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Migrantes: entre el sueño y la pesadilla americana

LOS MOCHIS

Trampas esperan casi todo el día para poder abordar el tren que los lleve a la frontera norte. En ocasiones no alcanzan a subirse y tienen que esperar hasta el día siguiente 2

Trampas esperan casi todo el día para poder abordar el tren que los lleve a la frontera norte. En ocasiones no alcanzan a subirse y tienen que esperar hasta el día siguiente 3

Trampas esperan casi todo el día para poder abordar el tren que los lleve a la frontera norte. En ocasiones no alcanzan a subirse y tienen que esperar hasta el día siguiente 4

Trampas esperan casi todo el día para poder abordar el tren que los lleve a la frontera norte. En ocasiones no alcanzan a subirse y tienen que esperar hasta el día siguiente 16

Trampas esperan casi todo el día para poder abordar el tren que los lleve a la frontera norte. En ocasiones no alcanzan a subirse y tienen que esperar hasta el día siguiente 5

Trampas esperan casi todo el día para poder abordar el tren que los lleve a la frontera norte. En ocasiones no alcanzan a subirse y tienen que esperar hasta el día siguiente 6

Trampas esperan casi todo el día para poder abordar el tren que los lleve a la frontera norte. En ocasiones no alcanzan a subirse y tienen que esperar hasta el día siguiente7

Trampas esperan casi todo el día para poder abordar el tren que los lleve a la frontera norte. En ocasiones no alcanzan a subirse y tienen que esperar hasta el día siguiente 8

Trampas esperan casi todo el día para poder abordar el tren que los lleve a la frontera norte. En ocasiones no alcanzan a subirse y tienen que esperar hasta el día siguiente 9

Los Mochis, Sinaloa.- Hace un mes que Elizabeth Mayorquín dejó lo que más quería: a sus 3 hijos y su natal Francisco Morazán, Honduras, para buscar una vida mejor.

Asoleada y sedienta, ya que no tomaba agua desde que pasó por la estación ferroviaria de Mazatlán, pero eso sí, con la ilusión de alcanzar el anhelado "sueño americano", llegó de trampa a Estación Sufragio, El Fuerte, poco antes de las 12:00 del día, en el techo del tren carguero que provenía del sur del país.

Con apenas 24 años de edad, Elizabeth es madre soltera de tres niños: Alejandro, Elieser y Johan, de 9, 6 y 3 años, respectivamente, a quienes extraña como jamás pensó hacerlo, sentimiento que sólo es superado por las ganas de sacarlos adelante para que no pasen una vida llena de carencias, como la que a ella le tocó.

"En Honduras no hay nada, hay demasiada crisis... Voy a donde Dios me ayude. Extraño a mis niños, a mi mamá, pero quiero ayudarle a mi familia, a mis hijos", asienta, mientras se encuentra frente a la estación de tren sentada en una piedra, donde aprovecha para hidratarse, ya que es pleno mediodía y el sol está en su punto máximo, aunado a la densa humedad del ambiente, pero que dista mucho de hacerla desistir de su meta: llegar hasta San Francisco.

Agarra aire, hace una pausa y toma un trago de refresco... Observa a su hermano y a sus compañeros, 4 trampas que conoció en el camino y que la han protegido hasta el momento, como si se tratara de un grupo de hermanos.

En su bolsillo lleva un par de cambios de ropa y 5 mil lempiras (alrededor de 3 mil pesos mexicanos, pero en moneda hondureña). En ese momento ríe, pero a la vez su expresión se transforma en un gesto agridulce al acordarse, de nuevo, lo duro que fue despedirse de su familia, más cuando su abuela y el mayor de sus hijos comenzaron a llorar mientras su madre le daba la bendición.

Acerca del camino asegura que no recuerda mucho, ya que gran parte de este se la ha pasado durmiendo, mientras su hermano vela por ella. Eso sí, atesora gratos recuerdos de las personas que ha conocido en su trayecto y que la han ayudado.

"La mayoría de las personas son buenas, aunque sí hay gente mala... Hay quienes nos regalan ropa, zapatos y comida, hasta comemos más que en Honduras", ríe de nuevo, al igual que sus compañeros de viaje.

Ella está consciente que ha corrido con suerte, ya que reconoce que en el camino hubo otros trampa a quienes golpearon, asaltaron e, incluso, en el caso de una mujer, hasta violaron. Ha sentido miedo, pero no el suficiente para flaquear.

"Sí, claro, siempre lo he tenido, pero hay que confiar en el Señor... Este viaje lo tengo desde hace tiempo, en que me voy y me voy, pero ya me vine".

De cuando inició su aventura, recuerda que en la frontera sur de México el tren llamado "La Bestia" venía tapizado de centroamericanos, pero sólo una parte ha logrado llegar hasta Sinaloa.

También dejó todo...

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