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Conmemoración »Yo no se porque pasaron así las cosas«

MAZATLÁN

Mazatlán, Sinaloa.- Elizabeth Picos Chavarín; quien tristemente en silencio observa la lápida que lleva grabado el nombre de su hermana, recuerda el trágico accidente que marcó la vida de la familia.

Frente a las vías. Aún con el sol en alto, y lo caluroso de la tarde de ayer, a temprana hora la señora Elizabeth se dispuso a visitar el lugar donde su hermana menor perdiera la vida.

A 18 años de la tragedia de el trenazo, Elsa Hermelinda Picos Chavarín, quien tenía 36 años; es recordada con amor; con tristeza y pesar.

Elizabeth narra que Elsa Picos, quien en el año 1996 fuera madre soltera de Víctor N; quien en ese entonces tenía 12 años; y de Nadia, quien tenía 8 años, le fue depositada su quincena el día de la tragedia.

La madre quien a diario se veía motivada y llena de vida, ilusionada se dispuso a ir a cobrar el dinero, pues los planes de Elsa eran tantos que le hacía falta vida para realizarlos.

La mujer quien se encontró con tres amigas, estuvo compartiendo tiempo con ellas y degustando un café en una plazuela. Las amigas comentaron después del accidente a la familia afectada, que Elsa repentinamente se puso de pie y decidió retirarse, por lo que las mujeres la siguieron y abordaron el mismo camión que la hoy occisa.

Sonriendo y con la mirada puesta en la cruz de cemento, Elizabeth ríe al comentar; que Elsa advirtió a sus amigas que si en ese momento pasaba un auriguero guapo por el lugar se subirían con él.

"Pero el auriguero guapo no paso, y abordaron el camión". "Las muchachas nos comentaron que mi hermana venía planeando e insistiendo que al día siguiente fueran a la Isla de la Piedra a pasar el día. Pero ellas le dijeron que no.

También Elsa insistió que la acompañaran para presentarles a sus hijos pero no quisieron. Ya la muerte esta destinada para unos y no para otros." Entre sollozos platica la señora.

De vez en cuando deja salir una sonrisa al decir el nombre de su hermana; quien agrega era camarista de un hotel en zona dorada.

Repentina y tranquilamente Elizabeth hace una pausa; toma un poco de aire y continúa con el frío relato.

"Recuerdo que esa noche Víctor llamó a la casa de mi mamá y dijo que Elsa no había llegado a dormir a su casa. Nosotros empezamos a buscarla.

Simplemente el niño sin que nosotros supiéramos acudió a la cancha Germán Évers." Seriamente, continúa; e irónicamente una sonrisa en su rostro como de asombro se dibuja: "Él identificó a su mamá". "Luego nos avisó; por eso supimos en dónde estaba".

Los minutos pasan, el sol parece quemar más que nunca, y junto con Elizabeth, otras familias se reúnen en las vías a visitar el lugar donde quedaron sus seres queridos.

Elizabeth mirando a sus alrededores, narra otras historias de ese mismo día.

Argumenta que la misa que hacían año con año en el monumento a los finados, simplemente hace cinco años se les notificó que sería en la iglesia del mismo infonavit.

"Yo no se porque pasaron así las cosas. Quizás ya era su hora. Solo le doy consuelo a mi madre cuando se siente deprimida o se molesta por la tragedia de aquel día" finaliza Elizabeth con un gesto amable en medio de su dolor, dejando escapar un suspiro y argumentando: "fue un accidente muy feo".

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