que le regalé un Winnie Pooh. Hasta el papá gritó de alegría".

Con la voz entrecortada, Don Jaime dijo que para él fue una gran satisfacción ver la reacción de la familia.

"Para mí fue una gran satisfacción porque hasta el papá pegó un grito de alegría y me llamó mucho la atención. Y la mamá pues también, pero la mamá se quedó en shock cuando le dimos el mono".

Jaime dice que seguirán haciendo esta noble acción mientras se pueda, porque "vale la pena".

Y así ha transcurrido la vida de este chofer, que cada día recibe con una sonrisa a cada pasajero y va adquiriendo experiencias con cada uno de ellos. Acaba de cumplir 40 años trabajando detrás de un volante siguiendo los pasos de su padre, y asegura que su misión es llevar con bien a sus pasajeros.

"Aquí vas cosechando experiencias y vas conociendo personas, las que realmente te apoyan las que no te apoyan. Tenemos problemas todo el camino. Por ejemplo si una persona viene mala en el camino, trae problemas con su familia... Yo mis problemas los dejo en la casa. Yo vengo a trabajar, vengo a cumplir con mis pasajeros, tratarlos y llevar con bien, que se sientan seguros y satisfechos".

Por último, recomendó a los jóvenes a compartir con los demás aunque no sea mucho.

Hay que dar un granito que nos da la gente, hay que compartir. Yo llego a mi casa con la alegría de que mi familia me espera. Llego y me acuesto tranquilo, y saber que lo poquito que puedo dar, Dios me lo propuso".

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