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Los Mochis

El niño Down en la escuela

La vida para una persona con síndrome de Down es muy distinta a la de los demás, pero la realidad es distinta cuando encuentran un lugar donde sienten armonía

Por: El Debate

Foto: Archivo/ Cuartoscuro

Foto: Archivo/ Cuartoscuro

Cuando me inscribieron en la escuela me puse muy feliz. Pensaba que mi hermana y yo jugaríamos con otros niños y tendríamos una linda maestra. Imaginaba todo como en un cuento que mi mamá me leía. Pero la realidad era distinta.

En la escuela conocí un mundo diferente al de mi casa. Entré a un mundo desconocido que me hizo daño. Mi mamá sabía que me sería difícil pues era un niño especial, pero me aferré y mi hermanita le dijo a mi mamita que ella me cuidaría. Pero ella no podía cuidarme todo el tiempo. 

Llegamos a la escuela y nos pusimos a platicar con otros niños que me miraban de una forma extraña. Me decían que estaba feo, que por qué tenía mis ojos rasgados, que si mi boca no se cerraba... 

Mi mamá siempre me decía que era lindo, que cuando creciera me saldría un bigote grande como a mi abuelo. En el recreo los niños más grandes se burlaban de mí, se reían y me ponían apodos.

Yo quería jugar futbol con ellos y nunca me dejaban, me decían que yo no podía jugar porque estaba tonto. Eso sí me dolía, aquí dentro de mi pecho, me preguntaba por qué Diosito no me había hecho normal, por qué no podía hablar como ellos, por qué me cansaba cuando corría. Yo quería que Diosito arreglara mis ojos raros y también la tonta de mi boquita que se abre sola muy seguido. Pero nunca me hizo caso. Así pasó el tiempo y los niños eran malos conmigo. 

Las amigas de mi hermana me caían gordas porque decían que era feo y que no podía hablar bien. Pero no estoy feo y sí puedo hablar, sólo que me tardaré más que ellos en aprender porque estoy enfermito. Mi mamá me decía que yo era un niño especial, que no creyera lo que decían los demás. Y eso era lo que yo hacía.

Mi hermana me defendía de los insultos de sus amigas y hasta se peleaba con ellas. Yo la quiero mucho pero ahora siento que se aleja de mí por sus amigas; pero yo sé que no es por eso, ella se siente celosa porque mis papás me cuidan más que a ella.

¡Ay, mi hermanita no se da cuenta de que soy un niño especial, por eso mis papás me ponen más atención! Pronto verá que está en un error.

A la maestra no la quería porque nunca me hacía caso cuando los demás niños me pegaban y me trataban mal y siempre me regañaba cuando les tiraba pedradas, pero si no les tiraba me seguirían pegando. Ella se desesperaba porque no me entendía.

Yo quiero hablar bien pero no puedo. Ella abrazaba y besaba a los otros niños y cuando yo me acercaba me rechazaba. No me quería. Por eso ya no quise ir a esa escuela donde me trataban mal. Me sentía muy triste y ya casi ni hambre me daba porque había un niño que me quitaba el dinero y no me dejaba ni para un chicle, yo le decía a la maestra pero nunca me hacía caso. Mi hermanita es la única que me quiere y no jugaba con sus amigas por jugar conmigo y no se me hacía justo.

Mi mamita decía que me portara bien, que cerrara mi boquita para que no se rieran de mí y así lo hice. Nadie se daba cuenta que yo me portaba bien y los demás niños eran los que peleaban conmigo. Tampoco se daba cuenta de que la maestra me despreciaba, que nunca dejaba que le diera un abrazo. Eso me ponía muy triste y me quedaba solito en el salón. Nada fue como yo pensaba. Los niños no querían ser mis amigos y eso que ya no me quedaba con la boquita abierta.

Un día me trajeron a mi nueva escuela. Aquí todos somos iguales, tenemos los mismos ojitos rasgados y no podemos hablar bien aunque ellos son más tontos porque no cierran la boca como yo. A mí, mi mamita me enseñó a tener mi boca cerradita cuando no hablara. Como ellos aún no aprenden, tendré que enseñarles porque se pasan con la boca abierta y hasta con la lengua afuera.

La maestra de esta escuela es como mi mamita, ella sí me quiere y me deja que la abrace y la bese. Esta maestra sí es bonita, no como la otra. A la que extraño es a mi hermana, aunque nos vemos en mi casa. Ella no puede venir porque aquí todos somos niños especiales y ella no lo es. Por eso no quiero que venga a mi escuela porque no quiero que se sienta mal como yo me sentí en la de ella. No quiero que mis compañeros la traten mal ni que le peguen, así que mejor me espero a verla en la tarde junto con mis papás. En esta escuela sí soy feliz. Aquí todos somos iguales.  

Cuento de Isela Jaqueline Ceballos Arredondo, publicado en el Libro ‘Historias diferentes’ 
(Coordinador: José Manuel Frías Sarmiento): 2011, Universidad Pedagógica Nacional y Escuela Normal de 
Especialización del Estado de Sinaloa.    

En esta nota:
  • Día Mundial del Síndrome de Down
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