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Karla N. relata los 12 años de violencia intrafamiliar que vivió

MAZATLÁN

Mazatlán, Sinaloa.- Había pasado apenas una semana desde su boda, cuando Karla recibió el primer empujón de su esposo.

Fue hasta 12 años después que Karla se convenció que ni ella, ni sus tres hijos debían continuar la vida al lado de un hombre que la maltrataba física y emocionalmente.

Lejos de mejorar, las cosas habían empeorado desde hacía unos años, cuando se había involucrado con las drogas y el mundo del narco.

Miedo. Al principio cuando su entonces esposo le daba empujones y luego le lastimaba la autoestima, Karla lo disculpaba.

Pensaba que iba a cambiar con la llegada de su primer hijo, pero no fue así.

El hombre con quien decidió casarse luego de tres años de noviazgo, no sólo continuó con los abusos emocionales, sino también físicos.

Aunado al temor que vivía, la situación se tornó más complicada porque él se inició en el consumo a las drogas.

Era una experiencia de vida que nunca tuvo con sus padres y no sabía cómo manejarla, recuerda apretándose las manos.

La adicción de su marido, la obligó a trabajar para sacar adelante a su hijo, y los gastos de la casa.

Vergüenza. Karla recuerda que se preocupaba mucho, quería evitar que su familia se enterara de cómo era su vida.

No quería preocupar a sus padres, pero la situación se salió de control cuando el hombre con quien vivía fue arrestado por robo.

Sin embargo por no ser una "fracasada" en el matrimonio decidió seguir adelante en la relación donde ya tenía tres hijos.

Su esposo regresó luego de permanecer tres años en la cárcel y las agresiones continuaron.

Ahora el calvario de Karla no era solo vivir con el miedo a ser golpeada, también sentía el miedo de que a ella y sus hijos les pasara "algo".

El marido de Karla se había ligado a un grupo de narcos que visitaban, en ocasiones, su casa ubicada en la periferia de la ciudad.

Basta. Había pensado muchas veces abandonar a su esposo, pero tenía miedo de que él la molestara.

"Uno se ciega, se cree lo que te dicen, que nadie te va a querer, ni ayudar".

Pero finalmente luego de ser levantada de la cama a las 03:00 de la madrugada por su esposo para comprar unos cigarros que los vendían a varios kilómetros de su casa, la hizo decidirse.

A la mañana siguiente con una pequeña maleta y sus tres hijos se encaminó a la central de autobuses, no tenía dinero ni idea a donde ir, hasta que una mujer la preguntó hacía donde se dirigía fue que le dijo: "Acabo de dejar a mi marido y no se a donde ir".

Recuerda que la mujer le dijo que en la esquina cerca a la Central estaba el Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar (CAVI) y ahí podrían ayudarla.

Recomendación. Al plantear su situación al personal del CAVI, dice, la recomendación fue internarla en el Refugio para mujeres, fueron tres meses que requirieron ella y sus tres hijos para estar en condiciones de enfrentar la vida con las herramientas que le brindaron.

Si tuviera que aconsejar algo a una mujer que pase por una situación como la mía dice es, que "abran sus ojos".

Twitter: @DBT_Mazatlan

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