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"Las meretrices somos madres desesperadas"

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Los Mochis, Sinaloa.- Llegó de la lejana ciudad de Tijuana, con 25 años y 2 hijos. El camión en que se vino la dejó en la central camionera de esta ciudad, en ese entonces una ciudad pujante, más activa que su natal ciudad de Baja California. Le gustó de la ciudad su sol potente y la cálida amplitud de su gente.

Soledad es una mujer sencilla, de estatura baja, de pelo teñido de rubio que le llega escasamente en los hombros, piel blanca y ojos café claros, muy grandes y misteriosamente expresivos.

Su arribo a esta ciudad no fue accidental, pero sí representaba hacer una nueva vida que le daría libertad de un fallido matrimonio, en donde los insultos y el maltrato prácticamente la llevaron a punto de la muerte; no obstante, escapó de su victimario.

Logró instalarse en una vivienda humilde y sencilla de renta con el poco dinero que le quedó cuando vivía con su pareja, con la cual solamente logró vivir un par de años, que parecían una eternidad.

Aquí, pasó el tiempo y se le terminó el dinero, buscó trabajo y no logró nada, por ello, en contra de su voluntad, se inició en la prostitución.

Soledad sabe que su decisión de ejercer la prostitución no es la mejor; sin embargo, asegura que hasta el momento es la única forma de hacer dinero para mantener a sus dos pequeños hijos, debido a que tiene que darles alimento, vestido y estudios.

"Tenemos los mismos derechos que las demás personas, pero no hemos tenido las mismas oportunidades. Que nos den esta oportunidad y ya veremos el cambio", señala Soledad.

Comenta que sus compañeras de oficio prefirieron llamarle "Sol".

Llama la atención porque su porte y apariencia no son de una meretriz común y corriente. Bien pasa por una dama común en los lugares más exigentes. De hecho, su aspecto juvenil y su sonrisa fácil llaman la atención de propios y extraños.

Soledad lamenta que sus vecinos la señalan, al igual que a sus hijos, la rechazan por ser una mujer que se dedica a la prostitución; sin embargo, se entristece porque ellos no saben el sufrimiento que enfrenta día a día para salir a ofrecer sus servicios por unos pesos.

La joven mujer comenta que en un día normal, en las primeras horas de la jornada tiene que hacer las labores que hace cualquier madre de familia.

Como cualquier madre: "Me despierto, alisto a mis hijos para llevarlos a la escuela... Clikc en siguiente para continuar leyendo...