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Doña Teresa: No quiero que se repita la historia

SAN IGNACIO

San Ignacio, Sinaloa.- El dolor de perder a tres de sus hijos es más intenso que el calor que cae como brasa del cielo.

Aún no es medio día y aquello parece la antesala al infierno. Es el panteón municipal de San Ignacio, donde la tierra se abrió para darle cobijo a diez de los doce cuerpos hallados en la caja de una camioneta. Todas y todos buscan un lugarcito donde esconderse de los rayos del sol, mientras llega la carroza con los ataúdes.

La sombra de unas espigadas ramas cobijan a doña Teresa, quien está ahí, al pie del cañón para darle el último adiós a sus hijos Remberto, José Francisco y Héber.

El sepelio se realiza sin misa en iglesia, como se acostumbra en los pueblos. Hay prisa por que los cuerpos ya huelen, ya apestan.

Ese tufo a muerte que se ha vuelto cotidiano en el municipio sierreño. La caravana de vagonetas se coloca en el angosto acceso al panteón. Gritos, llantos, lamentos de dolor por la pérdida del ser querido. Allí está doña Teresa. Sus ojos registran el movimiento de ataúdes en dirección a lo que será su última morada. La escena es desgarradora.

Una a una, las cajas mortuorias son colocadas dentro de la zanja revestida de ladrillos que el municipio mandó a hacer como apoyo a las familias dolientes. Alrededor, una veintena de personas, la mayoría mujeres y niños, contemplan la escena y tratan de asimilarla.

El ruido del motor de la revolvedora los aleja del trance. La cuadrilla de hombres tiene que culminar el trabajo. Carretilladas de concreto son arrojados sobre la cimbra de madera para darle forma a la lápida de aproximadamente seis metros de largo, quizás la más extensa en el camposanto.

Mujeres y niños empiezan a buscar refugio bajo la sombra de los árboles. Un bote de cerveza o agua en la mano les ayuda a mitigar el calor que ayer se sintió como nunca. Doña Teresa sigue ahí. Debajo de la frágil sombra que da un árbol. No quiere apartarse de la enorme tumba. Cuenta que para sepultar a sus hijos tuvo que gastar el dinero ahorrado a base de trabajo.

Dice que su destino es incierto. No quiere que la historia se repita. "Tengo tres nietecitos y no los quiero exponer". Los albañiles culminan de elaborar la lápida de concreto y con ello, el sepelio de los diez cuerpos llega a su fin.

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