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"Los 'bajadores' nos quitaron todo"

ESPECIAL: DESIERTO DE ARIZONA

Nogales, Sonora.- Cansado de la pobreza y de que el dinero no alcanza para comer, José Luis Heras Valenzuela, de 32 años, originario de Juan José Ríos, Sinaloa, decidió venderlo todo y atravesar uno de los desiertos más mortíferos del mundo: el de Altar.

A José Luis lo encontramos decaído, cansado y sucio en el albergue de San Juan Bosco, el cual ha dado atención a más de 1.2 millones de migrantes en 31 años de existencia.

Conmueve la candidez y el cansancio de este campesino de Sinaloa, pero duele en el alma ver a su pequeño hijo de 8 años, quien intentó cruzar el desierto con su padre, a quien no abandona ni a sol ni a sombra.

La sorpresa aumenta cuando el padre, con su dolor y cansancio, cuenta que con él viajó su esposa, Lupita, de 32 años, y la pequeña Victoria, quien a sus 12 meses no alcanzó a entender cómo su hermanito estuvo a punto de morir de hambre, de sed o asesinado por animales o asaltantes en el desierto.

Ambos padres alcanzaron a tener la prudencia de dejar a otros tres niños de 6, 5 y 3 años en casa, al cuidado de la abuela.

En Altar, aunque se sintió bien, habituado, en una semana se fueron quedando sin dinero, aunque alcanzaron a pagar al "pollero" que los llevaría por el desierto a una muerte casi segura.

Los "bajadores" Ya en el desierto, caminaron un día cuando se les aparecieron unos tipos a caballo, los temidos "bajadores", quienes se llevaron su dinero.

Ya solamente les quedaban sus fuerzas y su ingenio para llegar a Estados Unidos, donde los recibiría algún pariente. Pero en el atraco se les perdieron los documentos y tuvieron la nueva ingrata ocurrencia de regresarse en medio de la noche y el desierto a buscarlos.

Por suerte, unos 10 compañeros de marcha se regresaron con ellos en esa solidaridad que se da en el desierto.

Ya perdidos los atrapó "la Migra", y aún dice ingenuo: "Y no hallamos los documentos perdidos de mi hijo", sin saber que ya sin guía sólo podían encontrar: o a la Patrulla Fronteriza o a la muerte.

La marcha fue rápida por el desierto, ya que como gente de campo están acostumbrados al ejercicio físico. "Aún estamos fuertes, pero no lo volveré a intentar", dijo. "Mira cómo traigo a mis hijos, sufriendo, sin necesidad".

El futuro que les espera es que unos tendrán que partir a Veracruz, a sembrar maíz o frijol en el campo del patrón, otro reunirá los trozos de su familia para recomenzar la vida allá en Juan José Ríos, pues ha comprendido "que vale más comer frijoles con tortillas duras que venir a arriesgar a la familia" en el desierto de Altar "para cruzar pa'l otro lado".

Te invito a leer el reportaje Alerta: 44 muertos en el desierto

Mira aquí el video: El sufrimiento de cruzar la frontera

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