Los Mochis

Judíos dan vida a la tradición de la Semana Santa Yoreme

Los personajes principales de la  festividad se concentrarán en las iglesias yoremes  de los centros ceremoniales indígenas para revivir la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo

Por  Mirella López

Judíos dan vida a la tradición de la Semana Santa Yoreme.(Javier Padilla/ EL DEBATE)

Judíos dan vida a la tradición de la Semana Santa Yoreme. | Javier Padilla/ EL DEBATE

Los Mochis, Sinaloa.- La tradición de la Semana Santa Yoreme que se presenta en los centros ceremoniales del norte de Sinaloa y sur de Sonora es la de mayor arraigo en el calendario ritual de las celebraciones indígenas, y los judíos son los principales personajes que le dan vida a esta festividad pagano-religiosa. 

Esta antigua tradición que lleva más de 400 años en practicarse es el resultado de la fusión de la religión católica y la de los nativos yoremes que habitaban en la región norte de Sinaloa.  

Este sincretismo da como resultado esta festividad  que se erige como el ritual más grande del noroeste del país, en comunidades como San Miguel Zapotitlán, en el municipio de Ahome, así como Mochicahui y en Tehueco, municipio de El Fuerte, donde participan miles de judíos de todas las edades, y a la que se suman miles de visitantes locales, nacionales y extranjeros, que se dan cita para apreciar la majestuosidad de la ceremonia.

Los judíos

En la Semana Mayor participan miles de judíos llamados también chapayecas, jurues o fariseos entre las comunidades indígenas mayo-yoreme.

Los judíos son una especie de agrupación militar con estructuras de mando definidas. Representa la maldad o demonio, y se caracterizan con máscaras, mantillas, tenábaris, carrilleras, lanzas, sonajas y tambores, cuyo atuendo es alusivo al antiguo soldado romano. Aparecen cada viernes después del Miércoles de Ceniza (al iniciar la Cuaresma) y permanecen desde el día Miércoles de Tinieblas en la iglesia indígena hasta el Domingo de Resurrección, y provienen de las comunidades aledañas a los centros ceremoniales. 

El judío es el personaje principal en el drama indígena de la pasión de Cristo, que se escenifica en la festividad de Semana Santa Yoreme, en los centros ceremoniales del norte de Sinaloa como Baca, Baymena, San Javier, en Choix; Capomos, Tehueco, Charay, Mochicahui, en El Fuerte; San Miguel Zapotitlán, La Florida, Ohuira, 5 de Mayo, en Ahome; Juan José Ríos y La Playita, en Guasave, y Ocoroni, en Sinaloa  de Leyva, por mencionar algunos. En el centro ceremonial de San Miguel se registra la festividad más grande del noroeste del país, por la magnitud que ha alcanzado en los últimos años, en número  de personajes que participan y en visitantes que arriban para apreciarla e investigarla. 

Esta antigua tradición, heredada de los misioneros jesuitas que evangelizaron a los nativos hace más de 400 años, va creciendo año con año, atestiguan algunos personajes yoreme organizadores de la misma como los alawassi (jefe mayor de los fiesteros) y chicoteros (jefe de grupo que controlan a los judíos) que participan en esta tradición, pues cada vez se suman muchos niños y jóvenes y también “yoris” (personas que no pertenecen a  la raza indígena yoreme, pero que han adoptado esta tradición como suya). 

Las corridas

El día Miércoles Santo (de Tinieblas) y el Jueves y Viernes Santo son las corridas grandes de los judíos por las diferentes comunidades indígenas. Estas consisten en recorrer las casas de los pueblos yoreme aledaños al centro ceremonial, tumbando las cruces de madera que adornan cada casa indígena, simulando la búsqueda de Jesucristo para aprehenderlo y matarlo. 

El Miércoles de Tinieblas, desde temprana hora comienzan a reunirse los judíos en las afueras de la iglesia yoreme, y por la noche se trasladan al centro ceremonial, donde pernoctan y dan inicio a la celebración con la aprehensión de Itom Atchai (Nuestro Padre), para salir al alba del día Jueves Santo, a pie (o en carro, algunos que van a zonas más alejadas) en la primera corrida en busca de Cristo Rey; los que tienen “manda” lo hacen a pie. Llegarán a las casas y las iglesias de las comunidades en busca de Cristo para darle martirio y muerte.

Entre bailes, juegos y derrumbe de cruces se pasan el día, y al atardecer regresan a recinto, para pernoctar ahí en vigilia. 

La corrida se repite el Viernes Santo a otros pueblos. Para cubrir el mayor número de comunidades posibles, se dividen en grupos que les permite llegar hasta las distintas comunidades que componen cada jurisdicción. 

El Sábado de Gloria o Corrida de Gloria, ese día culmina la actividad que representan los judíos despojándose de sus máscaras y demás elementos del mal, arrepintiéndose de sus actos bajo la palabra del maestro rezador. Es cuando hacen la llamada Quema de máscaras y se bautizan, acto con el que finaliza para los judíos la festividad de la Semana Santa, la cual se cierra con la vistosa ‘Corrida de Santos” o de ‘resurrección’ la mañana del Domingo de Pascua.

El Pilato, o rey de los judíos, y el alpheres mayor dirigen la ceremonia. Foto: EL DEBATE

Origen de la tradición y los judíos

Indígenas mayo-yoreme del norte de Sinaloa y sur de Sonora recrean la aprehensión, pasión, muerte y resurrección de Cristo, de forma singular, donde se observa el sincretismo religioso, al manifestarse elementos totémicos prehispánicos mezclados con aspectos de la Iglesia católica, que se registró durante la evangelización jesuita a los nativos en el siglo XVI.

Cuando los mayo-yoreme conocieron la vida de Cristo sintieron la necesidad de corregir sus faltas y se comprometieron con la “manda” de vestirse como judíos y hacer los recorridos ceremoniales de resistencia en sacrificio por los beneficios recibidos de Dios.

Cabe destacar que es en las comunidades más pequeñas y lejanas donde se conserva la más pura esencia de los rituales yoreme de la Semana Santa indígena.

En los centros ceremoniales más grandes, como en San Miguel Zapotitlán, algunas costumbres han cambiado y se ha criticado el desvirtuar un poco su sentido. 

Foto: EL DEBATE