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Jason, el niño que no puede comer, espera tu ayuda

LOS MOCHIS

Julio César es quien está al cuidado del pequeño, pues desde hace tiempo se separó de la mamá de Jason, quien vive en Agua Prieta con su hijo mayor. Jason y Julio César viven en Residencial Alameda con su abuela

Al principio un poco tímido, el pequeño de apenas 6 años de edad fue tomando confianza, e incluso tomó el micrófono de EL DEBATE para posar para unas cuantas fotos

Su papá muestra las cicatrices de las operaciones que Jason ha necesitado. Además de algunos errores que han tenido en sus cirugías, una de ellas fue un pulmón perforado durante una intervención quirúrgica

Tanto su padre Julio César Camargo como el pequeño Jason Camargo piden a la ciudadanía su colaboración para completar para su operación y pasajes a la Ciudad de México el próximo mes de mayo

Los Mochis, Sinaloa.- Hace calor y el inconfundible sonido del carrito de las nieves da vuelta por la calle del fraccionamiento Residencial Alameda. Todos los niños salen corriendo de sus casas pidiendo su sabor favorito. Todos tienen su helado. Todos menos Jason.

Él se queda sentado en la banqueta imaginando a qué sabrá una nieve y qué textura tendrá. Él tiene prohibido llevarse a la boca cualquier tipo de alimento; simplemente no puede comerlo.

Jason Camargo Sestito nació el 31 de enero de hace 6 años con una malformación sin razón aparente: Atresia Esofágica, es decir, no tiene esófago.

Su mirada angelical y su enorme inteligencia hacen poco creíble que ese pequeño y delgado niño tenga alguna enfermedad. El próximo 12 de mayo tiene que viajar a la Ciudad de México para programarle una cirugía a fin de ponerle un injerto que funcione como esófago, pero necesita de la ayuda económica de la ciudadanía porque los costos de su tratamiento y de pasaje son inalcanzables para el bolsillo de su familia.

Su realidad.

Julio César Camargo, padre del menor, asegura que para Jason no utilizar la boca para comer ha sido normal estos años. Inclusive, hay ocasiones en las que el mismo niño pone su alimento en la sonda a través de una jeringa.

Su alimento es el mismo que el de su familia, sólo que completamente licuado ya sea con agua o leche para que esté líquido.

Una de sus comidas favoritas es el sushi. Su padre comenta que a pesar de que nunca lo ha saboreado como tal, a través del olor y de una pequeña probadita con la lengua en los residuos del alimento que quedaron en la jeringa, es como se convirtió en lo que más le gusta.

"Él quiere comer, quiere hacer las cosas que le gustan. Sí se deprime. Por ejemplo, me pongo a desayunar y no lo saco (del cuarto). No me voy a poner a comer yo (delante de él). No lo puedo llevar al McDonalds, no le puedo comprar un pastel, ¿me entiendes?. Pasa el nevero por aquí, y quiere nieve, pero no puede", lamentó.

El joven padre, que saca adelante a su niño con lo que gana siendo seguridad del bar Bungalows, tiene momentos en los que se desespera, pues su hijo empieza con la curiosidad de querer comer como cualquier niño.

"Si lo invitan a una piñata no come, nomás está mirando. Una vez había una piñata aquí (en la cuadra) y no lo encontraba. Estaba allá arrinconado comiéndose unos taquitos a vapor; estaba ahí agachado y le djie: '¡Jason, estás comiendo!'. La vomita solo, se le devuelve pero hasta la noche, cuando se le echa a perder el alimento y le causa infección", comentó.

Sin embargo, el doctor le permitió chupar paletas y masticar chicle para ayudarlo con la salivación.

"Me gustan las rockaletas", resaltó el pequeño.

El primer intento.

Cuando tenía 2 años, a Jason le pusieron su primer implante con una parte de su colon.

Él probó alimento por primera vez en su vida durante 4 o 5 meses, hasta que empezó con problemas y se le tapó el injerto, dejando de funcionar hasta la fecha.

Entonces, tiene que seguir comiendo por la sonda cada 4 horas durante todo el día.

Su enfermedad le ha acarreado un sinfín de complicaciones que lo mantienen a cada rato en el hospital.

"Tiene infecciones de madrugada. Si le damos líquidos se le quedan atorados y tiende a ahogarse. Tiene problemas para dormir por lo mismo. Le ha dado Púrpura de Henoch-Schoenlein y bronquitis", detalló.

De hecho, el niño originario de Agua Prieta, Sonora, se vino a vivir a esta ciudad con su padre porque le hacía daño estar en un clima tan frío. "Es muy difícil para ambos. Lo metimos al kínder pero lo tuvimos que sacar en noviembre porque se infectó de la púrpura", comentó. Con una dulce voz, Jason menciona que estudia en el kínder y que ya se sabe el abecedario.

La segunda decepción... Click en siguiente para continuar leyendo...

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Puedes depositar al número de cuenta de Banamex 4059 3037 2894 2194 de Julio César Camargo. Informes al número de celular 66 88 32 57 20 o al teléfono de EL DEBATE 816 04 00 ext. 68051

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