Los Mochis

Un fígaro en el corazón de la ciudad

Carlos Daniel tiene 76 años y es uno de los peluqueros más antiguos de Los Mochis. Pasa la mayor parte de sus días con tijeras en mano, entre caballeros y espejos alargados

Por  Marisela Jolie

Carlos Daniel Hernández Zazueta en la peluquería.(Jorge Cota/ EL DEBATE)

Carlos Daniel Hernández Zazueta en la peluquería. | Jorge Cota/ EL DEBATE

Los Mochis, Sinaloa.- Carlos Daniel Hernández Zazueta tiene 76 años y es uno de los peluqueros más antiguos de Los Mochis. Pasa la mayor parte de sus días con tijeras en mano, entre caballeros y espejos alargados.

“Yo nací en Hermosillo, Sonora, pero desde muy niño me vine a Los Mochis, tenía 8 años; soy fígaro, tengo 56 años cortando el cabello”.

Un fígaro en la ciudad

Estudió para contador privado en la Academia Wester de Los Mochis, pero su destino era la peluquería. Tenía 20 años cuando aprendió el oficio, su hermano mayor fue su mentor.

“Mi hermano mayor nos enseñó el oficio a un hermano más chico y a mí; somos ocho hermanos, tres mujeres y cinco varones; solo quedamos tres. Mi hermano vivía en Sonora y allá nos enseñó; mi mamá vivía en Los Mochis, se enfermó y me vine a vivir a la ciudad. Se me hizo fácil, me enseñó a ser ágil con las tijeras. Recuerdo que en una pelota marcaba el redondel de la oreja y con la navaja me enseñaba a rasurar sin recargar la navaja en la pelota, sin abrir la navaja en el asentador a darle filo despacio; viendo todo el día aprendí”.

El primer corte lo realizó en una peluquería de Sonora, descubrió su talento y jamás lo abandonó.

“La peluquería se llamaba Regino, en Pitiquito, entre Altar y Caborca. Mi hermano me dijo: ahorita vengo, si llega alguien le cortas el cabello, Yo creo que él envió a un conocido y estando yo solo, empecé a cortar el cabello al señor; el corte de cabello era de dos rayas clavo oscuro, ese fue el primer corte de mi vida”.

Después de trabajar 16 años en Sonora, llegó a Los Mochis para quedarse.

“Trabajé en la peluquería El Tabachín a un lado del bar, estuve dos años; después me fui a la peluquería Dalila con Beto, “El Pelón”, ya fallecido, y Daniel, que tenía la peluquería a un lado de los cachitos, ya falleció también; estaba frente a Coppel, ahí duré un año; me regresé a Sonora y allá estuve como 20 años, regresé a Los Mochis para quedarme hace 47 años”.

Durante 47 años se ha dedicado a arreglar el cabello sus clientes en la peluquería Hollywood de Roberto Márquez en el centro de Los Mochis. 

“Trabajo de lunes a domingo, de 8:00 de la mañana a 7:00 de la tarde, paso más horas aquí que en mi casa. Mis compañeros y yo nos llevamos muy bien, por eso he durado tantos años, no soy persona conflictiva. Es muy bonito y muy extenso este oficio, nunca termino de aprender, siempre salen cortes nuevos”.

Por sus manos pasan hombres que gustan de un buen corte de cabello o una afeitada bien al ras.

“Uso la tijera, la navaja, secadora, máquina para cortar el cabello y máquina marcadora, entresacadora, la capa, toallas, peines, cepillos y mi talento. Mis cortes favoritos son los primeros como el clavo oscuro dos rayas, redondito, flet up, cuadrado, desvanecido, todos son bonitos”.

Los clientes satisfechos siempre vuelven, y algunos acudieron a Carlos toda una vida a la popular peluquería.

“Tengo clientes que han venido conmigo desde hace más de 30 años, muchos ya fallecieron, vienen de todas las edades, gente mayor y joven; al principio le cortaba el cabello a mujeres, pero poco a poco me fui retirando del corte de mujer y me quedé con puro varón. Mi oficio no es cansado, lo que me cansa es estar sentado esperando a que lleguen los clientes, pero cuando llegan, es otra historia que escuchar”.

Aun con el paso del tiempo, se mantiene en el gusto y preferencia de los caballeros.

“Me siento bien, porque uno mismo sabe cuando queda bien un corte de cabello; yo lo veo y se me hace imposible, digo: qué bien le quedó, qué bonito se le mira el corte; es un orgullo y una satisfacción ver cuando una persona regresa y me dice: me lo corta el cabello igual que la vez pasada”.

Recuerda aquellos peluqueros con los que inició, y que hoy existen solo en la memoria de sus clientes. 

“Uno de ellos era Robles, era peluquero y se independizó y se puso por la Obregón frente a El Debate viejo; otro era el Chuco, vivía en la Texas; los Reginos, muchos ya fallecieron, éramos un grupo de jóvenes peluqueros; ahora ya hay muchos porque hay academias y en cualquier colonia o fraccionamiento y en el centro, ya hay peluqueros y peluqueras, abundan ya.”

Una larga trayectoria respalda al artista de las tijeras y navajas, cuyo nombre quedará escrito en el corazón de la ciudad.

Tengo dos hijos, cinco nietos y una bisnieta. Yo quería enseñarlos, pero nadie de mi familia quiso aprender el oficio, hasta aquí va a quedar el legado. Yo quiero dedicarme a esto mientras pueda, mientras Dios me dé fuerzas, qué tanto me puede faltar”.