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Mazatlán

El atole, una rica tradición invernal en el sur

Lucía es una de las pioneras en la venta de esta bebida tradicional, que es toda una tradición

Por Pedro Quintero

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Rosario.- El atole de pinole es una bebida tradicional hecha de polvo de maíz tostado,  muy buscada en el sur de Sinaloa, sobre todo en el municipio de Rosario. En este tiempo de frío son muchos los que venden atole, y también  gorditas, panqueques o bollitos.

Una pionera

Una de las primeras personas que empezó a vender este atole en El Rosario, hace poco más de 40 años, fue Lucía Beltrán, quien ahora tiene 68 años.

Su lugar de venta era la zona conocida como El Indio, entre las calles Ángel Flores y Melchor Ocampo, espacio donde ahora una de sus hijas y nietos continúan con esta tradición. Recuerda que desde muy niña tuvo que trabajar porque su mamá se quedó sola debido a que los padres de esta murieron. Acarreaba agua del río, le tocó planchar con plancha que calentaban en un comal, preparar tortillas a mano, tejer, hacer aseo y lavar para otras personas.  Pero su etapa más difícil fue cuando se divorció de su esposo y se quedó sola con cinco hijos.

Lucía Beltrán pensó que no podría sacarlos adelante, pues nunca pudo estudiar y apenas aprendió a poner su nombre y deletrear.   

Comienzo difícil

En ese entonces, cuando contaba con 25 años, laboraba en una tortillería pero, el dinero para mantener a sus pequeños no le alcanzaba.

Entonces le empecé a decir a mis niñas: ‘Sacaremos atole’, y me decían: ‘No se vende, mamá’. Pero yo les decía que sí... La gente hacía atole, pero para su consumo, nadie vendía. Nadie. Fui la primera que sacó a vender. A la gente le causó curiosidad y empezó a venir y a comprar, y cada vez tenía más clientes”, dijo doña Lucía.

El primer día consiguió un bracero, pues no había recurso para comprar gas, y poco a poco empezaron a ver que “salía para las tortillas” con la venta de atole de pinole y gorditas. 

Pero un día, una de sus hijas le dijo que le pasara el negocio, y aunque a ella también le hacía falta el trabajo, aceptó, y su hija logró mejorar, pues empezó a utilizar gas y logró mejorar aún la receta y darle un mejor sabor.

Siguen la tradición

Aunque Lucía Beltrán ya no prepara el atole, siempre está en el lugar al pendiente. Se dice muy contenta de que sus hijos y sus nietos sean personas de bien, que les gusta trabajar; y la venta de atole sigue ayudándoles a las nuevas generaciones, pues algunos de sus nietos estudian, y por las tardes o en la mañana trabajan en la venta y elaboración de atoles y gorditas para costear algunos de sus gastos.

Me siento satisfecha, mis hijos y mis nietos saben luchar. Gracias a Dios son personas de bien. Mis nietos están estudiando y trabajando, y quiere decir que todo el trabajo y esfuerzo no fue en vano.

Doña Lucía Beltrán da las gracias a todos los que la apoyaron cuando inició con su pequeño negocio, el cual le ayudó a sacar adelante a sus hijos. También se dice agradecida con los clientes fieles, que siguen consumiendo hoy en día, pues aunque ahora ya muchos venden atole de pinole, el sabor es algo que los distingue y les permite seguir conservando y atrayendo nueva clientela.

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