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Ha convertido a personas en millonarias

LOS MOCHIS

Los Mochis, Sinaloa. Por más de 20 años, Jesús María Parra Parra ha convertido en millonarias a algunas personas a través de los cachitos que día a día vende en el Centro de la ciudad.

Su paciente andar lo lleva a recorrer los restaurantes y cantinas de la ciudad, donde algunas personas ya lo ubican, y con toda la fe le compran un cachito para probar su suerte.

A sus 69 años, él se considera fuerte y sano para seguir viviendo de este honrado oficio, que, a duras penas, pero le ha dado sustento tanto a él, como a su familia.

"Gano poco oiga, unos 200 pesos en promedio. Apenas le saco, pero ahí la llevamos. A veces le saco, a veces que no. pero de ahí sale para sobrevivir", reconoció.

Un golpe de suerte.

La amabilidad con la que se acerca a la gente, transmite confianza, y lo ha ayudado a que se animen a comprarle uno o dos boletos.

En numerosas ocasiones, la buena suerte que les pasa rinde frutos al entregarles el boleto ganador de jugosas cantidades.

"Les deseo suerte de buena voluntad".

¿Le ha vender el cachito ganador?

"Sí. de todo, premio mayor de todos calibres. Cachitos de 10 millones, 15 millones, de un millón, 500 mil pesos, 200 mil, y así. Poquito menos, 20 mil. De todos calibres. Si me da gusto, pero yo no me ilusiono con lo que no es mío. Algunos me dan, y los que no me dan pues no soy piliche. Pero sí algunos me dan", confesó.

A pesar de haber cursado sólo la primaria, José María trabajó durante muchos años en otros lugares, como en el campo; en la industria Productos Pando, la cual desapareció hace años.

"Después trabajé en el Gobierno Federal, en lo que es ahorita la Comisión Nacional del Agua, antes era Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos. Ahí era guardia", precisó.

Un día en la vida del vendedor de cachitos. Don Jesús María, quien nació en Estación Bamoa, en el municipio de Guasave el primero de noviembre de 1945, se levanta por las mañanas y se prepara para salir alrededor de las 10:00 horas a los restaurantes de la ciudad a ejercer su oficio.

Para él, el calor no es un impedimento para ganarse la vida recorriendo el centro de la ciudad, y a pesar de sus arrugas y 69 años de vida, sigue teniendo entusiasmo y ganas de depender de sí mismo.

Así pasa parte de la mañana y gran parte de la tarde, pues es hasta 18:00 horas cuando termina su jornada y vuelve a su hogar a descansar, y convivir con su sobrina.

Sin embargo, cuando se toma un respiro durante algún fin de semana, Jesús María trata de relajarse y visitar lugares que son de su agrado.

"Los fines de semana, de repente una que otra vez voy al Maviri", compartió.

Pese a que fue la necesidad la que lo orilló a buscar un empleo, y la recomendación de un compañero lo que lo llevó a la venta de cachitos; este personaje de la ciudad agradece poder contar con esta noble manera de subsistir, y con la pequeña pensión que recibe mensualmente.

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