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Asaltante sembró el terror en el 2002

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Por: Rubén Navarro

Mazatlán, Sinaloa.- El cazador resultó cazado. Octubre de 2002. Una serie de robos violentos en el poniente del centro de la ciudad alarma a las autoridades policiales, que en menos de 20 días, se ven rebasadas por un asaltante astuto, escurridizo y desalmado.

La forma de operar del sospechoso resulta la misma. Espía a su víctima y la frecuenta, haciéndose pasar como uno más de sus pacientes.

Cuando considera que el doctor se encuentra sólo en su consultorio, da el golpe. Las versiones de los afectados coinciden en que utiliza un revólver calibre .357 Mágnum para amedrentar a su víctima.

Los movimientos del asaltante se registran en consultorios médicos y dentales ubicados por la calle 5 de Mayo, Ignacio Zaragoza, Simón Bolívar, Juan Carrasco y Benito Juárez.

En menos de un mes, policías municipales registran al menos diez atracos cometidos por un solo hombre, cuya identidad es una incógnita.

Alzan la voz. Derivado de los robos violentos, la comunidad médica de Mazatlán exige a la autoridad ministerial la detención del asaltante y un castigo severo por los delitos que cometió.

Algunos doctores optaron por colocar rejas en sus establecimientos o contratar guardias de seguridad para que estén al pendiente cuando aparezca el delincuente.

El diario EL DEBATE publicó el 19 de octubre un retrato hablado del sujeto, a quien en la jerga policial lo identifican como "El Enfermizo", por su gusto de asaltar consultorios médicos.

Tal parece que la divulgación del dibujo inhibe al sospechoso y lo hace "desaparecer" de la escena pública por un mes, tiempo en que la comunidad médica estuvo en zozobra y a la espera del siguiente golpe.

Reaparición truncada. La tarde del martes 19 de noviembre, "El Enfermizo" reapareció. Se introdujo a un consultorio ubicado en la calle Aquiles Serdán y sometió al encargado. Allí se apoderó de un raquítico botín y después se trasladó a un negocio de fotografía, donde despojó al dueño de 47.50 pesos.

El desalmado asaltante golpeó al dueño del establecimiento y le metió dos balazos por la espalda. Las detonaciones alarmaron a las personas que estaban en el exterior, entre ellos dos lavacarros que estaban en la puerta del negocio.

Cuando el asaltante intentaba escapar, es perseguido por los lavacarros y agentes ministeriales encubiertos que realizaban investigación en la zona centro. La aprehensión del fugitivo se realiza tras recibir un balazo en la pierna.

Luego de ingresar al extinto Cereso, la tranquilidad regresó a propietarios de los establecimientos ubicados en el centro de la ciudad.

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