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En tensa calma invasores de la Pino Suárez

MAZATLÁN

En tensa calma invasores de la Pino Suárez

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En tensa calma invasores de la Pino Suárez

En tensa calma invasores de la Pino Suárez

En tensa calma invasores de la Pino Suárez

Mazatlán, Sinaloa.- En tensa calma viven los habitantes de la invasión Pino Suárez. Ayer no hubo novedad. Ninguna autoridad llegó con máquinas para sacar tierra del relleno o pedir que se salieran porque están colocados en zona de alto riesgo.

Junto con el temor de ser desalojadas de sus viviendas de cartón, lámina y madera, a las 48 familias asentadas en la invasión les preocupa la manera de recuperar los pesos que invirtieron en el relleno de más de dos metros y el material que utilizaron para sus casas.

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Inversión pérdida. No tienen claro cuánto gastaron, sólo recuerdan que desde hace un año y cinco meses que llegaron a la invasión pagaban de 80 a 100 pesos por carro de escombro.

Flor Alvarado, vecina de la invasión, expresa que hicieron mucho esfuerzo para conseguir el dinero para rellenar alrededor de dos metros y ahora esos mismos operadores de carros que les vendieron escombro se lo llevan para venderlo a otros.

Los invasores indican que el escombro por el cual pagaron ahora lo compró un vecino de la calle Privada del Muro, en la colonia Pino Suárez.

Al llegar EL DEBATE a la calle reportada por los invasores, María, una vecina de calle Privada del Muro reconoció que la tierra que sacaron de la invasión fue colocada parcialmente en el terreno de su vecino y otra parte en la calle.

María Eugenia Tapia Torres, vecina de la Invasión, indica que ella y los 10 miembros más de la familia que habitan en la casa no tienen a dónde ir o dónde guardar los pocos muebles que tienen.

Además que temen moverse, pues estarían en riesgo de no recibir un terreno o vivienda como les prometieron las autoridades el viernes pasado, cuando los convocaron a salir de la zona.

El patrimonio que protege esta familia es un cuarto al fondo, de láminas de cartón y tarimas donde está la cama de doña Santos Torres, madre de María Eugenia, y el frente parcialmente techado con láminas, resguarda un colchón elevado con cubetas vacías de pintura y unas sillas de fierro que sirven de mueble de sala y sillas de comedor.

María Eugenia indica que hacerse de ese pedazo de terreno ha sido complicado, pues muchas veces han limitado su alimentación para comprar escombro.

Y en ocasiones pide a crédito, como sucedió hace unas semanas con las tiras de madera colocadas en parte del techo de la vivienda.

"Debo mil 500 pesos de las tiras de madera, el señor me fió, le pagaré cuando pueda".

La mujer señala que estos días han sido más complicados de lo normal porque su esposo Gaspar se encuentra en una situación crítica, ya que padece diabetes y tiene problemas de movilidad.

Sin embargo al presenciar la posibilidad de ser desalojados de la invasión cayó en crisis.

"Hace unos días, tuve que llevar a mi esposo a una casa abandonada dos cuadras más adelante porque si llegaban las máquinas a sacarnos no podríamos cargar con él y mover las cosas".

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