Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

El mar casi les arrebata la vida; naufragaron hace 4 años

Ellos narraron en septiembre de 2012 cómo quedaron a la deriva en mar abierto y la pequeña embarcación llegó hasta Baja California

Los dos hombres pasaron 15 días a la deriva en mar adentro.

Los Mochis, Sinaloa.- Dos náufragos originarios del campo pesquero El Jitzámuri volvieron a nacer luego de ser rescatados por elementos de la Marina Armada de México, tras permanecer 15 días perdidos en altamar. Las personas que vivieron para contar esta aventura fueron identificadas como Buenaventura Leal Miranda, mejor conocido como don “Toticho”, de 58 años de edad, y su sobrino Carlos Gibrián Guerrero Miranda, de 21 años de edad.

Ambos con domicilio en el campo pesquero mencionado. Buenaventura podría ser el título de una película con un final feliz, pero hoy el protagonista de esa historia hace honor a su nombre cuando orgulloso por haber sobrevivido a un naufragio cuenta la buenaventura que tuvo al volver con su familia después de dos semanas a la deriva en ese mar que es tan benevolente con los pescadores que recién se hicieron a la mar en busca del preciado camarón. “Pensamos que moriríamos, pero gracias a Dios aquí estamos”, expresan tanto don Buenaventura como Carlos Gibrián.

Los dos sobrevivientes al naufragio.

La travesía. Para don “Toticho”, como llaman a Buenaventura, haber sobrevivido al naufragio es un milagro del Creador, ya que vivió una verdadera pesadilla al lado de su sobrino, en la cual ambos pensaron que nunca más volverían a encontrarse con sus seres queridos. Leal Miranda comienza a narrar los hechos. Tiene la mirada cansada al no poder conciliar el sueño después de pasar varios días en vela.

Comenta que él y su familiar salieron el día 11 de septiembre a bordo de su pequeña embarcación rumbo al campo pesquero Paredones para conseguir unos chinchorros, con lo que empezarían la captura de camarón. Sin embargo, a las 00:00 horas, aproximadamente, al querer regresar a su domicilio y llegar a un sitio conocido como “la boca de Agiabampo”, ubicado entre Sonora y Sinaloa, se les acabó el combustible y ahí comenzó el viacrucis, pues fueron arrastrados por la corriente mar adentro. 

El hombre contó cómo fue la travesía por el mar.

“Se me apagó la panga y la corriente me fue llevando hacia atrás, ya que el viento estaba muy fuerte. Fuimos a amanecer a la entrada a Pichilingue, en La Paz, Baja California Sur”, agrega el pescador. El vecino de El Jitzámuri manifiesta que, en sus 50 años de experiencia en la pesca, nunca había vivido este tipo de acontecimientos.

“Pasaban los barcos y les hacíamos señales para que nos rescataran, pero nunca nos vieron”, declara Buenaventura.

Vivir o morir.
Luego narra la odisea en el mar: al pasar varios días sin agua y sin alimento, diariamente se echaban un clavado a las aguas, agarrados de la panga, para no deshidratarse. Todo esto lo hacían en la sombra de la misma embarcación. “Comíamos peces, caguama, atunes. La carne la colocamos en lalanchaya las horas ya estaba seca por las altas temperaturas. La sangre nos la tomábamos y eso fue lo que nos ayudó a seguir con vida”. Incluso, dice, llegaron a beber su propia orina porque si tomaban agua salada se deshidratarían. Pasaban las horas, los días y ninguna señal de alguna embarcación que los pudiera auxiliar y poner fin a su calvario marítimo. Pero de pronto el milagro sucedió: su sobrino avistó un buque japonés y estos también los vieron. 

Les bajaron una cubeta llena de alimentos y bebidas para que sobrevivieran. “Verlo fue un milagro. Yo ya estaba dado”, añade don “Toticho”. Desconocen por qué no los rescataron, pero lo importante,mencionan,es que los orientales dieron las coordenadas de su ubicación a alguna capitanía, pues horas más tarde una patrulla interceptora de la Marina acudió a su rescate, con lo que culminaron 15 días de sufrimiento.

“Nos dijeron: muchachos, teníamos dos semanas buscándolos”, expresa don “Toticho”, quien ya está feliz con sus familiares.

La vida les da una segunda oportunidad. Al preguntarles si pensaron en que ya no volverían a ver a sus familiares, Buenaventura hace una pausa, se aguanta el llanto y agradece a Dios haberlo traído de nuevo a su hogar y ver de nueva cuenta a su familia. “He llorado mucho, todos los que han venido me han acompañado, todo lo que pasamos mi niño y yo es una experiencia que no se la deseo a nadie”, exclamó.

A raíz de lo que vivió, Leal Miranda no ha podido dormir. Luego de llegar se la pasó sentado toda la noche asimilando lo que enfrentó junto con su sobrino. “Me agarraba de la cama, duré unos minutos porque sentía el balanceo de la panga”. Luego dice una y otra vez: “Uno que tiene experiencia debe de saber todo lo que sucede en el mar, y nunca me había enfrentado a algo como esto”