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Sin brazos ni piernas pero mucho corazón

LOS MOCHIS

Los Mochis, Sinaloa.- Jesús Miguel Rodrigo Calvo ha sido alguien especial desde su nacimiento, y no sólo porque carece de piernas y brazos, sino por el carisma y amor por la vida que emana.

A lo largo de sus 17 años, el joven no ha desistido de alcanzar sus metas y seguir sus sueños, por lo que diariamente recorre kilómetros y kilómetros desde su hogar en San Isidro para llegar a esta ciudad, donde acaba de egresar de la preparatoria en el Colegio Sor Juana.

"Voy a seguir estudiando, voy a estudiar Psicología en la Universidad de Los Mochis", aseguró.

Apoyo.

A pesar de que no puede caminar y realizar muchas actividades por falta de sus extremidades, Jesús Miguel trata de llevar su vida lo más normal posible, con ayuda de sus padres, sus dos hermanitos y su hermana María Inés, que incondicionalmente están con él y lo apoyan en todas sus aspiraciones.

Por su parte, sus amigas lo consideran una parte fundamental en sus vidas, y aseguran que no cambiarían su amistad por nada del mundo.

"Sí es mi mejor amigo", expresó Aismara Leyva Astorga.

Obstáculos.

Sin embargo, desde principios de año la silla motorizada de Jesús Miguel culminó su funcionamiento, por lo que el joven tuvo que volver a una silla de ruedas normal, que le dificultó su desenvolvimiento enormemente.

Además, su familia no pudo solventarle una nueva silla, ya que los precios varían desde los 10 mil, hasta más de 30 mil pesos.

Juan de Dios Zavala Rojo, quien desde que estaba en secundaria lo ayudaba a trasladarse desde su comunidad a Los Mochis, tuvo que apoyarlo en darle un empujoncito a la silla de ruedas estos casi 5 meses que lleva sin su silla eléctrica.

"Una eléctrica es mejor porque me muevo solo, con esta batallo, tengo que tener a otra persona para que me empuje", reconoció.

Por tal motivo, su amiga Silvia Mendoza, quien vio el esfuerzo extra que Jesús Miguel tenía que hacer para seguir estudiando, acudió a Asociación Ale a pedir apoyo para solventar la necesidad de su amigo.

Aunque en ese momento no pudieron ayudarlo, a los 15 días recibieron la noticia que alguien había donado una silla eléctrica, que hoy pertenece al joven.

"Realmente ves como Dios pone las cosas, de la nada. Es una silla que está usada pero es muy buena", explicó Lucy Careaga, miembro de la asociación.

Por su parte, sus amigas y compañeras de escuela cooperaron para comprarle una batería, con el fin de hacer funcionar su nuevo equipo. "Mil gracias a Asociación Ale por la silla. La voy a cuidar mucho", exclamó en beneficiario.

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