Mazatlán

Los Licuados de Coco, negocio que forma parte de la historia de Mazatlán

Lo que comenzó como un restaurante de mariscos se volvió en los Licuados de Coco, un lugar de historia y tradición en la avenida Miguel Alemán.

Por  Carmen Paredes

María Luisa Mayorquín preparando un famoso licuado de coco en el local.(Víctor Hugo Olivas / Debate)

María Luisa Mayorquín preparando un famoso licuado de coco en el local. | Víctor Hugo Olivas / Debate

Sinaloa.- Tradición, buen sabor y amor familiar es como María Luisa Mayorquín describe el legado familiar del negocio Los Licuados de Coco en Mazatlán.

Desde el año de 1954, su padre, Inés Mayorquín,  inició con un restaurante de mariscos y preparaba el famoso licuado de coco. Actualmente, solo venden los licuados, pues la avenida Miguel Alemán ha perdido la afluencia que se tenía en los 90.

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Historia

Inés Mayorquín decidió instalar su negocio, con un solo objetivo, sacar adelante a su familia.
María Luisa recordó que en aquellos tiempos, la economía fluía a lo largo de la avenida Miguel Alemán. Cientos de personas se paseaban por el lugar, además de que los transportistas de carga acudían al negocio para disfrutar los mariscos, y nunca faltaba su licuado de coco.
Al morir el líder del negocio, su hija María Luisa quedó al frente.

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Debido a que la zona céntrica cambió de rumbo, los negocios comenzaron a bajar sus ventas.
Algunos establecimientos que tienen más de 60 años han caído contra nuevas empresas, pues tienen más recursos y se instalan en la nueva zona céntrica.

La competencia va en aumento, cada día es más notable. Incluso, algunos tuvieron que cambiar sus locales con el fin de seguir vendiendo.

Aunque María Luisa pensó en rendirse igual que sus compañeros, no se dejó vencer.
La afluencia de personas se concentraba por las calles Ángel Flores y Aquiles Serdán.
Algunos negocios tuvieron que cerrar sus cortinas debido a la crisis que enfrentaron.

Los pocos que siguen laborando son Los Licuados de Coco, pues el restaurante fue el que dejó de funcionar.

Estilo

María Luisa tiene 40 años y se viste con colores obscuros. Constantemente se lava las manos a raíz de la pandemia.

Durante toda su jornada usa cubrebocas y el gel antibacterial no debe de faltar en su local.
µ El gusto que pasa de generación en generación. Emocionada, María Luisa comentó que tiene fieles clientes.

Además, el gusto por los licuados de coco ha pasado de generación en generación. Hay familias completas que asisten al negocio. Incluso hay personas que regresan con sus nietos.

“Cada vez que alguien llega, sobre todo los adultos mayores que vienen con sus nietos, me comentan que venían cuando estaba mi papá, consumían en el restaurante y por supuesto que se llevaban un licuado de coco. Me llena de orgullo el saber que vamos dejando huella gracias a nuestro negocio.”

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María Mayorquín abre su local todos los días de 10:00 a 15:00 horas. Aunque no cree que sus hijos puedan continuar en el negocio, pues estudiaron y tienen sus trabajos.

Aseguró que seguirá trabajando hasta que deje de existir, pues el negocio es un recuerdo de su padre y siempre permanecerá su esencia.

 
María fue la primera escuinapense en vacunarse contra Covid-19
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