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La tarde no fue de Pablo Hermoso en la corrida de Toros de Mazatlán

MAZATLÁN

La tarde no fue de Pablo Hermoso en la corrida de Toros de Mazatlán

La tarde no fue de Pablo Hermoso en la corrida de Toros de Mazatlán

La tarde no fue de Pablo Hermoso en la corrida de Toros de Mazatlán

La tarde no fue de Pablo Hermoso en la corrida de Toros de Mazatlán

Mazatlán, Sinaloa.- Pablo Hermoso de Mendoza no salió en hombros, pero con su toreo lucidor y valiente se echó a la bolsa a esa gente que le vitorea y le quiere.

En la tradicional corrida de Lunes de Carnaval, que llenó la monumental Eduardo Funtanet, el diestro navarro enfrentó a dos astados con trapío... y a un juez imperturbable que, al final, solo le concedió una oreja.

Peor parte se llevó su alternante, el matador tijuanense, Alejandro Amaya, quien, pese a matar a su lote -el primero y tercero, finos, rápidos, atrevidos-, no convenció a la autoridad y debió conformarse con una ovación del público.

Con un "Mazatleco" de 540 kilos, un toro color cárdeno, Amaya abrió plaza, después del tradicional paseíllo. Auxiliado por sus subalternos, mantuvo una muleta mandona, incluso cuando, bien plantado frente al animal, colocó banderillas dobles y dio vuelta y media al ruedo antes de regresar y dar una estocada trasera, caída y corta, sin mucha gracia ni certera.

En su segundo intento, y con el astado moribundo, el fronterizo aplicó par de derechazos de calidad soberbia y, apoyado en la Manoletina, una suerte de arrojo, incrustó la espada y el "Mazatleco" cayó, pero sin la coronación del juez.

Llega Pablo Hermoso. El Alcuate, el anunciador oficial que tanto alboroto causa al mostrar al centro de la plaza un viejo pizarrón, le aventó al rejoneador español a "El Chalavón", de 505 kilos, el segundo de la tarde, primero suyo.

El caballista, seguro del terreno que pisaba y hasta cordial al principio con el toro, mostró su gallardía con las banderillas, pero el problema vino cuando intentó matar con el rejón y se le precipitó al piso. No fue sino hasta el segundo intento cuando pudo pinchar y la cuchilla le reventó el dorso al toro. Todavía en agonía, Hermoso lo persiguió y hubo necesidad de que un subalterno realizara el descabello con una espada filosa en pleno cerebelo. Del juez no recibió nada.

"El Carnavalero", de 550 kilos, no se dejó torear tan fácilmente. Tercero de la corrida, segundo de Amaya, éste no pudo cuajar, pese a que manseó la salida y brindó una exhibición de corte fino con la muleta. Aunque su estocada no fue como la anterior, el acero dio con el objetivo y quebró al astado. Igual, solo palmas.

Cuarto de la tarde. Hermoso, que solicitó el corrido sinaloense para su motivación, pareció entrar más valeroso en su segundo y último. Tras un quiebre con su caballo, que la gente aplaudió, el ídolo clavó con estatura banderillas cortas y largas, pero con un esfuerzo que difícil resultó porque la muerte llegaría hasta el tercer intento ante lo bravío del toro. La oreja fue suya.