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El sonriente José Luis y su foto del recuerdo

MAZATLÁN

Mazatlán, Sinaloa.- José Luis ve a todos lados, impresionado. Trae un paso ligero. No quiere perderse detalle del malecón, su playa, los hoteles, la gente al pasar. Los gringos… bueno... las gringas que corren o caminan como él a las 10:00 de la mañana. "Hasta el sol es distinto", por eso, cada que puede voltea al cielo, pone sus ojos de chino y ve hasta dónde la intensidad de la luz matutina se lo permite. En su natal Veracruz, asegura, también tiene puerto, "pero acá está más bonito todo, más que en mi pueblo".

"Oye, ¿me tomarías una foto? Es que quiero llevarme un recuerdo de Mazatlán. Que se mire el mar, pero también los hoteles." Y José Luis toma su pose junto al barandal, deja a un lado la única pertenencia que lo acompaña: una chamarra negra con días de no haber sido pasado por ella ni un trapito húmedo, y sonríe a la cámara. Su aproximadamente 1.60 de estatura permite captarlo sin problema de cuerpo completo, junto a una parte del mar, una de las tres islas y algunos restaurantes y hoteles del malecón, como él pidió. "Soy pobre, no utilizo nada de correo y esas cosas. Ni teléfono traigo. Pero ya sé, mándame la foto a la presidencia de Tuxpan, Veracruz. Allá me la mandas y voy por ella."

José Luis Ramírez Pérez es jornalero. Asegura ser uno de tantos trabajadores que viene a Sinaloa a trabajar la temporada, y por desgracia, también uno a quienes el que los contrató no les pagó lo que les prometió y lo dejaron a su suerte. "A mí me quedaron debiendo 6 mil por los tres meses que trabajé en campo Moroleón, en Culiacán…fuimos 10 en total a los que no nos pagaron. Y me dijeron que en mi pueblo me pagarían."

¿Pero te ves contento?

No tengo por qué estar triste. No tengo dinero, pero esta ciudad es muy bonita.

Pareciera que te ha ido muy bien.

No. Anoche dormí en Cáritas. Tratan muy bien a todos. Me dieron de comer y ahorita voy rumbo a Catedral, trabajaré unos días para sacar y regresarme a mi pueblo.

¿En qué trabajarás? ¿Hoy también dormirás en Cáritas?

No sé en qué trabajaré. Tampoco tengo para comer, lo que sea. Quizá me quede a dormir en Catedral.

Pero hará frío...

Sí, lo sé. Aquí tengo mi chamarra. Sé que me irá bien.

José Luis se cubre del sol con una cachucha nueva del Maratón Pacífico que alguien le regaló. Usa camiseta de resaque sobre su camisa blanca y humilde pantalón negro, como sus tenis gastados. Tiene 50 años y asegura que trabaja en el campo desde empezó a caminar. Su piel está quemada por el sol y por esas jornadas casi inhumanas que muchos de ellos laboran día a día por unos cuantos pesos. Su vida, envuelta en una moderna tragicomedia, representa una de tantas en nuestro estado que recibe la indiferencia de todos.

Hace año y medio murió su esposa, con quien procreó seis hijos, cuatro mujeres y dos hombres. La más grande de 24; el más chico de 14. Todos están en su pueblo. La mayoría trabajando y bajo la vigilancia de familiares. Quedó atorado en Mazatlán y espera pronto regresar.

Vagabundea en el puerto. Lo disfruta, y "si me encuentro una mujer, me junto con ella, por qué no. Me quedo aquí o me la llevo (su sonrisa se muestra más grande, pues toda la charla sonrió)". Después se despide, toma su chamarra negra y continúa su camino a Catedral. A lo lejos da la vuelta y se vuelve a despedir. Después, José Luis Ramírez Pérez se pierde a lo lejos entre los turistas que caminan o corren. Él camina, disfruta el paisaje, ve a las gringas y sonríe, como en la charla. Como en la foto del recuerdo.